Por Javier Rodríguez Octubre 28, 2016

El ideólogo del discutido concepto de “realismo sin renuncia”, con el que la presidenta Bachelet buscó delinear los objetivos del segundo tiempo de su actual mandato en julio del año pasado para contrarrestar la tesis de la retroexcavadora es, por segundo año consecutivo, sindicado como el tercer hombre que más escucha la presidenta Bachelet, subiendo de un 11% el año pasado, a un 16,4%. Mantiene, eso sí, el primer lugar en la pregunta “a quién debería dejar de escuchar la presidenta”, subiendo de un 10,3 a un 18,5% en 2016.

Los motivos del alza del director de políticas públicas del gabinete presidencial, Pedro Güell, son varias. Conocida es la historia de su ascenso en el segundo piso de la Moneda luego de la salida del gabinete de uno de los más cercanos a Bachelet, Rodrigo Peñailillo. Esto significó una mayor relevancia e influencia de sus asesores de confianza: la jefa de gabinete, Ana Lya Uriarte, y Güell, quien asumió un liderazgo desde las sombras, llamado por varios incluso un “consiglieri” de Bachelet, a la usanza de Tom Hagen en El Padrino.

El “poeta alemán”, como es conocido en Palacio, debido a su semblante serio, distante, pesimista y melancólico, que lo hace ser uno de los preferidos de las mujeres de La Moneda, comenzó trabajando en la elaboración de contenidos para los discursos de la presidenta, además de visar las campañas e instructivos que impulsan los distintos ministerios. Pero el año pasado, durante la licencia médica de Uriarte, fue el mismo Güell quien impulsó explotar los atributos blandos de la presidenta, buscando pautas con vecinos y alcaldes de comunas populares donde Bachelet genera mayor adhesión. Fue un intento por volver al sello de gobierno ciudadano que caracterizó su primera administración.

Porque Bachelet sintoniza con Güell —a quien conoció cuando este le entregó informes de desarrollo humano que él mismo desarrolló en el PNUD, donde presentaba una ciudadanía exigente y crítica del rol de la Concertación—, sobre todo en su diagnóstico sistémico del estado actual de la política chilena. Según ex asesores de gobierno, para Guëll casos como Caval son sintomáticos de una clase política enferma y de un actuar impuro de los políticos. Así se explica, por ejemplo, la falta de autocrítica luego del desastre de la Nueva Mayoría en las últimas elecciones municipales.

Porque hoy Güell es uno de los mayores responsables de las políticas comunicacionales de la presidencia. Y desde ahí ha buscado alejar a la mandataria de las figuras partidistas. Y es su falta de diálogo con los partidos —por falta de redes y porque nunca se ha interesado en operar con ellos— lo que irrita a gran parte de la Nueva Mayoría, con quienes nunca ha logrado sintonía fina. Muestra de eso fue el emplazamiento que hizo la presidenta a los partidos, lo que tiene en la cuerda floja la relación de La Moneda con el conglomerado y, en particular, con la DC.

Pero si hay un detalle que podría explicar el aumento de los “poderosos” que piden que la presidenta lo deje de escuchar es su manejo de las encuestas internas de La Moneda. Desde el año pasado el equipo de encuestas depende de él, dejando de ser una entidad autónoma. De hecho, él mismo ha sido quien ha sembrado la tesis de que las encuestas públicas (CEP, Adimark, Cadem) tienen un sesgo dada la cercanía de sus dueños con el ex presidente Sebastián Piñera. De ahí viene el famoso 15% que la presidenta citó hace un par de semanas con ironía.

“Esas encuestas internas dieron como ganadora a Carolina Tohá en Santiago. La lectura que hizo Güell fue el descontento con la política y que eso provocó la abstención alta. Pero para lo que no estaban preparados era para la derrota política, porque las encuestas no se lo dijeron, le dijeron que los escándalos de corrupción iban a afectar a la política, siendo que a la UDI le fue muy bien”, dice una fuente del entorno.

Güell ayuda a elaborar los contenidos de las vocerías del ministro Marcelo Díaz, con quien ha fortalecido la tesis de que cuando las reformas se concreten, todo el adverso escenario en las encuestas se revertirá en favor del gobierno y la presidenta. Una tesis creada por el sociólogo, avalada en Palacio, pero que cada día pierde consistencia a la luz de los hechos.

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