Por Marisol García Enero 17, 2013

“¡Pero esto es fantástico! Y ahora, ¿qué promoción vamos a hacer?”, preguntó el presidente de Sony Music cuando se enteró, hace sólo un mes, que David Bowie tenía un nuevo disco. “Nada de promoción. Lanzamos el single el 8 de enero, y será todo”, respondió el músico. De nuevo, Bowie entendió algo antes que la mayoría: en tiempos de redes sociales, jactarse de haber podido mantener un secreto sería una noticia en sí mismo. Y así ha sido. El estreno, la semana pasada, de “Where are we now?” (su primera canción en diez años) fue asombroso, en parte, porque hasta un día antes seguían escribiéndose notas del tipo ¿Dónde diablos está David Bowie? Nadie podía siquiera imaginar que el músico de 66 años llevaba dos años trabajando en un nuevo álbum, secundado por un grupo de colaboradores reducido y leal, que incluyó a su productor de más estrecha ligazón (éste será el duodécimo disco junto a Tony Visconti), tres músicos de sesión obligados por contrato a mantener la boca cerrada, y una oficina de representación que hoy tiene apenas un empleado. Y las muchas claves de la letra y el video (Berlín, la juventud, el inicio de la película de su hijo), el canto sombrío y la profundidad de “Where are we now?” sólo han reforzado el recio carácter de una canción incomparable a las que cacarean por acaparar espacios. Dar más dando menos: es el viejo tejemaneje de la seducción.

“The next day”, de David Bowie. A la venta desde el 12 de marzo de 2013. www.davidbowie.com/the-next-day

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