Por Felipe Gálvez. Julio 18, 2016

Se respiran aires de cambios en la NBA, el campeonato de básquetbol más importante del mundo. La liga viene de una temporada que dejó con un gusto dulce y agraz a sus organizadores, con un alcance mundial y ingresos económicos que siguen en aumento, pero con la irrupción de un estilo de juego que no tiene muy conformes a los más conservadores.

Golden State Warriors perdió la final en junio pasado, pero eso no le restó méritos a la revolución que implantaron con una forma de ganar los partidos que tiene mucho más que ver con el espectáculo del entretiempo, ese donde los hinchas intentan lanzamientos al aro desde mitad de cancha, y mucho menos con los verdaderos fundamentos del juego, los que dictan que al hacer un lanzamiento hay que plantar bien los pies en el suelo, realizar un salto vertical y alinear los codos en la dirección correcta. Los Warriors se saltan la regla aposta ndo a que sus dos estrellas, Stephen Curry y Klay Thompson tienen el talento suficiente para embocar la mitad de sus tiros aunque muchos de ellos parezcan ridículamente imposibles. Al final del día, si la pelota entra en el cesto, los tres puntos valen igual. No por nada el estilo disruptor que han impuesto batió todos los récords, incluido el de más partidos ganados en una temporada, que desde 1996 ostentaban los Chicago Bulls de Michael Jordan, quizás uno de los mejores equipos de todos los tiempos.

Hoy la liga enfrenta un escenario nuevo, donde seguramente serán varios los equipos que empiecen a valorar el triple tanto como lo hacen los Warriors. Cada vez son más las voces que se suman a la idea de desplazar unos metros la línea de triples - hoy en siete metros-, para aumentar la dificultad de esos tiros. El legendario Phil Jackson (ganador de anillos con los Bulls de Jordan y los Lakers de Kobe Bryant, y hoy presidente de New York Knicks), propuso agregar una línea de cuádruples a la altura de los 10 metros, reconociendo que los tiros de distancia son los que dominan el juego.

Pero más allá de la discusión de estas propuestas, lo ocurrido en las últimas semanas ha dado cuenta de un cambio en las reglas en lo que a conformación de los equipos se refiere. La NBA siempre ha tratado de impedir la disparidad competitiva, con estrictos reglamentos que fijan límites salariales a los equipos, con fuertes multas a quienes sobrepasen dicha barrera (impuesto al lujo) y con un sistema de reclutamiento de nuevos talentos (el Draft) que busca beneficiar a los equipos con peor registro de la competencia.

Sin embargo, eso no evitó que el pasado 4 de julio Kevin Durant, uno de los mejores jugadores del momento junto a Curry y Lebron James, eligiera a Golden State como su nuevo equipo. Fue una movida donde llovieron las críticas. Durante las últimas nueve temporadas, Durant se convirtió en el gran valuarte de Oklahoma City Thunder, aunque nunca pudo lucir en sus dedos el anillo de campeón. La vez que estuvo más cerca, cayó en las finales ante el Miami Heat de James. Y este año estuvo a un partido de jugar la revancha, pero Curry se encargó de impedirlo. Muchos ven en la decisión de “KD” un reconocimiento a que nunca podrá alzar el título si no lo hace junto a otros que ya lo lograron antes.

Por si fuera poco, nuevamente son los Warriors los que protagonizan el remezón a la liga. Quién lo diría de un equipo que seis años atrás era uno más del montón pero que hoy, tras una potente inversión proveniente del mundo de las startups de Silicon Valley, es la niña linda de la fiesta. Y así como todos quisieran bailar con ella, parece ser que todos los jugadores sueñan con vestir su camiseta.

La decisión de Durant, aunque menos farandulera, hizo recordar la de James el año 2010, cuando tuvo en vilo a todo el país para anunciar, a través de un programa de TV que precisamente se bautizó como “La decisión”, que dejaba su ciudad natal para buscar en Miami lo que en Cleveland no encontraba: el anillo de campeón. Tal como en aquella ocasión hizo el Heat, ahora el equipo que ha formado Golden State es sacado de una revista de súper héroes: A los tripleros Curry y Thompson y al segundo mejor defensivo de la liga, Draymond Green, se suma ahora un Durant que a sus 27 años promedia 28 puntos, encesta el 38% de sus triples, baja 8 rebotes y otorga 5 asistencias por partido.

Las críticas no tardaron: El comisionado de la NBA, Adam Silver, cuyo cargo es el más alto a nivel ejecutivo en la liga, opinó abiertamente que la llegada de Durant a Golden State no es buena. La asociación de básquetbol norteamericano ha trabajado duro por evitar la disparidad entre los equipos y ahora ve como el súper equipo en que se transformaron los Warriors apunta en el sentido completamente opuesto. Los hinchas no opinaron distinto: Según una encuesta de ESPN un 46% cree que debió quedarse en Oklahoma y un 16% que debió ir a otro equipo.

Lo que posibilitó esta situación es el nuevo contrato por los derechos de televisión de la liga que triplicó el aporte de las cadenas que transmiten (ESPN, ABC y Turner), pasando de US $900 millones a $2.666 millones al año, durante las próximas nueve temporadas. Eso elevó el techo de gasto que se les permite a los equipos hasta los US $94 millones, lo que le dio luz verde a los Warriors para pagar US $54 millones a Durant por dos años de contrato. Con ese salario, “KD” quedó muy cerca de la barrera de US $30 millones anuales que solo Jordan y Kobe Bryant alguna vez pasaron.

Sin embargo, la situación parece ser aún más profunda. En la negociación colectiva de 2011 entre los dueños de los equipos y la asociación de jugadores, y que derivó luego en una huelga que retrasó el comienzo de esa temporada, se acordó bajar el reparto de ingresos por utilidades para los basquetbolistas, en términos colectivos, a cambio de que estos pudieran preservar las oportunidades individuales. Eso derivó en contratos más cortos, lo que a su vez implica que al cabo de unos años, estos puedan negociar como “agentes libres”, como hizo Durant. Es más. Hay quienes aseguran que este súper equipo no durará más de una o dos temporadas. Curry, quien gana la mitad de lo que ganará Durant, será agente libre el próximo verano y bien podría cambiar de aires si su equipo no tiene cómo pagarle un salario que debería estar a la misma altura que el de “KD”. Y eso sin pasarse del famoso límite salarial.

Como sea, hoy la liga enfrenta una realidad polarizada. Por un lado Cleveland Cavaliers, el actual campeón, es el equipo más potente de la costa Este del país. Al otro lado, Golden State Warriors, que ya era el equipo más fuerte del Oeste, hoy amenaza con ser el más fuerte de toda la liga, y además ve cómo sus rivales más cercanos pierden potencia: Oklahoma City acaba de ver partir a Durant, y San Antonio Spurs le dijo adiós a uno de los tres emblemas que le quedaban: Tim Duncan anunció su retiro.

El fin de una era

Se le conoció desde un comienzo como una de las dos “Torres Gemelas” del Oeste, conformando una de las duplas más temibles bajo el aro junto al “Almirante” David Robinson. Fue elegido como número 1 del Draft 1997 y luego fue “rookie” de ese año - cuando LeBron James tenía solo 12 años y Curry, 9- y en 19 temporadas en la NBA nunca vistió una camiseta distinta a la de San Antonio Spurs. Ganó cinco anillos de campeón, tres veces fue elegido el jugador más valioso de las finales, participó 15 veces en el equipo All Star y fue elegido en 2003 como el basquetbolista del año.

Pero esos son solo números y a Timothy Theodore Duncan nunca le importaron demasiado. O al menos nunca dio muestras de esa grandilocuencia que tanto exhiben hoy las estrellas de la NBA. Duncan prefirió siempre el perfil más bajo, el del muchacho quieto que toca el cielo cinco veces pero no se vanagloria de aquello. Y así como lo logró, hoy se retira, sin grandes anuncios ni una gira de despedida. Todo lo opuesto a Kobe Bryant, si se quiere hacer el paralelo. Sin embargo, aquello le permitió también ganar otro gran reconocimiento, el respeto de sus rivales. Desde el mismo Bryant hasta el super estrella Curry, fueron cientos los mensajes de elogio para quien fuera denominado como “El señor fundamental”, por su estilo apegado al máximo al juego tradicional.

Es el último de los grandes que dice adiós, quebrando el trío histórico que armó con Tony Parker y Manu Ginóbili y que convirtió a los Spurs en una dinastía. No son pocos los que se quedaron con las ganas de ver a Duncan haciendo dupla con Pau Gasol, quien llega a San Antonio desde Chicago con la difícil misión de llenar un gran vacío. Mismo vacío que siente la liga y que en octubre, cuando comience la nueva temporada, veremos si empieza a taparse o a agrandarse. Todo depende de cómo le vaya a los Súper Warriors y de cuán enormes sean las diferencias que marquen con sus rivales.

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