Por Danilo Díaz Octubre 18, 2012

Chile está fuera de la Copa del Mundo. En marzo se reanudan las eliminatorias y  habrá que afrontar los siete partidos restantes en la ruta Brasil 2014 con una presión brutal. Un dato concluyente, pero que encierra el riesgo de quedarse al margen del Mundial, que por formato es el más asequible desde 1950.

El grupo de futbolistas que hoy defienden la camiseta de la selección nacional tienen un nivel de competencia y ritmo internacional que sus predecesores no tuvieron. Chile tiene protagonistas en grandes clubes mundiales, pero no logra transformarse en un equipo.

¿Qué sucedió? Ante todo hubo una pérdida de jerarquía del proceso. Los episodios de indisciplina fuera y dentro de la cancha marcaron el ciclo de Claudio Borghi. Se sumaron situaciones lamentables, como el amistoso frente a Ghana en Estados Unidos o la logística del duelo ante Ecuador en Nueva York (que se jugó en una cancha de béisbol y sin el mínimo descanso antes de un duelo internacional). 

Las citaciones comenzaron a mirar primero  la conveniencia de los clubes extranjeros. El cuerpo técnico, en su afán de evitar conflictos y caer bien en todos lados, mostrándose flexible y razonable, cometió un error.  Se perdió tiempo invaluable para alcanzar el funcionamiento que exige la alta competencia. Chile dispone de Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Gary Medel, Mauricio Isla o Matías Fernández, pero los rivales también cuentan  con valores desequilibrantes. Es ahí donde viene la mano del entrenador para generar el funcionamiento que hoy se extraña.

Pero el problema es mayor. La feble estructura del actual directorio de la ANFP tambalea al observar el remezón de la cancha. El grupo que hoy comanda Sergio Jadue llegó de rebote, luego del desangramiento de la elección, 2010, y no tiene un proyecto que supere la contingencia. Todos los huevos de la canasta se pusieron en la elección, y ante ese riesgo el futuro se complica, tomando en cuenta que la mayoría de los asociados viven al tres y al cuatro, a pesar de los dineros del CDF.

Jadue está en la testera, pero Jorge Segovia, uno de los vicepresidentes y hombre fuerte, casi no se asoma por Quilín. Nibaldo Jaque, el secretario general, ejerce contrapeso. Con años en el fútbol, sabe que en esta actividad las decisiones se deben tomar antes de que sea tarde.  Cristián Varela es otro de los vicepresidentes, y se resiste a abandonar los cargos directivos, a pesar de su claro conflicto de interés como  uno de los propietarios de Chilefilms, principal prestador de servicio del CDF. Incluso aceptó ser presidente de comité organizador local del Mundial sub 17 de 2015, aunque el nuevo código de ética de la FIFA lo prohíbe. Aún no asume, pero cuando lo haga seguro que llegará la llamada desde Zúrich. Varela debe elegir en qué lugar del mostrador funcionará, pero no puede estar en los dos.

Los hechos demuestran que hay un retroceso evidente. Jadue se encontró viviendo un cuento de hadas al asumir en Quilín y cometió el mayor pecado de un dirigente: no separar aguas con el cuerpo técnico y los jugadores. Se “hizo” amigo y no marcó la distancia que debe existir en cualquier organización de trabajo.

Mientras duró el proceso de Marcelo Bielsa, el rosarino nunca salió a comer o tuvo una reunión social con Harold Mayne - Nicholls. Existía respeto y el reconocimiento claro de que uno era empleado y el otro empleador. Cada cual en su rol. Ahora, cuando Chile pierde 2-1 con Argentina, Jadue escucha a los jugadores como un par y no como el presidente de la Federación de Fútbol.

Resulta inaceptable que los seleccionados soliciten a la dirigencia que no se cambie o ni siquiera se piense en un nuevo cuerpo técnico. Tal como hoy piden que no se mueva al entrenador, mañana exigirán que se vaya. La frontera es débil. El principio de autoridad es fundamental y éste se extravió. La declaración en “La Tercera” del jueves, donde se menciona que los futbolistas plantean “que ahora se van a tomar en serio el proceso” ahorra cualquier comentario.

Chile mejoró ante Argentina, pero no le alcanzó. Media hora de buen nivel, con presión y desborde por las bandas, pero frágil en el fondo y en el finiquito. Un 2-0 en contra que liquidó pronto las aspiraciones de un grupo que ofreció vergüenza deportiva, consciente de que los miraba el mundo, pero sin sustento para una lucha de fondo.  Messi y su pandilla pudieron golearnos y Alejandro Sabella cerró el partido en el minuto 60. Si alguien no quiere verlo se está engañando.

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