Por Marcelo Mena Marzo 7, 2013

Hace un año se aprobó una ley de net metering que tenía por objeto permitir la generación de energía renovable a pequeña escala (menos de 100kW). O sea, doméstica. Durante el año se debió publicar el reglamento, pero todavía está en Contraloría. El net metering permite que un particular inyecte energía a la red, y que la distribuidora le “compre” la energía al mismo precio que ese particular paga. Al final de mes, si generó más energía de la que consumió, se le permite guardarla para el próximo (un rollover), o bien le pagan por ese exceso.  El net billing es similar, pero se diferencian en los precios que paga al consumir energía, con el que le pagan por inyectarla a  la red. Cuando le pagan más por lo que inyecta que por lo que retira, se llama feed-in-tariff.

El 2001, Alemania estableció su programa de feed-in-tariffs, pagando el equivalente a casi 300 pesos por kWh inyectado a red, un valor que duró hasta el año 2012. El resultado: hoy el 51% de la energía renovable en Alemania proviene de pequeños generadores. Este impulso ayudó a bajar los costos de instalación, a crear empleos y a tener un sistema de generación resiliente. Ya maduro, el mercado está en torno a los 100 pesos/kwh, lo que pagamos hoy típicamente en nuestras casas.

La ley de net metering en Chile tenía establecido que la distribuidora comprara al particular al mismo precio que paga a las generadoras, es decir un 40% menos de lo que nos cobran a los consumidores.

En resumen, es una ley que permite que la generación doméstica sea rentable. De hecho, no sería necesario instalar medidores nuevos. Sin embargo, el reglamento define la inyección a la red como inyección instantánea, no sumada a lo largo del día. Eso obliga a instalar medidores nuevos, y además vuelve no rentable la generación solar residencial.

Veámoslo con el ejemplo de un sistema de generación de una casa: no tiene mucha actividad durante el día y no consume la energía solar generada, por lo que se inyecta. Así, la mayoría de la energía que genera es pagada a 60% de lo que pagamos.

Pero la ley de net metering no es tal. Es una ley de net billing. O derechamente de net bullying. Un matonaje que le hace zancadillas a quienes  quieren aportar energía limpia y renovable, sin conflictos ni protestas.

Corregir esto no demorará. Es sólo un contratiempo innecesario. En mi casa, el año pasado instalé un sistema solar fotovoltaico de 1.4kW, y al cabo de un año he generado 2000kWh, un 95% de la energía que consumí. En la UNAB instalamos 18kW y generamos lo que consumen 15 casas, todos los días. Estos sistemas hoy cuestan menos de la mitad. 

En Chile el costo de energía residencial está en torno del 1.8 a 2.5 USD/W instalado. O sea, si tuviéramos una auténtica ley de net metering, un hogar en Santiago recuperaría la inversión en 6 años. Y uno en Calama, en 4. Con 1 millón de pesos un hogar del norte puede autoabastecerse de energía por los próximos 20 años.

La energía solar ya le ganó la batalla a la energía fósil.  Walmart Chile, por ejemplo, está licitando 30% de su energía para fuentes renovables, y se espera un gran aporte solar de paneles instalados en los techos de los supermercados. A escala de generadoras, se espera que las licitaciones futuras sean más baratas que la energía sucia que nadie quiere cerca de sus casas.

Es cosa de que el Estado se haga a un lado, y que deje que el mercado de generación residencial funcione sin trabas, para aportar a los desafíos energéticos. Que abra la puerta a una revolución solar, para que  personas naturales y empresas puedan invertir en sus techos, con retornos más altos que cualquier fondo de inversiones. Y de pasada, resolver nuestra crisis energética.

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