Por Yenny Cáceres. Junio 9, 2016

Fue el peor regalo de cumpleaños imaginado para el MAC. Justo cuando se preparaban para comenzar las celebraciones por los 70 años del Museo de Arte Contemporáneo, el 21 de mayo pasado la presidenta Bachelet anunció la creación del Centro Nacional de Arte Contemporáneo. Una noticia que coincide con la próxima salida del director del MAC, Francisco Brugnoli (80), quien se apresta a dejar la dirección de la institución el próximo año.
Tras 16 años en el cargo, Brugnoli ha demostrado ser —además de un respetado artista visual y académico— un incansable gestor. Ese mismo espíritu inquieto hoy lo tiene preparando varias muestras para celebrar los 70 años del recinto, creado por la Universidad de Chile en 1946, y que abrió sus puertas un año después, en 1947. Para este año también se espera una importante exposición dedicada a Le Corbusier y el lanzamiento del programa Amigos del MAC, que busca reunir un exclusivo grupo de 100 mecenas que —con una cuota anual de 25 UF— ayuden a incrementar el exiguo presupuesto del recinto.
Brugnoli no descansa. Pero tampoco ha ocultado su molestia por el anuncio de este Centro de Arte Contemporáneo. Especialmente porque ni el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, ni el asesor de políticas de Artes Visuales, el artista Camilo Yáñez, le comentaron sobre este nuevo proyecto, que estará instalado en el ex aeropuerto de Cerrillos y que será el punto de partida para la creación de una nueva política de artes visuales. Para su apertura, prevista para fines de este año, el Consejo de la Cultura tendrá que invertir cerca de $450 millones. Más del doble del presupuesto anual del MAC.
—¿Cómo se enteró del proyecto?
—Me enteré escuchando el discurso de la presidenta el 21 de mayo, mientras celebraba algunas cosas. Para un museo universitario la reforma educacional es una cuestión importantísima. Porque el acceso gratis a los museos no tiene ninguna importancia si no se hace una reforma educacional. Y viene esta noticia de Cerrillos, que me asombra, porque crear un museo de arte contemporáneo en una ciudad en que ya existe un museo de arte contemporáneo es un problema.
—Pero el proyecto no habla de museo, se dice que es un Centro Nacional de Arte Contemporáneo, un laboratorio que tendría distintas áreas.
—Son dos centros dedicados al arte contemporáneo, no sólo en la misma ciudad, sino que ambos son estatales. Porque la universidad es la universidad del Estado. Se anuncia esto como un centro cultural, pero cuando lees la definición de actividades es un museo. Y corresponde exactamente a las actividades que hemos definido como propias: un centro de experimentación, donde involucramos artistas muy jóvenes, una unidad de educación que ha creado vinculaciones con barrios, tenemos visitas guiadas en aulas que están en Punta Arenas, en Antofagasta, vinculación de profesores chilenos con profesores en Montevideo, todo esto por streaming. Y esto en razón de ser un espacio universitario. Aquí se desarrollan nuevos campos de investigación.
—¿Entonces usted dice que lo que hace el MAC es lo mismo que se está proponiendo hacer en Cerrillos?
—En buenas cuentas, sí.
—¿Y cómo se entiende que el Ministerio de Cultura promueva este proyecto?
—Eso es lo que yo no entiendo, y te voy a decir que lo que entiendo no me gusta. La Universidad de Chile es la primera creadora de institucionalidad cultural en el país. Y con esto no estoy hablando de los años 40, estoy hablando de cuando se crea la Academia de Bellas Artes, en 1849. En los años 30, 40, viene el gran despliegue cultural del país y lo hace la universidad. Significa la creación del Museo de Arte Popular, del Museo de Arte Contemporáneo, la Orquesta Sinfónica, el ballet, el teatro, la cineteca. O sea, el equipamiento cultura de este país lo hace la universidad.
La universidad va alcanzando un gran desarrollo en estas actividades de extensión hasta el año 73, es sabido que hay un afán de desmantelar a la Universidad de Chile, se la desfinancia. Todo eso va implicando un daño progresivo de la universidad. Lo grave es que hoy en día nada se hace para que el Estado recupere su universidad.
—¿Esta decisión es desconocer lo que ha hecho la Universidad de Chile en términos culturales?
—Es desconocer eso y darnos un golpe más en su demolición. Este proyecto es un golpe a la Universidad de Chile.
—El ministro de Cultura trabajó en la Universidad de Chile, justamente a cargo de los cuerpos estables, orquesta y ballet, en el CEAC…
—Y es egresado de la Escuela de Teatro. Yo no lo entiendo. Aquí hay muchas cosas que no se entienden. Parece que cuando uno es viejo se le cierra la mollera, y hay cosas que suceden en mi país y uno dice, ¿qué pasa? Y al asumir el ministro hizo muchas declaraciones de su vinculación con la universidad.
Porque si a mí me dicen que se va a instalar un museo de arte contemporáneo en Rancagua, yo aplaudo inmediatamente. Allí se está creando una nueva universidad, hay una masa crítica poblacional importante de profesionales, es una ciudad que crece. Si a mí me dicen que es en Antofagasta, que es una ciudad grande, donde está todo el desarrollo astronómico, lo entiendo. Hay lugares en provincia donde sería muy bueno tener un centro de esta naturaleza, pero en Santiago ya lo tenemos, y este museo además tiene dos sedes. Ahí hay algo raro.
—Una de sus luchas ha sido intentar sacar al MAC del Parque Forestal. ¿Siente este anuncio como una derrota personal?
—Eso es una frustración. Tengo dos frustraciones ahora que me estoy acercando a la puerta del museo. No haberle podido dar una base sustentable en lo económico. Nuestro presupuesto entregado por la universidad es demasiado bajo. Son $200 millones al año. No hay ningún museo o centro cultural que subsista con eso. Tenemos que rebuscarla por todas partes. Es un trabajo enorme y agotador.
Lo segundo es no haber logrado convencer al Estado, al gobierno, de la necesidad para Santiago de un gran museo de arte contemporáneo. El edificio en que estamos en el Parque Forestal, integrados los dos edificios, el Bellas Artes y el nuestro, se hizo cuando Santiago no tenía 500 mil habitantes. Y ahora somos siete millones y medio. El edificio se hizo para el centenario. Han pasado cien años y Santiago no ha sido capaz de tener otro edificio emblemático de esa naturaleza para celebrar sus 200 años. Es decir, ¿el Costanera Center sería el edificio emblemático del bicentenario?
—¿Es verdad que usted había desarrollado un proyecto para el traslado del MAC a este espacio en Cerrillos?
—No, ese lugar, en el proyecto del Minvu para Cerrillos, era un centro cívico. Ahí tendría que estar el edificio de la Municipalidad de Cerrillos, habría un edificio de Carabineros, y habría unas oficinas del Minvu mientras desarrolla el proyecto habitacional programado ahí. Todo esto lo proyectó Humberto Eliash, arquitecto de la Facultad de Arquitectura de la U. de Chile. Y uno de los edificios de ese centro cívico él lo destinó al MAC.
—¿Es el mismo edificio donde ahora se está proyectando este Centro de Arte Contemporáneo?
—Es el mismo edificio. Fuimos a pedir el apoyo al rector, hace más de un año, la rectoría no tenía fondos, los arquitectos me preguntaron varias ideas para la programación del edificio, y eso se fue postergando, y de pronto aparece esta noticia. La idea es que iba a ser una sede del MAC, teníamos proyectado tener ahí un centro de la imagen mediatizada tecnológicamente, que iba desde la fotografía al cine. Lo que ahí se exhibiría sería nuestra colección de videos, de fotografías, de cine, quizá enriquecida con otros lugares de la universidad, como la cineteca.
—¿Pero esto se conversó sólo a nivel de la universidad?
—Se conversó sólo a nivel de la universidad.
—¿Y qué le parece que ahora en este mismo espacio se proyecte un Centro de Arte Contemporáneo?
—Me asombra un poco. Por una parte, me alegro que se creen espacios culturales, y por otro lado me duele que nosotros no hayamos sido capaces de tener eso o que no se nos hubiera pedido de alguna manera acompañar el proyecto, porque siempre hemos sido sumamente abiertos a colaborar con cualquier institución cultural en el país. Hemos hecho todos los esfuerzos posibles, hemos viajado con la colección. Tenemos una colección de arte contemporáneo realmente extraordinaria, con un patrimonio de más de tres mil obras.

DESDE LAS RUINAS
Brugnoli llegó a un MAC casi en ruinas, en 1998. Durante su gestión logró levantar recursos para restaurar el edificio del Parque Forestal e instaló otra sede de la institución en Quinta Normal, en el mismo eje cultural que en la calle Matucana reúne al Museo de la Memoria, el Centro Cultural Matucana 100, el Museo de Historia Natural y la Biblioteca de Santiago.
“Creo que logré ventilar la casa, creo que dejo una institución muy distinta a cómo la recibí”, dice.
—¿Por qué se quedó tanto tiempo en la dirección del museo? También se ha cuestionado eso.
—No sabía que había sido tan cuestionado. Fue para realizar un proyecto. Primero había que salvar el edificio, había que ganarse de nuevo el aprecio del museo por el público. Este país había estado boicoteado, tanto por la dictadura como por los intelectuales internacionales. Había que abrir las ventanas, las puertas, había que volver a generar grandes muestras internacionales. Y ahí tuvimos suerte de hacer muestras inéditas para Chile: Yoko Ono, Fluxus, la Transvanguardia italiana, las bienales de São Paulo, Beuys, Duchamp. Ahora estamos preparando una muestra sobre el futurismo y el dadá. ¿Cuándo se había hecho una muestra del pop en Chile?
—Usted hizo varias gestiones para conseguir recursos y arreglar el edificio del Parque Forestal, donde finalmente recibió el apoyo del presidente Lagos.
—Fueron seis años de gestiones. Ahí tuvimos un apoyo de prensa muy importante.
—¿Por qué cree que en ese entonces lograron ese apoyo del Estado y ahora eso no ocurre?
—Fue una señal del Estado que nunca más se ha vuelto a repetir. Yo no sé si entendemos mal las urgencias, y las urgencias culturales pasan a segundo plano, o viene una cosa que yo encuentro sumamente peligrosa, que es la creación de organismos culturales dependientes de gobiernos, cuando nuestro país tiene un régimen presidencial de cuatro años. ¿Qué política cultural puede implementar un gobierno en cuatro años? Y, además, el peligro de esto es que en cuatro años tiene que ser muy vistoso para que quede huella. Me parece más lógico dejar esta tarea en organismos estatales, pero autónomos, como la universidad. A mí me asusta incluso la idea de un Ministerio de Cultura.
—¿Por qué?
—Por la misma razón, yo abogué hace años atrás, en una reunión en el Congreso, por la creación del Consejo de la Cultura, daba el ejemplo del British Council. Ahora creo que el Consejo no quedó bien conformado y eso permitió que se desperfilara un poco. Sigo creyendo que la cultura es una cosa sumamente delicada como para que esté sometida a vaivenes cada cuatro años.
—Una de las críticas al proyecto de Cerrillos es que se invierten recursos en un nuevo espacio en vez de apoyar a los museos que ya existen.
—Yo también lo he dicho. Al lado del MAC Quinta Normal, está el museo que tiene más público en Chile, el Museo de Historia Natural. ¿Has entrado a verlo últimamente? Es de una tristeza… El día domingo son colas enormes. Yo quiero abrir una puerta para allá, para que vengan. La sede de Quinta Normal es un magnífico edificio que tenemos habilitado en un 40%. Lo que significa un sacrificio, no de nuestro ejercicio, es un sacrificio de acceso cultural. A quien se está perjudicando es a la población chilena.
—¿Cómo evalúa la apertura de la puerta que une al MAC y el Bellas Artes?
—Estupendo, para nosotros ha sido recuperar la historia. Ha sido un éxito. El público creció. Ha aumentado la gente que entra a nuestro museo, y que después pasa para al Bellas Artes. Un incremento más desde la puerta del parque, que desde la puerta del Bellas Artes. Eso es muy raro, yo creí que iba a ser todo lo contrario.
—Con la apertura de la puerta del museo hacia el Bellas Artes, el MAC empezó a recibir una asignación de la Dibam, ¿por qué?
—Fue una gestión que hicimos. Porque aparece esta idea de los museos estatales gratuitos, y nosotros dijimos “¿qué somos nosotros?”. Y dijimos “si estamos mal económicamente, con esto nos liquidan”, porque la gente no va a venir donde nosotros si tiene que pagar y al lado, en el Bellas Artes, no. Ahí se comenzó a estudiar el tema de la apertura de puertas y la compensación de la taquilla. Nosotros recibimos por parte de la Dibam una compensación que son $17 millones al año.
—El MAC no es un museo privado, ¿pero para ciertas cosas se lo ve como si fuera privado?
—Parece ser que el Estado lo ve así, pero el público no. Porque el público empezó a reclamar porque cobrábamos.
—¿Y cómo revertir esta paradoja del MAC, de que algunos no lo ven como un espacio estatal?
—Hoy día hay que moverse, tenemos que demostrar que la universidad es necesaria. Esto no va a llegar gratis. Esto es lo que he tratado de demostrar con el museo, que el museo es necesario, por eso puedo hacer las cosas que hago pese a no tener recursos. Gracias a eso gano proyectos. Hemos demostrado que el museo es necesario, pero no lo suficiente. Porque el Estado sigue mirando al MAC como cosa rara, se acaba de demostrar con lo de Cerrillos. Tenemos la expertise, tenemos conocimiento y prácticas que deben ser aprovechadas mayormente.

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