Por Marisol García Febrero 19, 2014

© Jorge Sánchez

El año pasado Álvaro Henríquez lo llamó para sumarse a la celebración por los veinte años del primer álbum de Los Tres. “Me encontré con un Álvaro cariñoso, ha sido agradable volver a tocar con ellos. Más allá de mis idas y venidas en nuestra relación, me he dado cuenta que soy un tipo muy poco rencoroso”, dice Cuti Aste.

Para el programa “Pasos de cumbia”, el  músico viajó durante 2012 por Nigeria, Camerún, Colombia, México, Perú, Argentina y Chile.

“Ando más ocupado que músico”, solía decirse en tiempos en que los locales nocturnos incluían orquestas en vivo con instrumentistas exigidos en dos y en algunos casos hasta tres espectáculos por noche. A Guillermo Cuti Aste (Concepción, 1965) la antigua máxima puede aplicársele en presente. Su agenda de los últimos seis meses ha incluido presentaciones como invitado de Los Tres y en el Festival de Olmué junto a Javiera y Los Imposibles, dictar una charla sobre los orígenes de la cumbia en el Festival Puerto de Ideas y la preparación del regreso -en vivo y en disco- de otra de sus muchas bandas: Los Mismos.

Nada en esa lista lo tuvo, sin embargo, más entusiasmado que la presentación de su disco propio, el 10 de enero en el GAM. Ven a ver sonó entonces por primera vez en vivo, con Aste al frente de un contingente de doce instrumentos y voces. La multitarea es parte del hábito y hasta la identidad de Cuti Aste en la música chilena, pero lo de componer, arreglar, grabar y mostrar en vivo sus propias canciones sí que constituye una novedad, y hasta un riesgo. En 2009 debutó como solista con Estatuas de sal, en una correa transportadora de más y más encargos. Teniendo tanto que hacer, ¿para qué sumarse trabajo?

“La vida es tan corta”, recuerda Aste como explicación básica. “Y aunque sé que a estas alturas no voy a ser un artista revelación, y que no tengo una gran voz para destacar como cantante, hice este disco por una inquietud emotiva. He ido avanzando en esto de tener varios grupos y proyectos en simultáneo, en parte por la cosa económica, en parte porque creo que me adapto bien a requerimientos diversos. Creo que he compensado mis carencias técnicas en la convicción de que en el pop y en el teatro basta con hacer cosas muy sencillas para lograr lo que te propones. Me resulta más fácil componer para que otros toquen, y eso fue lo que hice para el lanzamiento de mi disco”.

En efecto, más que en el canto o en la ejecución, a Ven a ver parecen definirlo sus arreglos. En temas como “Sólo por eso” y “Silencios azules”, éstos se escapan por introducciones largas y espesas, como las del rock progresivo; se vuelven épicos y acaso angustiantes en “Sin ti”, y al final aterrizan en “Corriendo” o “Me llevarás” sobre un pop de timbres finos y contemporáneo.

“Quería no parecerme a nada. Traté de navegar al medio por muchas cosas”, dice Aste sobre un disco que en un par de canciones (“Ven a ver”, “Paren de mentir”) se aplica en lo que parece ser la rabia de un ciudadano observador y hastiado con el abuso circundante.

-¿Crees que el oficio enriquece lo que ahora, a los 48 años, puedes trabajar en un disco solista?
-No lo sé. La otra vez encontré un casete con grabaciones de Los Presidiarios, el primer grupo que tuve en Concepción, y me di cuenta de que las letras y las melodías son casi iguales a las que hago ahora, aunque de esas maquetas me separan años de estudio en la Universidad de Chile y décadas de trabajo. Al final -se ríe-, hago las mismas canciones que hacía cuando no sabía nada.

PASOS DE CUMBIA

Cualquiera que lo ha tenido al frente sabe que Cuti Aste es lo que se suele llamar una persona  con facilidad de palabra. Sus anécdotas son relatos vívidos, y sus opiniones, argumentos elaborados sobre asuntos diversos, desde abusos del sistema bancario al litigio fronterizo entre Chile y Perú. Debiese, por eso, destacar como el conductor idóneo para Pasos de cumbia, un programa escrito y dirigido por Vincenzo Cavallo que se estrenará en mayo en UCV (y más tarde en la televisión colombiana), y para cuya realización el músico viajó junto al equipo de producción entre septiembre y diciembre de 2012 por Nigeria, Camerún, Colombia, México, Perú, Argentina y Chile.

 “Entrevistamos a unos cien artistas. Creo que el programa mostrará cómo puede tomarse en serio un género que acá suele verse muy livianamente, quizás porque tenemos a la cumbia muy cerca: la cantamos, todos hemos hecho alguna vez el trencito. Pero detrás suyo hay una historia de siglos. Recién en África entendí mejor el fenómeno de la esclavitud. Eran hombres y mujeres que llegaron a América en las peores condiciones, sin idioma en el que comunicarse ni nada en sus manos, pero con conocimiento en sus mentes”.

-La impresión que da la vivísima escena musical en Colombia es que muchos músicos jóvenes han recuperado la cumbia para combinarla con otros estilos.
-Hoy la cumbia sí es muy fuerte, pero fuera de Colombia. Soy coleccionista de vinilos, y cuando llegué allá a comprar me dijeron que lo mejor se había ido ya con ingleses y holandeses. Y ahora hay mucho interés también en Oriente, tal como antes lo hubo con la salsa. La impresión que nos llevamos en Colombia fue inesperada: allí hay más vallenato que cumbia. Los propios colombianos no aprecian lo que han tenido con la cumbia. El vallenato es supercomercial y tiene letras más telenovelescas, y eso tiene mucho enganche popular.

 -¿Qué familiaridad tenías con interpretar cumbia?
-He descubierto algunas cosas en retrospectiva. Por ejemplo, la música que hicimos para Popol Vuh (obra  del Gran Circo Teatro) tenía una mezcla de muchos ritmos latinoamericanos; entre ellos cumbia, por supuesto. Pero creo que mi principal antecedente estuvo en Doce Monos -dice sobre el conjunto de música instrumental que lo asoció a músicos como el trompetista Cristián Cuturrufo, el trombonista Parquímetro Briceño, el contrabajista Titae Lindl y Camilo Salinas-, que fue la primera banda no tradicional que hizo cumbia en Chile. Siento que ese grupo encendió la chispa de “hey, la juventud también puede tocar música tropical, es entretenido, no es rasca”. Antes de Juana Fe y de Chico Trujillo estaba esa cosa de “si eris rockero no podís ser tropical”, pero eso es algo que ya se había superado en otros países. De hecho, una de las cosas que aprendí conociendo grupos de cumbia en Latinoamérica es que todos los conjuntos a los que les ha ido bien provienen de otros géneros. Fueron rockeros o boleristas o baladistas y llegaron a la cumbia por necesidades económicas. La cumbia los salvó y los hizo populares.

SU HISTORIA JUNTO A LOS TRES

El domingo 23, Cuti Aste volverá a subirse al escenario de la Quinta Vergara para apoyar en teclado y acordeón a Los Tres. Aunque su trayectoria lo ha ubicado junto a otros nombres, como Electrodomésticos o el Gran Circo Teatro, de Andrés Pérez (hizo la dirección musical de sus obras más populares), ha sido su colaboración con el conjunto de “Déjate caer” la que ha proyectado su trabajo al más amplio público. Fue Aste, de hecho, uno de los dos únicos músicos (junto a Antonio Restucci) que viajaron invitados a Miami cuando el grupo debió grabar su famoso Unplugged para MTV Latino, en 1995.

Su relación con ellos ha sido de idas y vueltas, y parte en los años escolares de Concepción, sigue en Santiago con una casa compartida en el barrio Brasil, y avanza en colaboraciones para teatro junto a Álvaro Henríquez, con varios viajes asociados. Cuando éste lo llamó el año pasado para sumarse a un recital de celebración por los veinte años del primer álbum de Los Tres (en el cual Aste también participó), el músico se sorprendió.

“Me encontré con un Álvaro (Henríquez) cariñoso, ha sido agradable volver a tocar con ellos. Más allá de mis idas y venidas en nuestra relación, me he dado cuenta que soy un tipo muy poco rencoroso. He estado al medio de conflictos grandes al interior de bandas, y no siempre me siento obligado a tomar partido. Son otras las cosas que me emputecen en el trabajo: que un músico no llegue a la hora o que llegue curado. Como trabajador independiente, uno es también un poco un relacionador público, y debes responder ante los que te contratan”.

-¿Es esa gestión compensada con lo que obtienes luego al seguir trabajando como músico?
-A veces medito: ¿Por qué quiero ser músico? En realidad, es una pregunta que me gustaría hacerles a todos los músicos. Uno está en esto, le dedica tanto tiempo y esfuerzo, y todo al final se va a traducir en un correo de la SCD informándoles a sus socios “el lamentable fallecimiento de Cuti Aste” -dice riéndose de su propio humor negro-. Pero es mi opción, y aún la disfruto. Me gustaría seguir hasta viejito tocando música y haciendo música para provocar emociones. Creo que, al menos en mi caso, es ésa la respuesta a mi pregunta: quiero emocionar.

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