Por quepasa_admin Agosto 18, 2011

Por mucho tiempo quiso visitar la casa de su infancia en el sector de Amapolas. Tocar el timbre, pedir permiso a los dueños y recorrer sus pasillos. Pero Felipe Assadi llegó tarde: sus muros ya estaban en el suelo. Tras el impacto, miró y se dio cuenta de que estaba rodeado de edificios de catorce pisos. Ese lugar, pensó, ya había perdido su calidad. Ese barrio no era el mismo.

Analítico y referente a la hora de observar estos movimientos, Assadi concluye: "Tal vez es la forma en que se debe crecer. Una muestra del cambio de relación de la gente con la ciudad, de lo que ha sido testigo, y donde no da margen para jugar de víctimas, porque se han generado espacios que la gente va solicitando", dice. "Los usuarios somos los culpables del 'efecto mall'. Somos los que pedimos estar más encerrados".  

Pero es esta misma dinámica de mutación la que, en su profesión, lo ha convertido en un privilegiado. "Tener 40 años en Chile con una buena cantidad de obras como el caso nuestro es imposible en otros países. Así que tener 40 años como arquitecto aquí es un regalo", enfatiza. También en el sentido práctico, pues a esta edad se le abren prestigiosos concursos, a los que sólo se puede postular al llegar a las cuatro décadas, mitad donde parte la entrega de aquellos trabajos "maduros".

Lo que parecía en el papel un cumpleaños importante, él lo bloqueó y sólo reparó en que no podía huir un día antes del gran día. "Me hallé en esta especie de cambio personal y allí uno ve si está medio vivo o medio muerto. Y yo me encontré muy vivo, con la energía para empezar de nuevo y para hacer lo que quisiera".

Relacionados