Por Juan Pablo Garnham Febrero 19, 2014

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“Esto no se trata tanto de los osos polares, como de los bienes raíces y de los cultivos”, explica Denning. “El costo económico de las pérdidas de las ciudades costeras será inmenso. Yo trato de hablar del cambio climático no como un problema medioambiental, sino como un problema económico”.

Sonó el teléfono y así comenzaría todo. Lo llamaban para invitarlo a un debate en la Colorado Christian University, una universidad conservadora en un suburbio de Denver. A Scott Denning, experto en ciencia atmosférica de la Colorado State University, eso no le importó. Tampoco le importó que, en el debate, su contraparte fuera un abogado, no un científico. James Taylor, hombre de chaqueta y corbata tan impecables como su sonrisa y su pelo, era parte de The Heartland Institute, el think tank más importante entre quienes se califican como “escépticos” del cambio climático.

“Muchos de mis colegas no debaten sobre cambio climático porque creen que eso presenta la idea de que efectivamente hubiera un debate, pero yo lo hice y lo hice bien”, dice el académico, quien es director de Educación del Centro para el Modelamiento Multiescala de Procesos Atmosféricos de la Colorado State University. Scott Denning dedica gran parte de su tiempo a la investigación, pero de a poco el tema de la difusión ha tomado más espacio en su agenda.

Cuando habla de este primer debate, en su voz se nota algo de placer, de ese goce de jugar en una cancha donde sabe moverse; donde no sólo gana, sino que lo pasa bien mientras lo hace. Pero lo que vendría sería jugar en una cancha bastante más dura. “El hombre de Heartland se me acercó y me dijo ¿Sabes? Me gustaría que vinieras a nuestra conferencia anual y debatas con uno de nuestros científicos frente a 500 personas”, recuerda Denning, “estaba nervioso, pero dije que sí de todas maneras y fui”.

MÁS ALLÁ DE LOS POLOS

Mucho de lo que se cree sobre el cambio climático no es real, dice Scott Denning. Por ejemplo, que en el debate hay dos polos opuestos y nada más. “La opinión al respecto no es binaria”, explica. “En realidad, la mayoría de la gente cae en alguna parte de la mitad del espectro”. De acuerdo a un estudio de 2008, en Estados Unidos el público va desde los alarmados hasta los desdeñosos, con los preocupados, cautos, desinteresados y dudosos. El 52% de la población está entre las categorías de preocupado y cauto. Pero Denning dice que, de esto, surge otro mito: que no hay que hablarles a los más radicales.  “El problema es que, aunque estas personas del medio opinen así, sienten simpatía por los argumentos de los extremos”, explica Denning.

Para el científico, el mayor problema de la comunicación del cambio climático está en la lógica que se usa para convencer, que ha sido desarrollada por la Academia Nacional de Ciencias, en Estados Unidos. “Éste es un mensaje que ha sido cuidadosamente construido y vas a escucharlo una y otra vez: el clima está cambiando, los humanos lo están causando y los científicos están de acuerdo con esto”, dice Denning. “Este mensaje es algo débil e inefectivo en situaciones ideológicas que, en realidad, son casi todas las situaciones. La gente trae a este tema sus preconcepciones, sin importar si son de derecha o izquierda”.

Las tres partes de este mensaje son verdaderas, pero Denning dice que no por esto convencen. “Primero, que el clima está cambiando. Es cierto, pero, la verdad, no está sucediendo tan rápido”, explica. Además, esto genera un “efecto sirena”, donde pequeños eventos son usados como alarma, tanto por un lado como por el otro lado del debate. “Si hay nieve en Egipto, unos dicen que no hay calentamiento global. Si hay incendios en Colorado, hay calentamiento global. Estos eventos extremos pueden mostrar signos de cambio climático, pero no es obvio y es estadísticamente difícil filtrar la señal del ruido”.

Además, el problema para Denning no es lo que está sucediendo, sino lo que podría suceder. “No es el aumento de CO2 de 35% que tenemos, sino el 300% que tendremos cuando China e India se construyan como economías modernas a base de carbón”, explica.

El segundo concepto, dice, es aun más cuestionable. “Cuando uno dice que los humanos son los causantes, normalmente tienes dos reacciones: o un fuerte escepticismo o una sonrisa afirmativa, como diciendo ‘claramente somos la causa’”, explica. “Es  verdad, los humanos excavaron el carbón, lo usaron en máquinas, que quemaron el carbón y produjeron CO2 y lo resumimos en ‘los humanos son la causa’, pero esto es tan ideológico y lo basamos no en hechos, sino en de donde venimos”.

Finalmente, la idea de que los científicos están de acuerdo también es correcta. “Pero yo quiero que creas por ti mismo. Yo he publicado papers, he ganado premios, soy un científico del cambio climático verdadero y ¿por eso me tienes que creer? ¡Patrañas!”.

Denning dice que éste es un tema cruzado por el pensamiento moral y, al respecto, hay un libro que se devoró. Se llama The Righteous Mind: Why good people are divided by politics and religion, del psicólogo social Jonathan Haidt. Ahí hay una imagen que a él le gusta mucho: que la mente humana tiene dos partes, el elefante y su conductor. “El elefante sabe lo que es bueno y malo para él, es el resultado de miles de años de evolución. Sabe si acercarse a algo o alejarse. El jinete es quien explica por qué”,  dice el académico, “si quieres cambiar las creencias, habla con el primero”.

Ese día de mayo de 2010, frente a 500 personas que pensaban exactamente lo opuesto a él, Denning trataría de domar al elefante.

OPTIMISMO PARA LOS ESCÉPTICOS

Cuando Scott Denning se subió al podio, pudo ver la cara de los deniers, como les llaman en Estados Unidos. Eran casi todos mayores, casi todos blancos, casi todos hombres. Estaban en el salón principal del hotel Marriott, en el centro de Chicago.  “Sean escépticos”, dijo al comenzar.” Yo soy un escéptico y quiero que ustedes lo sean también”.

La audiencia lo escuchó atentamente mientras él atacaba la facilidad con que se habla del tema y se dedicaba a desmitificar varias cosas. Criticó a los famosos y a los medios que cubren celebridades, explicó la física del CO2 y les dijo por qué el clásico gráfico con la curva que compara temperaturas pasadas con actuales importaba poco en esta discusión. Luego los llamó a proponer soluciones desde el capitalismo y a ser optimistas. “Algunos piensan que nuestro estilo de vida moderno sólo es posible gracias al subsidio de combustibles fósiles baratos y que si dejamos de quemar carbón nos vamos a congelar en la oscuridad”, dijo.  “Yo prefiero decir que nuestro bienestar depende de la creatividad y el trabajo duro. Nuestro futuro es brillante”. Aplausos.

Después de la charla, Denning recibió muchos emails y comentarios. Su charla quedó en YouTube y, a pesar de que él la mantuvo en un perfil bajo, sus colegas supieron lo que había hecho. Algunos lo criticaron. No había que darles el gusto a estos extremistas, le decían. Sin embargo, para Denning esto era un deber y, de hecho, al año siguiente fue a otra conferencia del Heartland, esta vez en Washington D.C.

“Muchos ven este tema como un debate mayor, de un modelo de civilización”, explica Denning. “No vamos a resolver esta pregunta ¡y no necesitamos hacerlo! Es mucho mejor ver esto como un problema práctico que tenemos que resolver”. Por esa lógica viene el mensaje que Denning propone como una alternativa al de la Academia Nacional de Ciencias. “La llamo las tres S del cambio climático: simple, serio y solucionable. Trato de que tú creas con la información de tus propios sentidos”, dice. “No me creas porque tengo credenciales, cree porque te parece verdadero”.

Frente a los escépticos, Denning comenzó explicando que el cambio climático es simple, que no está basado en ideas políticas, teorías ecológicas, gráficos o modelos computacionales, sino en el sentido común. “El CO2 emite calor por su estructura molecular, no porque el capitalismo sea malvado”, dice Denning.  “Doblar el CO2 agrega 4 watts a cada metro cuadrado de la superficie de la Tierra. Esto lo sabemos desde hace 158 años”.

Luego, Denning les dijo lo que sabe que nunca debe ser el aperitivo: “Nunca partas diciendo ‘es el fin del mundo’. Aunque, en realidad, es bastante espantoso”. En ese momento, explicó el efecto que podría tener el crecimiento de China y la India y lo que pasaría. El aumento en los incendios, las sequías, las lluvias torrenciales. “Esto no se trata tanto de los osos polares, como de los bienes raíces y de los cultivos”, explica. “El costo económico de las pérdidas de las ciudades costeras será inmenso. Yo trato de hablar del cambio climático no como un problema medioambiental, sino como un problema económico”.

Finalmente, Denning da esperanza. “Desde el punto de vista ingenieril, ya tenemos una variedad de alternativas a los combustibles fósiles”. Sí, hay un problema económico, pero el más serio es el político. “No es que no tengamos el dinero, no es que no tengamos  la tecnología, es que falta la voluntad”, concluye Denning

¿Cambió la opinión de su audiencia con todo esto? Denning lo pone de esta manera: se acuerda de que, después de la charla, estaba comiendo en el restaurante del hotel y se le acercó un neozelandés que había estado en el debate, se sentó con él y conversaron por media hora. “Me dijo ‘¿sabes? Yo soy político, estoy en contra de cualquier tipo de ayudas del Estado a las energías no convencionales, pero hoy me has dado cosas para pensar que nunca había pensado antes; has planteado preguntas que no sé cómo responder y sobre las que tendré que pensar”.

“Quizás fue porque hablo desde el corazón, no desde mi currículum”, reflexiona Denning. “Quizás soy algo inocente, pero creo que si es que te acercas a ellos como personas, con respeto mutuo, puedes lograr mucho más”.

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