Por Rosario Zanetta Mayo 8, 2014

La vida de Bernardo Fontaine Talavera (49) dio un giro después del pasado 8 de abril. Ese día, el economista de la Universidad Católica asistió a la reunión de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados para exponer sobre los alcances de la reforma tributaria que impulsa el gobierno. Hasta entonces, era conocido en el mundo privado por su trayectoria como director de empresas pero, a esas alturas y según comenta un diputado que integra la comisión, pocos de los presentes habían oído hablar de él. Tras su ponencia en Valparaíso, Bernardo Fontaine apenas ha tenido tiempo para dormir.

El sexto de los siete hermanos del clan Fontaine estuvo el domingo pasado en Tolerancia Cero, el lunes dio una entrevista en Canal 13, y el miércoles fue invitado por la Asociación de Bancos a una reunión privada en la que presentó, ante algunos de los principales líderes de la banca, las razones que lo han llevado a cuestionar el proyecto. En el último mes también ha dado entrevistas en radios y diarios, ha escrito columnas y ha dedicado tiempo a reunirse con diputados y senadores.

Fue el presidente de la UDI, Patricio Melero, quien lo invitó a la convención política que realizó el partido a mediados de abril en Punta de Tralca. Andrés Allamand y Alberto Espina, por su parte, lo convocaron a él y a su hermano -el ex ministro de Economía de Sebastián Piñera-, Juan Andrés Fontaine, para entregar su visión a los diputados y senadores de  Renovación Nacional. Además, se ha reunido con integrantes de Evópoli, Amplitud e incluso, pero con mucha más reserva, con algunos miembros de la Nueva Mayoría.

Según sus cercanos, ésta es para Bernardo Fontaine una cruzada personal: aseguran que se representa a sí mismo y que si ha planteado en reiteradas oportunidades sus críticas a la reforma, lo ha hecho movido tanto por la relevancia y magnitud que ésta tiene, como por la convicción de que el proyecto no está bien concebido. Por esto no se ha cansado de repetir una y otra vez que la reforma fue “hecha desde un escritorio, que le falta calle” o que, en definitiva, sus costos serán pagados por la clase media. Sus conocimientos en materia tributaria han sido su mejor munición: ya en 1997, en un paper que escribió junto con el actual presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, Fontaine planteaba la necesidad de un cambio al sistema impositivo vigente, claro que en otra dirección.

Hoy Fontaine está convertido en un personaje público. Aunque es tímido, está cómodo con la mayor exposición y, sobre todo, con el reconocimiento de algunos sectores que lo consideran hoy una voz ponderada en medio de un debate con un fuerte trasfondo ideológico. Aun así, hay quienes lo miran con cautela y ponen en duda sus planteamientos por ser los de un economista que, por años, se ha dedicado a la actividad empresarial y que ha asesorado en sus negocios a las hermanas Solari, a José Said y al ex socio de LAN Boris Hirmas, entre otros.

VARIOS NEGOCIOS Y UN FUNERAL
Una vez que egresó de la universidad, Fontaine empezó su carrera profesional, la que -a excepción de un periodo como director del Metro- ha estado siempre dedicada al mundo privado. Aunque al salir soñaba con llegar al Citibank, su primer trabajo como economista fue en IM Trust. El gerente general de Quiñenco, Francisco Pérez Mackenna, quien le hizo clases en la universidad, le recomendó su nombre a Pedro Donoso, socio del banco de inversión, para que lo contratara. Ahí estuvo por unos cinco años, hasta que su sueño se cumplió. Estaba recién casado con Magdalena Montero -con quien hoy tiene cinco hijos-, cuando lo llamaron de Citibank, y sin pensarlo dos veces se incorporó al área de finanzas corporativas del banco.

Los años dorados de la institución, esos en los que contaba con figuras como Sebastián Piñera, Juan Bilbao o Patricio Parodi, habían pasado, y Fontaine tuvo que armar un nuevo equipo. Junto con Pablo Castillo, Alfonso Márquez de la Plata y Fernán Gazmuri, entre otros, se dedicó a realizar aperturas de empresas a bolsa, emisiones de bonos y negocios de private equity.

Fontaine, quien sólo tenía 30 años, llegó a ser vicepresidente de la entidad y manejaba un fondo de inversión que se dedicaba a comprar empresas y mejorar su administración. Fue entonces cuando debió enfrentar el momento más complejo de su carrera. El economista había visto la oportunidad de invertir en la cadena de cementerios Isacruz y decidió apostar por ésta. Él, que había recomendado el negocio, ingresó como director a la compañía, la cual, al cabo de un tiempo, quebró de forma fraudulenta. El fallido negocio le valió al Citi una demanda civil que finalmente nunca prosperó. Aun así, Fontaine quedó marcado para siempre por la experiencia,  la que significó para él un duro revés cuando todavía estaba empezando.

Tras la tormenta, se independizó y trabajó así por unos años, hasta que Juan Cuneo lo contactó para que se incorporara a Falabella. El empresario le encomendó hacerse cargo de lo que hoy se conoce como el negocio del retail financiero y le pidió, entre otras cosas, modernizar CMR Chile y desarrollar el banco Falabella, así como también la firma de seguros y la agencia de viajes del holding. En su estadía en la empresa, Fontaine aprendió de retail. Juan Cuneo le inculcó la importancia del consumidor, así como también la velocidad con que había que actuar.

El 2001, Fontaine nuevamente optó por independizarse y empezó a dedicar su tiempo a asesorar a empresarios. Principalmente trabajó con las hermanas Solari, a quienes ayudó a separar sus negocios y armar sus holdings. Por este rol, Fontaine debió participar activamente en la negociación de la fusión entre la familia Del Río y las distintas ramas de socios de Falabella. Él y Alfredo Moreno articularon buena parte del acuerdo que permitió el ingreso de los dueños de Sodimac a la cadena de retail.

Más tarde vino su propio emprendimiento y, junto con Cristóbal Hurtado formaron 7a, una firma de gestión que se dedica a comprar medianas empresas ligadas al retail, para mejorar su administración. Así, por ejemplo, entraron a Place Vendôme, a través de un fondo de inversión en el cual ambos socios son coaportantes. En paralelo, Fontaine empezó a sumar directorios: estuvo en LAN, luego en Metro y hoy participa de las mesas de Bicecorp, la compañía de seguros de BICE, La Polar y Embonor, donde lleva tres años.

Quienes han compartido con él en esas instancias aseguran que si hay algo que lo caracteriza, es cuestionar las cosas que se plantean y entender el negocio en profundidad, incluso sin rehuir el debate. En Metro, por ejemplo, solía quedarse horas analizando el mapa de Santiago junto con ejecutivos de la firma, para revisar en detalle las decisiones a tomar. “Le gusta convencerse de que las cosas se están haciendo bien”, dice un director, quien agrega que la cruzada que lidera en el ámbito tributario obedece a esta misma motivación.

EL MANDATO DEL PADRE
La casa de los Fontaine Talavera en la calle Agustín Denegri, en Vitacura, siempre fue un lugar de debate. El abogado y ex director de El Mercurio, Arturo Fontaine Aldunate, les inculcó a sus hijos el gusto por la conversación y la obligación de trabajar por mejorar Chile, de participar en lo público. En ese entorno se crió Fontaine, quien, al salir del Tabancura decidió estudiar Economía en la UC.

En sus años en la Universidad Católica empezó a reafirmar sus intereses. Su tesis de grado la dedicó precisamente al tema tributario. Su profesor guía fue el ex ministro de Hacienda, Eduardo Aninat, quien recuerda la investigación de Fontaine como una “muy rigurosa y matemática, de mucha calidad”. A él lo describe como un muy buen alumno, abierto a la crítica y un trabajador muy duro. De hecho, Aninat lo reclutó para trabajar en su consultora, Aninat, Méndez y Asociados, antes de que éste egresara de la universidad.

Su paso por la UC no sólo estuvo marcado por la actividad académica. Fue ahí donde empezó a forjar amistad con algunos empresarios, como José Manuel Silva y José Miguel Barros, ambos socios de LarrainVial, así como también con Juan Braun y Aníbal Larraín. Además, compartió clases con Rodrigo Vergara, Guillermo Larraín y  con el ministro de Transportes, Andrés Gómez-Lobo.

Uno de los momentos que Fontaine siempre recuerda de su paso por la UC fue su trabajo para la lista “Libertad y Autonomía”. La idea era postular candidatos para el claustro universitario que fue convocado cuando el entonces DC Tomás Jocelyn-Holt era presidente de la FEUC. La lista, que fue concebida como una alternativa al gremialismo, tenía su sede de reuniones en la casa del economista, hasta donde llegaban algunos como el presidente del Consejo Minero, Joaquín Villarino, o el empresario Miguel Sifri, quienes también participaban de la instancia. Para sorpresa de muchos, “Libertad y Autonomía” se convirtió en la opción más votada de toda la universidad, venciendo al gremialismo.

Más allá de la anécdota, cercanos a Fontaine aseguran que su forma de pensar de entonces no ha cambiado demasiado. Que le gusta ser independiente y no ser encasillado en ningún bando. De hecho, no milita en ningún partido y no forma parte de ningún tipo de movimiento religioso, pese a ser católico practicante. “Él es un librepensador y le gusta correr por libre”, comenta un amigo.

Para sus cercanos, la principal razón de Fontaine para irrumpir en el debate ha sido el mandato que les dio su padre: el de ayudar a mejorar Chile. También otros plantean que para él ha sido la oportunidad de destacarse, como en otras ocasiones lo han hecho sus hermanos, Juan Andrés y Arturo, ex director de CEP. “A veces es terrible cargar con el apellido. Sobre todo cuando uno no es el más inteligente ni el más exitoso, pero ya me acostumbré”, dijo alguna vez Bernardo en una entrevista en tono gracioso. 

Quienes conocen a Fontaine aseguran que a futuro le gustaría seguir participando en los temas públicos, estar presente en el debate. Dicen que le interesa sobremanera defender los conceptos de una sociedad donde exista una economía libre, un Estado eficiente y en la cual se respeten las libertades individuales.

Y aunque algunos creen que tiene ambiciones políticas, a otros él mismo les ha confidenciado que no es un tema que por ahora tenga resuelto. “No es que quiera ser candidato, ni tampoco estar presente desde el CEP”, dice un cercano al economista. “Lo que a él le interesa es ser parte de la opinión pública, estar en el debate de ideas”.

Aun así, a varios de sus amigos les ha llamado la atención su repentina irrupción ante las cámaras, y le han preguntado si le preocupa tanta exposición. A ellos siempre les ha respondido con la misma broma: “No se preocupen, no quiero ser el Marcelo Lagos tributario”.

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