Por Víctor Hugo Moreno Junio 9, 2017

En un focus group encargado por la Democracia Cristiana hace algunos meses se les pidió a los participantes que de una foto familiar que se le mostraba —compuesta por niños, jóvenes, adultos y ancianos —  se identificara a quien tenía más cara de DC. El resultado: en su mayoría el elegido era el más canoso de la foto.

Dicha realidad, para algunos dentro del partido, demuestra la poca capacidad de renovación que ha tenido la colectividad de Alameda 1460 y que los ha ido separando de los movimientos sociales y gremiales, donde a principio de los 90 la falange tenía gran protagonismo en sectores como la CUT, el Colegio de Profesores o las federaciones de estudiantes. Desde esa fecha hasta ahora, no sólo en ese mundo casi no existen, sino que además han perdido sustantivamente más de 1 millón de votos en todo el país. Este escenario es el que el partido pretendía revertir con una candidatura presidencial fuerte que llegara a primera vuelta, sin importar las consecuencias. Había que mostrarle al país qué significa ser democratacristiano. Había que recuperar la identidad social cristiana. Bajo esos conceptos, la senadora Carolina Goic lanzó su apuesta presidencial. Pero la misión no se ve fácil y no sólo por las encuestas (2, 1% de apoyo en la CEP), sino porque dentro del partido conviven dos almas; dos mundos en permanente estado de tensión que impiden la concreción de una identidad.  Y la candidata intenta tender un puente. Ser la líder.

Esos dos mundos marcan la diferencia. Uno que aboga por seguir la senda de las reformas, pero con los ajustes necesarios y en un escenario claro de centroizquierda, mientras que otros —los más moderados, más neoliberales — apuestan por una ruptura más de fondo con cualquier indicio de la Nueva Mayoría. En el último polo está su más clásica representante: Mariana Aylwin y su grupo de progresistas con progreso.

—La identidad de su campaña está más bien focalizada en cómo hacer las reformas graduales, sin refundaciones, con diálogos y acuerdos. Pero eso no basta para que la candidatura justifique su existencia en términos de haber tomado la decisión de ir fuera de la Nueva Mayoría. Tiene que fortalecer una identidad más nítida respecto de la Nueva Mayoría y de la derecha. Me parece que ese es el tope que hay hoy día.  La candidatura de la NM se plantea claramente como una continuidad de las reformas de este gobierno y una profundización, y una candidatura que quiere convocar a ese electorado que abandonó a la Nueva Mayoría tiene que hacerle una oferta que sea distinta.  Además, tengo la impresión de que lo que está dificultando una identidad más clara tiene que ver con el interés de los parlamentarios de ir en una lista conjunta. Me parece que ese es el tope que hay hoy día — comenta la ex ministra.

Mientras que en los otros polos están los que quieren fortalecer el domicilio de la centroizquierda progresista sin apellido. En ese bando están, por ejemplo, las juventudes. Su presidente y candidato a diputado, Diego Calderón, observa así la identidad que debe tener el partido:

—En el congreso ideológico (realizado en 2007) primó una DC vinculada a los cambios, a las demandas de movimientos sociales organizados, como trabajadores, estudiantes. Esa es una mirada que hoy día está en cuestión y que tensiona las posibilidades de marcar una identidad. Y la candidata necesita orientar la identidad del partido, y espero que eso sea en la tradición histórica que ha tenido la DC—afirma el dirigente.

Y en un tercer polo hay algunos caídos que se cansaron de las tensiones ideológicas y la falta de identidad. El ex presidente del PDC Ricardo Hormazábal decidió no refichar en la colectividad porque, a su juicio, ya no hay un horizonte que haga valer la historia del partido. Y lanza, ahora desde afuera, su advertencia:

—Carolina está profundamente equivocada en la decisión de la DC de romper con la Nueva Mayoría.  Lo asimilo al error capital que cometió la UP en el año 70 al negarse a la unidad política social del pueblo  a la que llamó la DC con la candidatura de Tomic. En materia programática, hoy Goic tiene propuestas neoliberales, porque se compró completa la estrategia de Mariana Aylwin y de Gutenberg Martínez. Ellos son los triunfadores políticos en las decisiones de la DC —afirma, agregando que este escenario es una muestra de cómo la política se ha alejado de sus bases ciudadanas, respondiendo a otro tipo de intereses.

En el interior del partido hay conciencia de que estas tensiones dificultan la creación de una identidad que identifique a la candidata con una idea clara. Y en eso su comando está trabajando, y contra el tiempo.

 

El giro de campaña

El lunes en el consejo nacional que realizó el partido en su sede central, se tomó la decisión de asumir que se podría ir en una sola lista parlamentaria, debido a las complicadas negociaciones que hay con el resto de los partidos de la NM. La idea era también abordar el escenario post CEP, pero no hubo tiempo. Sólo el vicepresidente, y quien en  la práctica está actuando como timonel, Matías Walker, dijo que era necesaria una pronta reunión entre el comando y la mesa.

—Informé que en los próximos días probablemente nos íbamos a reunir la mesa con el comando para ver de qué manera nosotros podemos ayudar a fortalecer la campaña presidencial. Cómo podemos ayudar como partido sin perjuicio de que nosotros entendemos que tiene que ser una campaña ciudadana y que la candidata tiene que convocar no solamente al electorado de la Democracia Cristiana, sino que también a  muchos sectores independientes—comentó el parlamentario.

Y la noche del martes la candidata justamente intentó marcar un hito en su acercamiento a otros mundos con una cena que realizó en el Café Torres de Isidora junto a un grupo de ex “laguistas” como Fernando Bustamante, José Pablo Arellano, entre otros.  Sin embargo, este guiño a Lagos, para algunos dentro del comando, no tiene ningún tipo de efecto más allá de las coordenadas del emblemático café donde suelen reunirse viejos DC en el clásico grupo Munchen. Para varios la candidata tiene que hablarle a la gente, a la ciudadanía y no a la elite del barrio El Golf.

Bajo ese escenario ya se han analizado varios giros que debe tener la candidatura para lograr como meta —antes de agosto al menos— estar bordeando los dos dígitos. Para ello, algunos plantearon desde hace semanas,  la necesidad de realizar ajustes en el equipo. Por ejemplo, no fueron pocos los que cuestionaron el trabajo del ahora ex coordinador de campaña, Pablo Badenier, porque no logró asumir nunca un rol protagónico en la instalación de temas, lo que finalmente detonó en el alejamiento del ex ministro del comando, oficializado este jueves mediante un comunicado que emitió el partido. Dentro del comando apuntarían a subir de nivel al ex ministro Jorge Burgos para que comience a tomar las riendas de la campaña en reemplazo de Badenier.

Otro que está en la mira es el coordinador programático, el diputado Sergio Espejo, pues todavía no habría logrado desplegar a las bases del partido en regiones la discusión de contenidos. Una de las quejas que se escuchan es que aún no saben detalles del programa.

Con todo, según explican sus cercanos, Goic debe pasar adelante en el discurso y tensionar el ambiente con sus dos contendores más cercanos: Sebastián Piñera y Alejandro Guillier. Debe marcar una diferencia y presentarse al país como quien puede ser capaz de hacer las cosas diferentes. Y por ello, otro de los elementos que están en discusión dentro de su equipo es que debe alejarse completamente de su rol de presidenta del partido, pues así dejaría de lado los asuntos de política interna que no hacen ganar votos. Por ello, poco a poco Matías Walker está asumiendo con más fuerza la dirección del partido. Pese a este panorama, dentro del PDC aún confían en un repunte de la candidata, reforzado en números y en el tiempo que aún resta de competencia. El analista electoral y académico de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, cree que aún no está todo dicho:

—El peso real de Goic lo conoceremos luego de las primarias de Chile Vamos y  el Frente Amplio, el 2 de julio. Desde ese momento las encuestas consultarán derechamente por intención de voto. A esas alturas, Goic ya debe haber aumentado en los sondeos al menos al 5%. De ahí en adelante quedarán más de 4 meses de campaña donde, si hace bien las cosas, podría pelear el avance a la segunda vuelta—explica.

Incluso, Walker comenta que ya dentro del partido manejan sondeos internos más favorables para Goic:

—Tenemos una encuesta en que marca 7% en intención de voto en primera vuelta. Eso coincide con las encuestas que sabemos tiene Piñera y el PS. Y esos  son buenos puntos de partida—.

Así las cosas, en el partido coinciden en que no antes del 19 de noviembre (fecha de la primera vuelta) se sabrá si valió o no la pena el sacrificio de ir en una aventura solitaria, y si eso sirvió o no para recuperar la identidad. En la falange creen que, al menos, podrán presentar propuestas y negociar con algo más de poder comparado a lo vivido en 2013 donde —según algunos mismos DC confesaron sin sonrojarse — se aprobó un programa sin leerlo bajo la figura omnipresente de Bachelet. Hoy la DC de alguna forma u otra quiere dejar alguna impronta. Aunque, por ahora, en esa cruzada lleva todo el viento en contra.

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