Por M. Eugenia Fernández G. //Ilustración:Patricio Otniel Enero 6, 2017

¿Moderados? ¿Pragmáticos? ¿Liberales? ¿Progresistas? ¿Humanistas cristianos? Todo eso y más parece ser el centro político. Una palabra con muchos apellidos y más significados.
En un contexto de polarización mundial —Brexit y Donald Trump de por medio—, no son pocos quienes dentro y fuera de Chile piden volver a la moderación y al gradualismo en temas políticos y públicos. Apuntar al centro, dicen. Sobre todo en un año de elecciones, si se trata de nuestro país, en el que es este pedazo del electorado el que usualmente pavimenta la victoria.

“Salvar al centro”, tituló el ex primer ministro de Gran Bretaña Tony Blair una columna que publicó esta semana, en la que afirma que “sólo un centro fuerte y revitalizado puede derrotar a la oleada populista” de Europa. Mientras que a varios miles de kilómetros de distancia, en Chile, partidos como el PRI y la DC instan a sus respectivas coaliciones a no dejar este sector de lado a la hora de construir sus liderazgos presidenciales.
Esta semana, tras conocer los resultados de la encuesta CEP, habrá voces que insistirán en este punto: apuntar al centro para construir mayoría.

¿Pero de qué se trata este pedazo del espectro político? ¿Realmente existe en Chile? ¿Quiénes son y qué piensan?
Varios analistas concuerdan en que el centro político fue una fuerza en sí misma desde mediados del siglo XIX hasta la década de los 60, que sustentó a los gobiernos liberales de fines de 1900, y a los de Arturo Alessandri Palma (1932-1938), Pedro Aguirre Cerda (1938-1942) y Eduardo Frei Montalva (1964-1970).

Se trataba de una mezcla de liberales y conservadores, que apostaban por la moderación y el gradualismo, y que funcionaban en torno a los consensos. En parte, a su consolidación ayudó el sistema de elección proporcional, que hacía que las posiciones extremas buscaran pactos o alianzas para ser mayoría.

“Este grupo construyó la república e hizo subordinarse a los extremos radicales”, afirma el historiador y profesor de la UAI, Juan Luis Ossa. “Fue fuerte hasta los años 60, después la polarización se hizo evidente y el centro político perdió fuerza porque también se radicalizó. Perdió su faceta moderada”, dice.

“Este grupo construyó la república e hizo subordinarse a los extremos radicales”, afirma el historiador y profesor de la UAI, Juan Luis Ossa.

A partir de ese año, según cifras de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales, esta porción del electorado representó al 30%, número que aumentó hacia 1965 gracias al alto resultado electoral de la DC en la elección parlamentaria de ese año.

Sin embargo, el de Frei Montalva fue el último gobierno de centro propiamente tal. En los años siguientes, este segmento se subió al carro de la polarización política. “En un ambiente de moderación y cuidado de la democracia, este grupo de personas y partidos aumenta. Cuando hay sensación de riesgo, entonces disminuye”, explica el investigador de la UDP, Mauricio Morales.

graficoCon el regreso de la democracia, esa porción del electorado se fue alejando de partidos y figuras políticas por diversos motivos y las cifras parecen demostrar que gran parte de quienes se definían de ese grupo pasaron a ser indecisos o desafectados. Y que, en consecuencia, no tienen un partido político que claramente los identifique.
Según cifras de la UDP, si a principios del 91 —en pleno gobierno de Patricio Aylwin— más de un 30% decía ser de centro, en diciembre de 2014 este porcentaje llegaba a menos del 10%. En ese mismo periodo, los indecisos o desafectados aumentaron del 20% a casi el 70% de la población.

En la encuesta CEP de agosto 2016, sólo un 8% se identificó como de centro, misma cifra que obtuvieron quienes lo hicieron con la derecha, mientras que un 15% dijo ser de izquierda. En contraparte, un altísimo 57% dijo no simpatizar con posición alguna.

¿En qué está hoy en día esta atractiva “bolsa” de votantes? ¿Cuál es su nicho? ¿Se les puede caracterizar?

 

Más jóvenes y de clase baja

No son muchos los estudios que han hincado el diente a este grupo. Uno de los problemas es que, hoy en día, los chilenos están rehuyendo el identificarse políticamente, pero a la hora de ubicarse en una posición entre el 1 (izquierda) y el 10 (derecha), el grueso lo hace entre el 4 y el 6.
Si en la CEP de agosto sólo un 8% dijo ser de centro, un 39% se ubicó entre los números 4 y 6, porción muy superior al resto de la escala.
Lo mismo muestra el Estudio Nacional sobre Temas Morales realizado esta semana por Cadem y Fundación para el Progreso (FPP), el que sí intenta desmenuzar quiénes son los “centristas” chilensis.
Nuevamente, al pedir ubicarse políticamente en la escala de 1 a 10, un 44% se instaló entre los números 4 y 6, siendo un 5,2 la media. Un 41% se ubicó en estas mismas coordenadas en términos valóricos (liberal/conservador) y un 45%, en términos económicos (Estado/mercado).
Al indagar un poco, el estudio da cuenta de que este grupo identifica más a los jóvenes y levemente a las mujeres. De hecho, mientras un 45% de ellas se ubica en posiciones de centro político, entre los hombres esta cifra llega al 43%.
En cuanto a las edades, comparten la misma posición un mayoritario 52% de quienes tienen entre 18 y 34 años, número que desciende a 42% entre los de 35 a 54 años, y termina por bajar al 35% entre las personas de 55 y más.
Respecto del nivel socioeconómico, “a partir de los 90”, explica Morales, “el centro político se alojó en clases medias y bajas”.
Algo así se desprende del mismo estudio Cadem-FPP: mientras un 45 y 46% de los sctores D y C3 se ubican en el centro, esto disminuye a un 41% en el C2 y C1.

El centro social y longueira

Si hablamos de que la gran parte de la población se describe como “moderada”, “intermedia” o “de centro”, rápidamente entendemos que en ese bolsón entran diversas visiones particulares.
Aquí es donde entran al baile sus diversos apellidos: liberal, progresista, humanista cristiano, moderado, ideológico... Aunque los analistas no se ponen de acuerdo en una sola definición respecto de su ideario, la mayoría se inclina por describirlos como moderados y gradualistas.

“Este grupo reconoce la tradición pero no le impide ser defensor de los cambios en un sentido gradual. Es un sector que está por acordar reformas más que propiciar revoluciones”, explica Ossa.
Otra visión tiene Cristóbal Bellolio, abogado y fundador de Red Liberal, quien afirma que el centro es una coordenada determinada por la posición relativa de los demás actores. “Hay otra versión que está asociada a esa tendencia general a la moderación, a no tomar posiciones absolutas. Y finalmente una tercera posibilidad es dotar de contenido ideológico o al menos programático a ese centro: el nuestro es liberal, el de la DC es humanista cristiano”.

El “centro social” son personas que se inclinan más a la derecha, por lo que  en 2009 fueron claves en el triunfo de Sebastián Piñera y, en 2013, apoyaron al economista independiente Franco Parisi.

Otros establecen distintos planos dentro de un mismo centro. Es el caso de la interesante distinción que realiza Morales (UDP), quien afirma que hay un centro “político” y uno “social”. El primero se refiere a quienes se definen de centro en la pregunta de 3 alternativas (centro, izquierda y derecha) y que, además, se posicionan en los casilleros 5 y 6 de la escala política. Estos son “personas de nivel alto y medio, con una leve inclinación a la izquierda, que participan más en política o al menos tienen la predisposición”.

El “centro social” corresponde a quienes se identifican como 5-6, pero en la pregunta de 3 alternativas responden “ninguno”. Se trata, asegura el investigador, del mismo “centro social” que acuñó el entonces candidato presidencial UDI Pablo Longueira, en la campaña presidencial de 2013. “Se trata de personas de estratos socioeconómicos bajos, un sector moderado que en mayor medida ha dejado de ir a las urnas. Es un elector poco denso políticamente, más pragmático y liberal”, describe Morales. Explica también que son personas que se inclinan más a la derecha, por lo que en 2009 fueron claves en el triunfo de Sebastián Piñera y, en 2013, apoyaron al economista independiente Franco Parisi.

De hecho, la encuesta UDP de 2014 arrojó, en cuanto a la intención de voto (ver gráfico anterior), que después de Bachelet (43,6%) este centro social apoyó con más fuerza la candidatura de Parisi (14,5%), Evelyn Matthei (8%) y Marco Enríquez-Ominami (7,6%). Mientras que quienes caben en el “centro político” apoyaron más fuertemente a Bachelet (59,2%), seguida por ME-O (8,7%) y Parisi (8,3%).
“Estas personas tienen una baja densidad de preferencias políticas pero son claramente moderadas y con fuerte ánimo aspiracional. La composición del voto por Parisi estuvo particularmente por ese centro social que Longueira dijo hasta el final y la derecha no fue capaz de conquistar”.

Sin domicilio

Pero ¿hay alguna opción de que esa fracción del electorado llegue a La Moneda por un camino propio? Algo que caracteriza a este grupo de personas es que, en Chile, está en una situación de homeless. Con una DC instalada en un pacto de izquierda, esa antigua guarida política se desvaneció en los últimos 15 años, mientras otros como el ex ministro Andrés Velasco y la senadora Lily Pérez han intentado captar e institucionalizar a este electorado a través de Ciudadanos y Amplitud. Hasta ahora, el camino ha sido pedregoso.

“La izquierda y derecha tienen identidad por diversas razones y conceptos. En cambio el centro, a propósito del binominal y otras dinámicas políticas, no tiene identidad. Eso se refleja bien en la DC que hoy no se sabe bien dónde está”, asegura Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem. “El centro existe, no tiene principios ni rostros, existe en potencia”, agrega.

“Hoy es un espacio bisagra que ayuda a constituir mayorías. Lo de Velasco y Lily Pérez es un ejercicio útil pero necesitan de una alianza, y en eso históricamente han predominado la izquierda o la derecha, con una identidad más definida”, concluye.

“Los centros transaccionales no son atractivos. La moderación no es un valor. Lo que genera adhesión es una definición programática”, afirma Sebastián Sichel.

Desde ese punto de vista, es que uno de sus desafíos es ir más allá de ser “bisagra”. Así lo afirma el abogado Sebastián Sichel, presidente de Plural y fundador de Ciudadanos, quien está escribiendo un libro junto con Velasco y el cientista político Daniel Brieba sobre este tema. “Los centros transaccionales no son atractivos. La moderación no es un valor ni se diferencia de la izquierda o la derecha. Lo que genera adhesión es una definición programática”, afirma. ¿Cuál sería la suya? “Que los ideales liberales representan los ideales de la modernidad: entendimiento, meritocracia, éxito medido por el emprendimiento, Estado como regulador. Tiene que ver con el grueso de la clase media cuyo estilo de vida se identifica con esto, aun cuando no sean ideologizados”, responde.
La tarea de dar domicilio político no se ve fácil, sobre todo si se toma en cuenta que los estudios muestran que sus integrantes no son los que más predisposición tienen para votar. Previo a la elección municipal, en su Track Semanal del 11 de octubre de 2016, Cadem arrojó que si un 50% de quienes se dicen de derecha y un 54% de los de izquierda irían a votar, sólo un 40% de quienes se identifican como de centro harían lo mismo. Este número baja al 30% si se trata de quienes se autodenominan independientes.

Presidenciables al acecho

Aun así, el electorado del centro político es ineludible para presidenciables y se volverá aún más atractivo este año. Un grupo de personas al que hay que hablar y conquistar si se trata de construir mayorías. Es por ello que tanto voces de la DC, como Mariana Aylwin, como del PRI y Evópoli, de ChileVamos, han destacado su relevancia para sus respectivas coaliciones.

Según la encuesta CEP de agosto 2016, al preguntar “¿Dónde le gustaría que se ubicara el futuro gobierno?” en una escala ideológica de 1 (izquierda) a 10 (derecha), nuevamente un 34% lo ubicó entre el 4 y 6, la concentración más alta.

“Actualmente el centro es tremendamente relevante porque la contienda hace que se polaricen las posiciones. Con el nuevo sistema electoral, los votos que necesitan los parlamentarios para ser electos son muy bajos, por eso es importante el centro político para efectos de gobernabilidad”, opina el analista y asesor de Felipe Kast, Camilo Feres.

¿Y hay candidatos hablando a este sector?

Acá no hay una sola opinión. Morales cree que “ningún partido institucionalizado está en condiciones de hablar al centro social, ellos prefieren atajos informacionales, es decir ver una cara o un rostro, y con eso recibir la información que el candidato puede proveer e incluso transformarlo en intención de voto. El centro político sí puede escuchar a partidos, a RN, la DC, el PR y de ahí no se va a mover”.

Por otra parter, Izikson plantea que “lo que se demuestra hoy en las encuestas es que Sebastián Piñera está más cerca de este mundo, ya que tanto la derecha como el centro desaprueban las reformas de Michelle Bachelet, está en posición de cambio”. Y agrega que “Alejandro Guillier lograría movilizar a ese centro antielite, que no votaría por ningún candidato tradicional”, añade. “Ricardo Lagos y Piñera le están hablando a un posible centro”, afirma Ossa, “Guillier no es que no sea de centro sino quele habla a la cuidadanía, que es hablar a todo Chile”.
Como sea, aún se trata de un escenario abierto y un desafío renovado en los tiempos del voto voluntario.

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