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jueves 02 de agosto de 2012

El "No" de Arriagada

Desde la próxima semana, un hito importante de su vida estará reflejado en la película ?No?, que destaca la creación de la franja para el plebiscito de 1988. Genaro Arriagada, quien fue secretario ejecutivo del comando, reivindica el rol de los políticos para derrotar a Pinochet. Hoy llama a favorecer un recambio de rostros y dejar atrás la nostalgia.
© José Miguel Méndez

Hace dos semanas, Genaro Arriagada (69) se rió al ver nuevamente en las calles de Santiago el arcoíris del “No” paseándose por las micros, presente en las murallas, veinticuatro años después, como parte de la campaña publicitaria de la película que se estrena el próximo jueves.

Arriagada fue protagonista de esa historia, como secretario ejecutivo del comando de la Concertación que venció a Augusto Pinochet y el “Sí” en octubre de 1988. Uno de los personajes, el de Luis Gnecco, está inspirado en parte en su rol. El propio ex ministro DC estuvo a punto de aparecer en la cinta, pero desechó el ofrecimiento.

Aunque aún no ha visto la película -“Me invitaron, pero estaba de viaje” -, tiene una visión especial: si bien valora y destaca que se reviva la épica de aquella época, advierte que no se debe menospreciar el rol de los políticos, y señala que el país enfrenta una crisis que requiere que las generaciones jóvenes entreguen las soluciones.

-¿Por qué cree que hoy se realiza una película sobre el “No”?

-Porque es un gran hecho histórico. Si yo tuviera que ordenar los hechos históricos que más me han marcado,  diría que uno muy importante fue la caída de Allende y otro el triunfo del “No”. Te producen un quiebre en la sociedad, un antes y  un después. Lo que pasa es que al cabo de 17 ó 20 años ya la gente dice: esa historia no es mi historia. El país es como un personaje en busca de autor.

-¿Le han comentado el rol de Luis Gnecco? Está inspirado en parte en usted.

-No me atrevo a opinar porque no he visto la película. Pero la película está construida también sobre el libro de Antonio Skármeta, y hay una cosa que no es cierta: la idea de que había un grupo de políticos ideologizados y pasados de moda, y que de repente apareció un publicista que llegó y les dijo: “Esto es lo que hay que hacer”. Eso no es efectivo.

-¿Por qué?

-Éste es un proceso político que tiene una dimensión muy importante. De partida, el eslogan se define mucho antes, en un comité técnico. El tono lo determinan los políticos, y es un tono de reconciliación pacífica, de no temor, de no violencia. De esa reunión, además, surgen dos elementos, como el arcoíris y el lema de “La alegría ya viene”. Ésa es una decisión política. Era una apuesta bastante agresiva, pero no hubo mayor problema con el mundo que tenía que aprobarlo. Y después, designamos a dos representantes políticos, que eran los encargados de dirigir la franja: Juan Gabriel Valdés y Patricio Silva. A partir de ellos se configura el equipo. Aquí la orientación les correspondía a los políticos y la ejecución a los que saben hacerlo, vale decir a los publicistas.

-¿Y por qué se instala la idea de que los publicistas tuvieron un rol más relevante que los políticos?

-Es que… cuando una campaña es tan exitosa como ésa, porque tuvo un éxito a nivel mundial, hay mil padres. Un año después de la campaña, fui a una reunión a Estados Unidos. De pronto llego y había una persona relatando cómo había hecho la franja del “No”. Y a esa persona yo la conocía, pero jamás la había visto en el comando.

"Cuando una campaña es tan exitosa como ésa, hay mil padres. Un año después de la campaña, fui a una reunión a Estados Unidos. De pronto llego y había una persona relatando cómo había hecho la franja del ‘No’. Y a esa persona yo la conocía, pero jamás la había visto en el comando".

-Hoy existe la idea de que el “No” ganó en buena parte por la franja.

-La franja no inscribió a nadie. Cuando parte hay siete millones de personas inscritas, e inscribirlas fue una proeza enorme. Y cuando se hacen las marchas: por ejemplo, recuerdo haber caminado por Avenida Matta. Para no exagerar, había unas 300 mil personas -nosotros hablábamos de un millón-. Y no había un solo desorden. Eso revela un grado de organización política muy grande. Reducir esto a un problema publicitario no corresponde. No estoy criticando la película, porque tiene otro fin. Es una ficción que recoge muy bien ese clima. Pero la construcción de eso es una tarea política de la más alta complejidad y envergadura.

“Es un período bonito, pero agotado”

Para Arriagada, la película sobre el “No” es un elemento que puede colaborar a que las nuevas generaciones se hagan una idea de lo difícil que fue el pasado y valorar el rol de la política. “Puede tener un efecto en el sentido de dar una imagen, en un momento en que está deteriorada la imagen de la Concertación, de lo que significó. Es un recuerdo de que hubo un periodo de idealismo y generosidad”, plantea. Sin embargo, también presenta una mirada crítica sobre el presente.

-Una de las preguntas que quedan en la película es si el tema de “la alegría” se tradujo tras el plebiscito.

-Yo creo que a veces uno le pide a la política lo que no le pide a la vida privada. La vida de las personas va marcada por el trabajo, el esfuerzo, alguna crisis económica o familiar. No hay una persona que llega y dice: “Yo a partir de este momento gané la felicidad plena”. Eso tampoco existe en la política.

-Pero es una crítica que se le ha hecho a la Concertación, sobre todo por parte de los jóvenes.

-El balance es muy notable.  Si uno ve la franja del “Sí”, iba a quedar el caos. Hay un proceso no sólo de crecimiento económico; hay una libertad de prensa bastante grande, se termina el tema de los abusos de los derechos humanos. Ahora, para ser francos, las cosas también se desgastan. Tú tienes dos maneras de superar las cosas; una es porque fracasaste y la otra es porque las cumpliste. Y la Concertación más o menos cumplió lo que se había prometido. Nadie piensa hoy en un golpe militar. Nadie piensa  que las elecciones en Chile se trampean.

 

El "No" de Arriagada

-¿Y por qué hoy enfrentan más críticas?

-Estoy seguro de que los 20 años de la Concertación figuran entre los que le han entregado mejores resultados al país. Pero obviamente, cuando tú das un paso la gente empieza a mirar otras cosas. Hoy a la gente no le interesa la democracia ni los partidos, porque no son el problema; le interesan los bienes públicos, calidad de la educación, de la salud. Y los autores de este proceso son un grupo de gente que va a copar más o menos casi 40 años de la vida política chilena, que empiezan en los años 68 con las reformas universitarias, después siguen en el gobierno de Allende; luego en la oposición a Pinochet y después en los 20 años. Entonces, hoy para ese grupo de gente, reconozcámoslo, pasó la vieja. Yo creo que es un periodo muy bonito en la historia de Chile. El tema es que está agotado. Y en buena hora.

 “Se requiere una nueva generación”

Un detalle refleja la filosofía de Arriagada: no guarda ningún souvenir de la época del “No” en su casa de Providencia. Para él, si bien es importante valorar lo que se hizo en ese período, eso no puede obviar el análisis sobre la coyuntura política actual. “Hay que separar entre la justicia y la nostalgia. Para mí la nostalgia no va. Pero sí creo que si quiero generar un nuevo proyecto fundado en una nueva generación política, no necesito decir que los anteriores eran malos o fracasaron. Eso es absurdo”, plantea.

-Pero sí piensa que se requiere un recambio.

-La gente está pidiendo otras caras, se necesita algo nuevo. El tema es tan simple como decir: “Estos señores lo hicieron muy bien, pero hay una nueva etapa, los temas de ellos ya no son los del país y se requiere una nueva generación”. Y esa nueva generación, para ser crudos, que nos diga lo que quiere hacer.

-¿Y cómo piensa que se podría recuperar algo de la épica del “No” en esta época?

-Voy a ser bien crudo, pero la democracia es aburrida. Los temas que van surgiendo en una democracia madura son técnicos: qué pasa con la educación,  con la salud. No es esa maravilla que es reconstruir un cuerpo político. Por ejemplo, yo veo épica en Venezuela. He trabajado más de 7 años pro bono por la oposición venezolana. Otro ejemplo: el año pasado me tocó ir cuatro veces a Egipto. Estuve ahí un mes después de la caída deMubarak, y eso era una poesía. Esa época era muy notable... Pero la democracia es aburrida. De una democracia buena no se hacen películas.

 
 
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