Por Cony Stipicic H. Febrero 4, 2011

© José Miguel Méndez

Aunque sostiene que la derecha "es una sola", al ex ministro del Interior Carlos Cáceres bien se le puede identificar con lo que David Gallagher llamó -en estas páginas- "la vieja derecha", ésa "más conservadora y con resabios pinochetistas". Un busto del capitán general, además de fotografías con él y Margaret Thatcher son parte de los recuerdos que guarda de su gravitante paso por el gabinete de Augusto Pinochet. Eso y la defensa cerrada que sigue haciendo de la obra institucional del gobierno militar.

Cáceres habla de cautelar la sociedad de las libertades y reconoce que el Instituto Libertad y Desarrollo, que preside, está para actuar como "custodio de la doctrina". Desde ahí, precisamente, fue muy crítico de la decisión del gobierno de subir los impuestos para financiar la reconstrucción: habló de lealtad, mas no obsecuencia. Todavía considera que fue una medida innecesaria.

Atento a los pasos del gobierno, cuestiona sin tapujos el estilo presidencial y raya la cancha sobre los fundamentos a cautelar. "Creemos que en esta nueva etapa, en la cual gobiernan principalmente ideas que hemos compartido, podrían producirse situaciones en las cuales perfectamente podríamos discrepar. No en materia de principios de la política económica, pero sí respecto de los instrumentos, y eso es lo que ha ocurrido", comenta.

-Ha pasado casi un año desde que se instaló la centroderecha en La Moneda. ¿Imaginaba que gobernaría como lo ha hecho?

-Los gobiernos siempre tienen, cualquiera sea la dimensión de tiempo que se evalúe, luces y sombras. Evidentemente el primer año de la administración del presidente Piñera también las tiene.

-¿Cuáles serían las luces?

-Fundamentalmente la forma en que atacó la reconstrucción. Fue muy notable cómo tuvo la voluntad, la capacidad de decisión y la tarea de implementación. A un año del terremoto, la tarea no digamos que ha terminado, pero el avance en materia de vivienda, educación, salud e infraestructura es evidente. También el rescate de los mineros queda registrado en la historia de Chile: desde el punto de vista de la eficacia, esta tarea marca una gran luz en el primer año de mandato del presidente Piñera.

-¿Y las sombras?

-Tuvimos una posición discrepante en materia tributaria. Pensamos que no era necesario el aumento de la tributación: no estaba en el programa del presidente y bastaba con una readecuación del gasto público más el aumento del precio del cobre que se veía venir. El royalty también fue un tema que miramos con un sentido crítico, porque este país ha tenido un activo muy importante en la estabilidad de las reglas del juego y si ésta comienza a deteriorarse se generan marcos de incertidumbre que, de alguna manera -no ha ocurrido hasta ahora, felizmente-, pueden alterar los esfuerzos de inversión en una mirada de largo plazo. El caso Barrancones, evidentemente, también se salió de la institucionalidad y ahí también emitimos un punto de vista crítico a la actuación de ese momento.

"El gobierno de Piñera debe tener -y tiene- un relato propio, el relato que fue dado a conocer a la opinión pública durante la campaña. Vale la pena reflexionar antes de comenzar a aplicar medidas de otro tipo. Piñera y su equipo de gobierno son gente muy capaz y con una concepción profunda de lo que es el pensamiento auténtico de la centroderecha".

-¿Y el balance final?

-Si uno hace un resumen del primer año global del gobierno, tenemos que manifestar nuestro grado de satisfacción. El país ha visto una nueva acción de gobierno, muy importante desde el punto de vista de la eficacia y la eficiencia: la tasa de crecimiento económico y la generación de empleos son aspectos dignos de destacar y, al final de cuentas, merecen una evaluación altamente satisfactoria.

Banderas ajenas

-¿Sigue dudando sobre que decisiones como subir los impuestos se inspiren más en arrebatarle banderas a la Concertación que en la propia agenda?

-Sigo creyendo que el gobierno de Piñera debe tener -y tiene- un relato propio, el relato que fue dado a conocer a la opinión pública durante la campaña. Vale la pena reflexionar antes de comenzar a aplicar medidas de otro tipo. Piñera y su equipo de gobierno son gente muy capaz y con una concepción profunda de lo que es el pensamiento auténtico de la centroderecha. Me imagino que en el ánimo de buscar puntos de compatibilidad pueden darse este tipo de decisiones, con las cuales no vamos en el camino que uno ha pensado se debiera transitar.

-¿No le parece que Piñera le hace el quite a la idea de aparecer como un gobierno de derecha?

-Cada vez se hacen menos clarificadoras las posiciones de izquierda y derecha. Hoy, la primera ha tomado en alguna medida los pensamientos de la segunda, fundamentalmente en el plano económico. Pero si bien se reconoce al mercado, en todo lo que es la parte social hay todavía un ánimo estatista que nos diferencia notablemente. Ahora, si el gobierno actuara con ese complejo que usted señala, yo lo encontraría lamentable, porque significaría la pérdida del vigor y la nueva forma de hacer gobierno que planteó el presidente en su campaña. Así es que confío que no ocurra.

"La nueva derecha es una anécdota"

-¿Cómo evalúa el afán por mostrarse como un gobierno distante de los empresarios?

-No creo que ningún gobierno pretenda adueñarse del pensamiento de los empresarios o de los trabajadores. Uno tiene que actuar en función del bienestar. Colocar las cosas en esa dimensión para que la imagen del Ejecutivo se aleje de los empresarios me parecería un pensamiento bastante pobre.

-¿Cuál debe ser para usted el sello de este gobierno?

-Creo que está fundamentalmente en la transición al crecimiento económico. Cuando uno ve lo que pasó en los gobiernos de la Concertación período a período, se observa una caída unida a bajas importantes de los niveles de productividad. Chile había generado ventajas competitivas muy importantes. ¿Por qué no las estábamos aprovechando? ¿Por qué teníamos que aceptar que la economía cayera y el gasto público creciera? El presidente Piñera tiene que darle importancia a mover a la sociedad chilena hacia esta segunda transición: la del crecimiento de la economía, la de la eficiencia, la de las ventajas competitivas. La transición -en definitiva- a incrementar el bienestar en función de la responsabilidad individual.

¿Nueva derecha?

-David Gallagher distingue a la nueva de la vieja derecha: la primera está encarnada en Piñera, y la segunda, en personas como usted. ¿Ve usted esa diferencia?

-Lo veo absurdamente intrascendente. El pensamiento de derecha tiene fundamentos muy sólidos: el Estado está al servicio de las personas; en el orden de la subsidiariedad; en el derecho de propiedad y en la libertad de emprender. Esos son para mí los cuatro aspectos fundamentales que deben estar presentes en el pensamiento de lo que se llama la nueva derecha o la antigua. Si no, estamos hablando de otro modelo, totalmente distinto.

-¿Usted no cree que haya una nueva derecha entonces?

-Cuando me hablan de la nueva derecha me pongo bastante escéptico y no logro entender qué es lo que se quiere vender. Si se tratara de una nueva imagen, ésta tampoco ha sido captada por la opinión pública. Se produjo ya el debate y quedó como anécdota. El tema de fondo son los cuatro fundamentos que operan como base para que la sociedad pueda tener nuevas condiciones de progreso.

-¿La derecha es una sola?

-La derecha es una sola.

-¿No le parece que Sebastián Piñera, a quien no se puede ligar históricamente con la derecha, tiene o siente la necesidad de despegarse de la derecha más ligada al pinochetismo?

-No voy a calificar intenciones. Pero cuando se analiza lo acontecido después del término del gobierno militar y se pregunta cuáles son las modificaciones esenciales que se han hecho, por ejemplo en la Constitución de 1980, ahí está: no ha habido cambio alguno. Está firmada por Ricardo Lagos, pero en los capítulos importantes, que son las bases fundamentales de la República, el cambio es cero.

"Creo que la del Presidente de la República es una figura que debe mantener un cierto hálito. En el caso de Sebastián, por A, B o C motivo, su manera de actuar -que hay que respetársela plenamente- a mí, por lo menos, no me convence".

-¿Qué le pasa cuando gente que participó en el gobierno militar hoy lo cuestiona?

-Me da mucha pena. Cada uno es dueño de expresar sus sentimientos y pensamientos, pero creo que la deslealtad es un tema que lamentablemente ataca a ciertas personas. Pero, al final, las realidades se imponen.

-Usted defiende los fundamentos institucionales heredados del gobierno militar, pero ¿qué pasa con el capítulo de los derechos humanos, que es el que ha generado el distanciamiento de muchos que participaron en él?

-Efectivamente hubo excesos en materia de derechos humanos. Fue reconocido por el presidente Pinochet en la carta que mandó desde Londres, donde asume la responsabilidad. Pero si vamos a medir su gobierno únicamente por eso, me parece que es de una mezquindad notable.

Estilo presidencial

-Piñera nunca ha sido santo de su devoción, ¿no es cierto?

-A ver, no hemos sido amigos. Lo conozco fundamentalmente de algunas reuniones en Libertad y Desarrollo, pero nunca hemos tenido una relación de confianza, de aprecio sí. Es el Presidente de la República a quien respeto, y cuando nos ha pedido colaboración ahí la ha tenido. Pero no digamos que hay cercanía. Sí debo decirle que cuando el presidente fue candidato a senador por Santiago Oriente (en 1989), yo estaba más en la línea de apoyar a Hermógenes Pérez de Arce, no públicamente, porque en ese tiempo tenía el cargo de ministro del Interior, pero mi voto fue evidentemente para él.

-¿Y por qué lo prefirió?

-Lo sentía más cercano a la tradición de la centroderecha. Piñera no había sido hombre de estos pensamientos en su etapa anterior. Hermógenes tenía una postura más favorable hacia el gobierno militar, cosa que evidentemente no tenía Sebastián. Él había votado por el No en el plebiscito, y eso para mí era un punto que me hacía estar mucho más cerca de Hermógenes Pérez de Arce.

-¿Se siente identificado con el estilo del presidente?

-No.

"La nueva derecha es una anécdota"

-¿Qué lo distancia?

-A veces se salta las formalidades del cargo. Yo creo que la del Presidente de la República es una figura que debe mantener un cierto hálito. En el caso de Sebastián, por A, B o C motivo su manera de actuar -que hay que respetársela plenamente- a mí, por lo menos, no me convence.

-¿Siente que daña la institución Presidencia de la República?

-No sé si la daña, pero por lo menos la coloca en un nivel que no corresponde a lo que ha sido la tradición de la Presidencia de la República. Yo sería bastante más cuidadoso en el resguardo de la formalidad.

-¿Qué le recomendaría en ese sentido?

-Todas estas actividades que realiza, como el helicóptero, resultan anécdotas, pero revelan. Lo conocimos así y lo elegimos así, como dijo Hinzpeter, pero uno quisiera que ojalá él pudiera custodiar esta figura del Presidente de la República, que es una institución bastante más protocolar.

-¿Con quién le hubiera gustado llegar a La Moneda?

-Difícil pregunta… Joaquín Lavín. Él habría sido una persona que me habría gustado ver ganando la elección cuando compitió con Ricardo Lagos.

-¿Pese a la distancia que tomó del gobierno militar por el tema de los derechos humanos?

-Fundamentalmente tomó distancia por ese lado.

-Y dijo que hubiera votado que No en el plebiscito de haber sabido.

-Eso no lo recuerdo. En ese caso, habría tenido mis dudas. Pero creo que Joaquín tiene el liderazgo para sacar las tareas adelante. Lo hemos visto en su actuación como ministro, en la búsqueda de estabilidad política para lograr acuerdos y sacar proyectos importantes. Él es un hombre que yo habría calificado como adecuado para asumir la Presidencia.

- ¿Y con quién le gustaría profundizar?

- No quisiera dar nombres en mi cargo de Libertad y Desarrollo. Sobre el pasado ningún problema.

- ¿Le habría gustado ver a Hernán Büchi en el Senado?

- Me habría encantado.

Llamado a la cautela

-¿Qué le parece Andrés Allamand en el Ministerio de Defensa?

-Tengo dos reflexiones. La primera es la forma en que se produce el nombramiento de estos ministros, que salen del Congreso: no me gusta, independiente de las habilidades. ¿No hay en la derecha chilena gente no parlamentaria que tenga las capacidades para ejercer los cargos de ministro de Defensa y del Trabajo?

"A la pregunta sobre el cargo que está ejerciendo Andrés (Allamand), creo que hay que actuar con prudencia y cautela política para evitar los enfrentamientos. Todas las instituciones en Chile tienen que actuar con grados de transparencia, pero tengamos mucho cuidado con que de conductas individuales esto se transforme en un cuestionamiento a la institución. Eso también me preocuparía".

-Parece que el presidente piensa que no…

-Creo que así como se hizo la tarea de búsqueda del primer gabinete, a lo mejor ahora faltó alguna investigación. Probablemente hay gente tan calificada como ellos, con quienes no se habría forzado la institucionalidad. Eso no me gustó. Hecho este alcance, a la pregunta sobre el cargo que está ejerciendo Andrés, creo que hay que actuar con prudencia y cautela política para evitar los enfrentamientos. Todas las instituciones en Chile tienen que actuar con grados de transparencia, pero tengamos mucho cuidado con que de conductas individuales esto se transforme en un cuestionamiento a la institución. Eso también me preocuparía.

-Se está generando la sensación de que Allamand viene a cerrar un proceso inconcluso de la transición: poner a las Fuerzas Armadas bajo la lupa.

-Yo creo que eso es peligroso. No digo que no haya que hacerlo, pero hay formas. Cuando se empieza a cuestionar toda la operatividad de las Fuerzas Armadas por hechos que probablemente hayan estado reñidos con las conductas razonables que uno espera, hay que actuar con extrema cautela para no poner en cuestionamiento la acción del conjunto.

-¿No cree que los gobiernos de la Concertación fueron en extremo cautelosos para no generar inestabilidad y les dejaron pasar cosas a las FF.AA., que hoy afloran?

-No. Francamente eso depende de la voluntad presidencial, y la hubo en Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet. Todos tuvieron la facultad para ejercer la transparencia en todas las instituciones. Las facultades estaban, que las hayan aplicado o no…

-Aplicarlas o no era un tema político.

-Creo que es reconocerles una actuación temerosa, que no creo que haya sido la característica de ellos cuatro.

-O sea, ¿usted descarta categóricamente que haya asuntos pendientes con las Fuerzas Armadas?

-Categóricamente.

-¿Allamand puede estar siendo un poco más impulsivo de la cuenta?

-Puede ser. Para mí, lo cuidadoso -porque estas cosas pueden haber ocurrido- es no confundir actuaciones individuales con actuaciones institucionales. Eso sería extremadamente grave.

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