Por Claudia Farfán M. Marzo 20, 2010

© Jorge Fuica

"Por favor, pídame un sándwich. No quisiera dejar de almorzar hoy", dice la nueva ministra del Sernam a una de sus asesoras en el gabinete. Carolina Schmidt lo solicita mientras está atenta al computador y a algunos documentos que están sobre su escritorio. Son cerca de las dos de la tarde del martes 16 y tiene un poco de tiempo para comer algo antes de continuar con su agenda. Se trata de un lapso casi excepcional en el frenético ritmo de trabajo impuesto por el presidente Sebastián Piñera a sus ministros. Sin ir más lejos, esta ingeniera comercial estuvo todo el lunes recorriendo la VII Región para atender a las jefas de hogar damnificadas por el terremoto. "Siempre he tenido jefes muy exigentes", dice.

Delgadísima e hiperkinética, la secretaria de Estado no pierde un minuto de su vida en el edificio de calle Agustinas, donde se encuentra la antigua sede del Sernam. En su nueva oficina ya ha instalado sus objetos personales más preciados: las fotografías de su marido y de sus tres hijos, el retrato en blanco y negro de la actriz Lana Turner -una de sus favoritas- y un grupo de pequeñas esculturas que recibió cuando fue distinguida como ejecutiva de Nine West y como gerente general de Foods Company, la compañía de alimentos del grupo Luksic.

Junto a sus reconocimientos hay otra fotografía que llama la atención. En ella Schmidt aparece con Michelle Bachelet. Fue tomada el 2006, cuando la ex presidenta la llamó para trabajar en temas de la infancia. Ya entonces la actual titular de Sernam se interesaba por lo público y dedicaba parte de sus horas libres a colaborar en ComunidadMujer. Justamente fue este heterogéneo currículum lo que habría convencido al actual mandatario de nombrarla en el cargo.

-¿Por qué decidió dejar una carrera consolidada en la empresa privada para asumir como ministra del Sernam, un cargo que puede tener costos personales y políticos?

-No dudé en aceptar. Soy una persona muy afortunada en términos de oportunidades en la vida, entonces si a uno le piden ayuda tiene el deber de devolver la mano. Además, es un privilegio trabajar con un equipo de excelencia.

-¿Qué sintonía tiene con las reivindicaciones del género femenino?

-Mucha cercanía. Más aún, le diría que se trata de una sintonía muy personal. Vengo de una familia tradicional: soy la única mujer entre cinco hermanos hombres y las diferencias que hacían conmigo por este hecho me parecían siempre injustas.

-¿A qué se refiere?

-Por ejemplo: mi familia veraneaba en el campo, donde se viven hitos muy emocionantes. Uno es el día de la capadura de los toros. Mis hermanos partían temprano a esa actividad y cuando yo me subía a mi caballo para acompañarlos, me decían: "No, Carolina, tú no, porque tienes que ayudar a preparar el almuerzo. Esto es algo de hombres". También recuerdo que jugaba fútbol con mis hermanos -era arquera-, sin embargo, para el partido oficial nunca me incluían y me veía en la obligación de quedarme haciendo barra.

-Ha pasado gran parte de su vida en cargos gerenciales, un mundo eminentemente masculino, ¿cómo se sobrevive con éxito siendo mujer?

-Tuve la suerte de contar con jefes que reconocieron mi capacidad. Nunca me sentí discriminada. Pero sí notaba que debía validarme en materias en las cuales un hombre no necesitaba hacerlo. También está el tema de conciliar familia y trabajo. Muchas veces he sentido que, mientras mayores responsabilidades tienes en la oficina, más debes demostrar que eres buena madre. Y se pone en duda que una mujer con cargos de mayor responsabilidad pueda tener un hogar bien constituido. Si un hijo tiene algún problema en el colegio, en estos casos, generalmente, se culpa a la madre.

El liderazgo de Bachelet

-¿Se identifica con el feminismo?

-Hoy, nadie desconoce que somos muy importantes en todas las facetas de la vida. Por lo tanto, quedó atrás el feminismo contestatario, cuyo eslogan pregonaba que hombres y mujeres somos iguales. Actualmente, lo primero que se reconoce es que somos distintos, pero que tenemos el mismo valor. No es necesario que debamos actuar como un hombre para ser reconocidas. Las mujeres queremos aportar a la vida pública desde nuestra propia naturaleza femenina.

-¿Diría que el estilo de Bachelet se tradujo en un beneficio para las mujeres chilenas? -A veces, ella mencionó que sentía el peso de fallar, porque de ser así podía afectar el liderazgo femenino. Yo creo que su estilo fue reconocido y valorado por los chilenos.

-En un comienzo, se criticó mucho desde la derecha el estilo de conducción de la ex presidenta Bachelet, ¿comparte esa visión?

-Ella demostró que un liderazgo ejercido desde la esencia femenina es muy valorado por la gente. Rompió ese mito que existe sobre la necesidad de gobernar de manera autoritaria y golpeando la mesa, lo que es bastante masculino.

-¿Diría que el estilo de Bachelet se tradujo en un beneficio para las mujeres chilenas?

-A veces, ella mencionó que sentía el peso de fallar, porque de ser así podía afectar el liderazgo femenino. Yo creo que su estilo fue reconocido y valorado por los chilenos.

-En su gobierno se promovió el concepto de discriminación positiva a favor de la mujer. ¿Es partidaria de aplicar este principio de igualdad?

-Los resultados de la discriminación positiva o ley de cuotas, en general, no han sido buenos. Si se abre espacio a una mujer sin la capacidad para ejercer un cargo de responsabilidad, lo más probable es que su designación produzca el efecto adverso, es decir, que cree una suerte de anticuerpo frente a la participación femenina en esferas de poder. Distinto es cuando una mujer asciende por sus propios méritos.

-Hay un grupo de diputadas que le pidieron a su partido -el PPD- asegurar un porcentaje de representación femenina parlamentaria. ¿Qué le parece?

-En el ámbito político es muy difícil para la mujer estar dentro de los seleccionados para postular a ciertos cargos, pese a que, cuando lo logran, tienen mucho éxito y son reelegidas por la gente. Los jóvenes también se encuentran con este impedimento. Por esa razón, pienso que debe haber reformas en los partidos, de manera de garantizar la participación de todos estos actores. Esto es muy distinto a establecer una ley de cuotas.

-¿No constituye un retroceso para el género femenino que el gabinete de Sebastián Piñera sólo cuente con seis ministras?

-El presidente nombró a las personas que consideró más competentes para ejercer los distintos cargos, más allá de los cuoteos políticos y de género. Esto es algo que se agradece.

La agenda valórica

-Desde el punto de vista valórico el oficialismo está dividido, ¿se siente más cerca del sector conservador o de las posturas liberales?

-Es bastante relativo. Para la gente más conservadora, yo soy liberal, porque defiendo la participación de la mujer en la vida pública. Pero desde los sectores más liberales pueden decir que soy conservadora, porque estoy ante todo por fortalecer a la familia.

-¿Cuál es su concepto de familia? ¿Habla de un grupo nuclear unido por el matrimonio?

-Hablo de un hogar, porque el ser humano no está hecho para estar solo. En todo caso, los cambios sociales dan cuenta de que el concepto de familia ya no es el de una película de los años 60: el papá, la mamá y los tres niños. Hoy, cerca de un tercio de los hogares chilenos son manejados por una mujer.

-¿Cabe en su definición de familia el matrimonio entre homosexuales?

-Quiero ser bastante clara en decir que el matrimonio, por esencia, es entre un hombre y una mujer. Por ese motivo, no está en los planes de gobierno incluir una reforma de esa naturaleza.

Qué piensa Schmidt

-Durante la campaña presidencial, los senadores Chadwick y Allamand dieron a conocer una propuesta para regular el patrimonio de las parejas del mismo sexo. ¿Está de acuerdo?

-Sí, creo que en este campo hay espacio para hacer reformas y se van a evaluar algunas modificaciones que permitan a las personas ejercer su derecho sobre el patrimonio de sus respectivas parejas.

-En la UDI no fue bien visto que en la franja televisiva de Sebastián Piñera se incluyera a una pareja gay. ¿Qué le pareció esa imagen?

-Los homosexuales tienen todo el derecho a participar en la vida pública.

-¿Está de acuerdo con la distribución de la píldora del día después?

-El gobierno tiene una opinión bastante clara al respecto. No hay ninguna evidencia científica que demuestre que la píldora del día después es abortiva y, por lo tanto, en este gobierno su distribución se autorizará, para que las mujeres de distintos sectores económicos tengan acceso a ella. En los casos donde los involucrados son menores de edad, su venta debe ser con la autorización de los padres.

-¿Cuál es su posición frente al aborto?

-Creo en la defensa de la vida y, por lo tanto, soy contraria al aborto.

-¿Qué piensa del aborto terapéutico?

- El término es  una contradicción, porque aborto significa  matar y terapéutico sanar. Si buscando salvar a la madre, como efecto no deseado el hijo muere, eso no es un aborto. Es muy importante distinguirlo.

-En su programa de gobierno, Sebastián Piñera aludió a la fertilización asistida como un tratamiento viable sólo para matrimonios. ¿Lo cree así también?

-Entendemos como un derecho de los niños el que nazcan dentro de una familia. Eso primero que todo. Pero también hay que entender a aquellas mujeres que quisieran tener un hijo y no tienen una pareja. No es una discusión cerrada, pero no está entre nuestras prioridades por ahora.

Las prioridades de la ministra

-¿En qué forma asume usted, una ex ejecutiva de empresas, la conducción de un ministerio de carácter social?

-En este ministerio fijaremos metas cuantificables, de manera de ir evaluando el aporte que hacemos al país. Soy una convencida de que la participación de la mujer en el mundo del trabajo es clave para que Chile salte al desarrollo y, por lo tanto, una de las metas más importantes será incorporarla al campo laboral. En nuestro país hay un millón de  mujeres que debieran estar trabajando y no lo están. Según cifras del Banco Mundial del 2007, sólo existe un 43% de chilenas en puestos de trabajo, en comparación al 51% que tiene el resto de Latinoamérica y al 65% que registran los países de la OCDE.

"Los cambios sociales dan cuenta de que el concepto de familia ya no es el de una película de los años 60: el papá, la mamá y los tres niños".

-Su antecesora en el cargo, Laura Albornoz, impulsó una fuerte ofensiva legal para combatir la violencia en contra de la mujer. ¿Es partidaria de castigar ese delito con penas ejemplarizadoras?

-Todavía tenemos niveles de violencia intrafamiliar importantes. Por lo tanto, hay metas bastante claras en términos de reducir la cantidad de agresiones y de homicidios que sufren las mujeres en nuestro país. En ese sentido, apoyaremos el proyecto de ley sobre femicidio que se discute en el Congreso, iniciativa que establece penas severas para los cónyuges o ex parejas que ejerzan esta clase de violencia.

-¿Está entre sus prioridades corregir la desigualdad de sueldos que existe entre hombres y mujeres que cumplen un mismo rol laboral?

-Nadie puede estar de acuerdo con que dos personas que desempeñen la misma función tengan una diferencia en su sueldo. Eso es inaceptable. Ahora, no es algo que se pueda corregir por ley.

-¿Por qué cree usted que esta diferencia de ingresos se da con frecuencia en los cargos de mayor responsabilidad en las empresas?

-Hay que considerar varias cosas. Muchas veces las mujeres negociamos nuestros sueldos de manera distinta a los hombres. Por ejemplo, aceptamos recibir un ingreso menor a cambio de otros beneficios, como mayor flexibilidad de horario, más vacaciones o trabajar desde la casa.

-¿Para usted eso constituye una compensación?

-No, no. Lo que digo es que cuando miras una cifra tienes que observar todos los factores de un acuerdo y no solamente el sueldo, porque éste no es el único elemento a negociar. Pero insisto: ¡nada justifica que personas que ocupan el mismo cargo tengan un sueldo distinto!

-¿A los empresarios les da lo mismo contratar a un hombre o una mujer?

-Se ha producido un cambio enorme, porque al principio se pensaba que las mujeres podían no darles el mismo grado de importancia o tiempo a determinados temas. Mi experiencia es que en el mundo de la empresa privada hoy es tremendamente valorado el aporte y estilo de las mujeres. El problema más grave lo tenemos en los quintiles más bajos, en las personas menos capacitadas: ahí tenemos un índice de participación muy bajo.

-Se ha dicho que uno de los pilares de este gobierno será impulsar la flexibilidad laboral. ¿Esto puede traducirse en una desprotección hacia las trabajadoras?

-Desgraciadamente cuando se habla de flexibilización se genera mucho temor ante la vulnerabilidad. Pero actualmente la rigidez deja a muchos hombres y mujeres fuera del sistema laboral. Respecto a la población femenina, me parece escandaloso que tengamos una de las tasas de participación más bajas del mundo. Chile ocupa el lugar 112 entre 134 países. Por esa razón, un gran desafío que tenemos es  encontrar vías alternativas que permitan a hombres y mujeres acceder a jornadas de trabajo mucho más flexibles.

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