Por Paula Comandari Octubre 30, 2014

© Renato del Valle

"Mucha gente exitosa se cree el cuento. El riesgo del éxito es sentir que puedes hacer cualquier cosa. Es en ese momento cuando empiezas a cometer errores. El exitismo muchas veces te hace perder la humildad. No preguntas, llegas y sigues. Como te ha ido bien, tiendes a pensar que te va a seguir yendo bien"

No son pocos los desafíos que ha enfrentado Juan Andrés Camus en sus primeros seis meses como presidente de la Bolsa de Santiago. Sus energías se han enfocado en encontrar la fórmula para combatir los conflictos de interés que existen en las corredoras. Porque para él, el mercado debe ser mucho más transparente de lo que es hoy. En esta entrevista, el empresario se hace cargo de sus propios conflictos y de las críticas que ha recibido por su gestión. Sobre todo en el caso Cascadas.

Aquí, además, realiza una radiografía de su generación y de cómo el éxito afectó a varios de los empresarios de su edad, muchos de los cuales se “creyeron el cuento”. “El riesgo del éxito es sentir que puedes hacer cualquier cosa”, dice. Y lo recalca justo ahora, en medio del estallido de varios conflictos, el caso Penta y la colusión en distintos mercados, que han golpeado fuertemente al empresariado.

Al también socio de BTG Pactual no le tiembla la voz para condenar las malas prácticas y afirma que la legislación chilena debiera cambiar y parecerse al sistema estadounidense, que sanciona de igual manera a “alguien que roba una gallina, como al que roba un banco o evade impuestos”.

-Su gestión se centrará en combatir los conflictos de interés. No es el primer conflicto el hecho que usted sea socio de un banco al mismo tiempo que presidente de la Bolsa.
-Uno podría interpretarlo así. Pero los conflictos de interés son potenciales. Lo que uno debe hacer cuando se enfrenta a uno es abstenerse y no participar en esas decisiones.

-A muchos les hace ruido que los directores de la Bolsa sean hombres de las corredoras.
-Ese es un tema que ha sido ampliamente debatido, pero está en los orígenes de las bolsas en Chile, que han sido todas mutuales. Se ha conversado la idea de desmutualizarla en varios foros, proceso que se ha generalizado en la mayoría de los países. Estamos estudiando el tema, pese a que nuestra Bolsa es semidesmutualizada: somos una sociedad anónima abierta, entregamos información pública, es supervisada por la SVS, y tenemos 29 corredoras -cerraron recién 2- y hay 48 acciones, o sea hay más acciones que corredores. En nuestra Bolsa hay varios accionistas que no son corredores pero les interesa como inversión. Esos intereses también están representados en el directorio, y hay uno que es independiente.

-Sólo uno y nunca son hombres tan independientes…
-La independencia en materia de directores tiene que ver con que son dependientes del controlador, y la Bolsa no tiene un controlador, por lo tanto, sí son independientes. Pero la condición de mutual tiene que ver con el concepto de que para ser corredor hay que ser accionista, y eso lo vamos a revisar, aunque hoy es factible comprar esa acción, que cuesta como 4 millones de dólares. Estamos estudiando los pros y contras.

-¿Cuál es su modelo ideal?
-La desmutualización me parece un mecanismo más razonable de operatoria. Es más sustentable porque se eliminan varios conflictos de interés: el más importante, que la supervisión de la Bolsa no sea sobre sus mismos accionistas. Al dejar de ser ellos los accionistas, empieza a haber otros intereses en juego que hay que respetar; y debe monitorear la operatividad diaria de la institución; que se cumpla la normativa bursátil.

-Pero en Cascadas no se cumplió.
-Sí se cumplió. La sentencia reconoce que las transacciones cumplieron las formalidades. La conclusión de la SVS es que las irregularidades se habrían cometido cuando se analizan las operaciones en su conjunto. En todas partes, desde luego en Wall Street, han ocurrido cosas mal hechas. Por eso se han desarrollado restricciones, reglas, normas y códigos de conducta para evitar la repetición de hechos ocurridos y que se han considerado malas prácticas. Ahora, esta conducta del ser humano no va a desaparecer del planeta, ni en Wall Street, ni aquí.

-La transparencia es uno de sus principales desafíos. Cómo satisfacer ese deseo cuando, a vista de la gente, el directorio de la Bolsa está constituido por el mismo club de amigos de siempre.
-Esa es la sensación que tiene la gente. Pero no es así. Esta es una sociedad anónima abierta, donde sus directores son elegidos por los accionistas, en un mercado competitivo. Funciona formalmente y puedo asegurar que no permitiría que esto se organizara como un club de amigos.

-Cuando asumió la presidencia de la Bolsa muchos aplaudieron que una persona como usted tomara ese puesto. Pero tras su decisión de no suspender a LarrainVial varios se desilusionaron.
-Soy una persona que actúa con la razón y no con el corazón. Frente a cada hecho hay que estudiar los antecedentes, la norma, y lo que corresponde hacer. En este caso pedí un informe en derecho a un jurista reconocido, y también al comité de buenas prácticas y me formé una opinión.

-La ley de mercado deja claro que al menos debía haber abierto una investigación, el artículo 49 señala que la Bolsa deberá sancionar a sus miembros con expulsión cuando haya operaciones ficticias. Incluso más: el artículo 51 dice que, si no lo hace, la SVS podría suspender a la Bolsa. ¿Para qué existen las leyes?
-La SVS fue la que hizo la investigación. Las sanciones propuestas son contundentes y disuasivas para que este tipo de acciones no se repitan. En las investigaciones que la Bolsa realiza constantemente a las corredoras, por supuesto que la ley se aplica.

-Importantes abogados consideran que no está haciendo un buen trabajo.
-He tenido discusiones con muchos de ellos y otros actores que tienen opiniones discordantes. Me importa lo que piensan, y me gustaría que no fuera así, pero yo no trabajo para la galería. Tengo mis propias convicciones y actúo de acuerdo a lo que estimo correcto hacer. Por supuesto que no soy infalible, pero no estoy en este puesto para darle el gusto a la gente.

-El hecho de que la Bolsa esté cuestionando a varias intermediarias, entre ellas a BTG Pactual -de la cual usted es socio-, por realizar operaciones que buscaban que las corredoras y sus clientes vip no pagaran patentes no lo inhabilita?
-Nadie puede ni debe preguntarle a un cliente cuando te da una orden por qué lo está haciendo. La obligación fiduciaria de un corredor frente a un cliente activo que da órdenes es cumplirlas sin preguntar el propósito. Pero aquí hubo una denuncia de un medio, y la mínima responsabilidad es investigar. Eso estamos haciendo.

-¿Y no es un conflicto de interés que usted investigue al banco del que es socio?
-Yo no lo estoy investigando.

-Pero usted es la cabeza de la Bolsa.
-La Bolsa tiene una unidad de auditoría. Ellos hacen la investigación de acuerdo a los procedimientos usuales y luego la presentarán al directorio. Si algo puede afectar a algún director, éste se debe abstener. Lo que hay que definir es cuál fue la irregularidad si es que hubo alguna: empezamos a recabar la información que enviaron las corredoras hace una semana, procesarla es un proceso lento.

"EL TELEFONAZO YA NO EXISTE"

-¿Los últimos casos -Cascadas, Penta, la colusión de los pollos- son una muestra de que en Chile hay malas prácticas instauradas en el sistema?
-Todas las cosas que han aparecido como malas prácticas, antes fueron prácticas que se hacían y se convierten en malas prácticas cuando éstas son descubiertas y salen al conocimiento público. El tema es que éste es un mercado que está en un proceso de maduración. Hace 25 años se transaban al día 2 millones de dólares, hoy se transan diariamente 130 millones de dólares. Antes no había recursos ni medios para mirar todo lo que se estaba haciendo. Hoy los medios y el mercado cuentan con mucho más información y nos podemos enterar de muchas cosas que antes no se podían ver. Que estaban tapadas. Es parte del camino a la transparencia.

-¿Cómo define a su generación de empresarios?
-Fuimos una generación que nos tocó vivir bastante duro. Fuimos activos en la reestructuración de la economía chilena. Después nos tocó la crisis del 82 que fue terrible. Debimos aprender mucho, y vivimos en un ambiente en que éramos muy pobres. Tuvimos que ser austeros y trabajar muy duro para construir lo que hoy tenemos. Las cosas se resolvieron con mucho trabajo. Hubo gente que lo pasó muy mal, gran desempleo y muchas personas se arruinaron. Pero a partir de ello se diseñó una economía de mercado que ha sido admirada en todo el mundo. Eso uno lo mira con algún grado de orgullo.

-¿Hay un tema en el hecho de que casi todos sus pares se hayan hecho ricos muy jóvenes y con posiciones de poder importantes muy rápidamente?
-En este proceso efectivamente hubo gente que tuvo mucho éxito. En varias generaciones no pasó una cosa como ésa. Eso generó consecuencias en la sicología de las personas: ese éxito, que era una cosa que no se veía, fue sorprendente, pero generó trastornos de personas o de grupos de personas, que en algún momento explotan.

-¿El éxito los endiosó?
-Algo de eso hay. Muchas veces el exitismo de las personas les hace perder la humildad, que es una característica que ayuda mucho a las personas a poder resolver bien las cosas. Cuando uno tiene un grado razonable de humildad, pide opiniones y consensúa las cosas. A veces, cuando uno es muy exitista no pregunta, llega y sigue. Como te ha ido bien, tiendes a pensar que te va a seguir yendo bien.

-¿El éxito los encegueció en el sentido de dejar de diferenciar lo que está bien de lo que está mal?
-No se puede hacer una generalización. La personalidad de las personas tiene una distribución normal, pero es posible que el éxito termine por confundirte y que los árboles no te dejan ver el bosque y tu conducta se vaya a una de las colas de la curva. Dejas de prestar la debida atención a cosas importantes. Eso puede llevarte a la equivocación. Mucha gente exitosa se cree el cuento. El riesgo del éxito es sentir que puedes hacer cualquier cosa. Es en ese momento cuando empiezas a cometer errores.

-En los últimos meses, hemos visto a destacados empresarios enredados en operaciones o actuaciones para algunos delictivas, para la mayoría mal vistas. El caso Penta, el caso Cascadas. ¿Por qué cree que muchos han caído en este tipo de triquiñuelas que terminan empañando al empresariado?
-La mayoría de las personas son honestas, hacen las cosas bien y son cuidadosas. Lo que sucede es que a veces en estos procesos de crecimiento rápido hay mucha delegación de poder, y se pierde el control de algunos detalles. Y se producen prácticas poco sanas.

-¿Que prácticas poco sanas ve usted?
-Creo que no hay que prejuzgar. En el caso Penta aún no hay un juicio. Pero con toda claridad me parece pésimo e impresentable que se hagan facturas falsas. No se pueden aceptar ese tipo de prácticas.

-¿Le ganó la codicia al empresariado?
-A algunos empresarios les ganó la codicia, pero en general pienso que han hecho un proceso exitoso y bueno para Chile. Este país ha disminuido la brecha respecto del ingreso de Estados Unidos de un 20% hace 30 años al 45%. Se ha hecho una cuestión increíble. Es el único país de Latinoamérica que ha logrado esta trayectoria, salir de la pobreza, y tener la sociedad que tenemos. En el camino hay cosas que se han hecho mal, y yo no las justifico, pero sumando y restando estamos mucho mejor. No hay progreso sin ningún riesgo.

-Pero existe la sensación de que en Chile aún las cosas se resuelven entre cuatro paredes, con un telefonazo.
-Creo que eso ya no existe. Eso es del pasado. Hoy hay mucho más responsabilidad respecto de la transparencia de los procesos de toma de decisiones. Nadie se echa encima una decisión sin pensar que está bien tomada. Siempre queda algún grado de influencia, pero a partir del 2000 que tocaron años difíciles en lo económico, hubo un presidente -Ricardo Lagos- cuya frase quedó bien marcada: dejemos que las instituciones funcionen. Eso es algo que le dio una vida más republicana a nuestra sociedad.

-Los empresarios quisieron mucho al presidente Lagos. Pero en este gobierno pareciera que se decidió poner más mano dura y romper el acuerdo tácito de que a los hombres de negocio no se les toca.
-Yo no creo que en un país como Chile tengan que existir ciudadanos de distintas categorías.

-Pero en Chile un ciudadano que roba una película pirateada se va preso y quien comete un delito económico difícilmente termina en la cárcel.
-Me parece espantoso e injusto. Y creo que eso sucede, porque la gente con más recursos cuenta con medios para defenderse. Pero eso no significa que sea impune, o que pueda hacer lo que quiera. Las cosas mal hechas tienen que ser sancionadas, si no estamos en la selva.

-Se dice que hace algunos años el caso Penta se habría cerrado con el SII pidiendo en privado a la empresa que pagara lo adeudado. ¿Hay una decisión política de que esto sea distinto?
-Creo que hay muestras claras de que eso es así. Pero tampoco hay que convertir esto en un juicio público. La gente que ha hecho cosas incorrectas debe tener el debido proceso. Allanar la casa del ex ministro Velasco, por ejemplo, me parece chocante. No digo que no haya que investigar, pero a Velasco le causaron un daño en su imagen antes de tener un juicio. Eso no me parece bien.

-¿El caso Penta alertó a las personas para ordenar el pago de sus impuestos?
-Sin duda. Obviamente que la gente ve que hay prácticas que pueden meterte en problemas y para de hacerlo. Estas cosas tienen mucho impacto.

"LAS NUEVAS GENERACIONES SON DISTINTAS"

-La comisión de expertos formada por el presidente Piñera para la creación de un nuevo Código Penal propuso penas concretas para los delitos económicos, incluidos los tributarios. ¿Está de acuerdo con eso?
-Estoy absolutamente de acuerdo.

-Sin embargo, el proyecto final que el ex presidente envió al Congreso eliminó las penas para este tipo de delitos, ¿qué opina?
-Opino que debieran incluirse. Que las sanciones tienen que ser proporcionales al daño causado. No puede ser que haya pena para una persona que se robó una gallina y no para una persona que entra a robar un banco o estafa vendiendo productos falsos.

-¿Y el que evade impuestos?
-También. Evadir impuesto siempre ha sido gravísimo. Ahora la maraña legal que se puede hacer para pagar legalmente menos impuestos -que llaman elusión- es distinta y no sé si esté mal hecho, por algo existen los distintos sistemas. No se puede decir a priori que las personas no puedan organizarse de la manera que más les convenga para pagar sus impuestos.

-En EE.UU. existe una regulación estricta para sancionar los delitos económicos. La colusión es castigada con 10 años de cárcel, aquí no es delito. ¿Cuál es su visión respecto a estos escenarios tan opuestos?
-En Estados Unidos todo lo que es engaño cae en el terreno penal. Pero la legislación nuestra es distinta. Entonces yo digo ¡que cambien la legislación! No nos echen la culpa a nosotros. Creo que hay delitos económicos muy graves, y todo ello que atente contra la competencia es dañino, porque la gran gracia de la economía de mercado es que haya mucha competencia y eso beneficia al consumidor. Esas actitudes deberían ser penalizadas con una regulación, como en Estados Unidos.

-Las nuevas generaciones han criticado el actuar del empresariado tradicional en el sentido de rechazar “las antiguas formas”. ¿Ve diferencias entre su generación de empresarios y las nuevas generaciones?
-Definitivamente. Vamos evolucionando. Lo que veo de las generaciones más jóvenes es gente muy correcta, que le gusta que las cosas se hagan bien. Cuando salimos de la crisis de los 80 estábamos todos golpeados, en malas condiciones, y empezamos a trabajar con los recursos que había. Hoy hay muchos más recursos, la gente está mucho más educada. Hoy contamos con profesionales que han estudiado afuera y que se han interiorizado en las buenas prácticas.

-¿Qué malas prácticas se han dejado atrás?
-Por ejemplo, la llamada por teléfono. En las generaciones nuevas esto de llamar por teléfono a alguien y decirle “oye, no hagas esto” no se usa. La gente aprende que tiene que competir y hacer las cosas como corresponde y que tiene que ganar el mejor.

-El empresariado antes podía hacer y deshacer. Eso parece estar cambiando…
-Hoy es significativamente menos. La correlación de fuerza y poder ha cambiado en este país, producto de la evolución política y económica. Antes, cuando había altos niveles de desempleo, la gente tenía susto de quedarse sin pega, eran mucho más sublimes. Eso se acabó. Hace algunos años las personas eran más dependientes de una persona con poder, podían ser manipuladas por miedo a lo que podía pasar en el futuro. Con más oportunidades eso se empieza a diluir, entonces a ti te llaman y no haces caso. La relación de poder entre un empleado y un empresario es hoy completamente distinta: la persona sabe que le puede contar a la prensa si recibió un llamado manipulador.

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