Por Paula Namur // Fotos: Mabel Maldonado Diciembre 7, 2017

Pasar por el centro de Santiago y descubrir mirando hacia arriba, entre los árboles, una torre neogótica de 40 metros de altura no parece algo de todos los días. Pero al avanzar por la calle Carmen hasta Curicó, eso es precisamente lo que pasa. Rodeada de edificios habitacionales, algunos de más de 20 pisos, se encuentra la iglesia Dulce Nombre de María, en Carmen 160, a un costado del Instituto Comercial Blas Cañas. Y aunque justo al frente hay un par de edificios de no más de cuatro pisos, la edificación parece arrinconada en una calle demasiado angosta como para que se luzca su notable arquitectura, que alberga casi 150 años de historia de la Iglesia Católica en Chile.

Es domingo a las 11:00 de la mañana, y un centenar de feligreses están puntuales para empezar la misa que cada semana se celebra en esta iglesia. Algunos están con jockey con los colores patrios de Venezuela. Mientras, cerca del altar una bandera venezolana rodeada de velas recuerda que esta iglesia se ha transformado en un lugar de culto para inmigrantes de otros países sudamericanos que viven en el barrio.

En la construcción de esta iglesia se utilizaron vitrales traídos de Francia.

Coincidencia o no, la lectura de ese domingo también lo recuerda. “No oprimas a los extranjeros. Tú sabes lo que es ser extranjero, porque tú también lo fuiste en la tierra de Egipto”, dice una voz femenina leyendo el evangelio.

Quizás sus feligreses no sepan mucho de su historia, pero fue construida precisamente por alguien que no era chileno.

La construcción estuvo a cargo del pintor y profesor de artes italiano Alejandro Cicarelli, quien fundó y dirigió por veinte años la Academia de Pintura y Escultura en Santiago. Años antes, Cicarelli había donado el terreno contiguo para la congregación Casa de María Santísima, la primera congregación religiosa de Chile, fundada en 1856 por el presbítero Blas Cañas. En ese lugar hoy está el convento de las hermanas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, quienes están a cargo de la administración de la iglesia.

Las obras comenzaron en 1876 con recursos conseguidos por el presbítero Blas Cañas para la congregación, que por ese entonces se encargaba de asilar a mujeres jóvenes. El mismo Blas Cañas pidió la licencia al Arzobispado para construir esta iglesia, para que sirviera para las actividades de esa congregación religiosa.

La iglesia, de 796 metros cuadrados, fue construida con fierros y pequeños ladrillos de la época, unidos por una mezcla de guano y clara de huevo, de buena resistencia, pero muy costosa para la época, según consta en los archivos de la iglesia. Se dice que el pavimento de losetas estilo panal data de la época de su construcción, y tiene alrededor de 120 bancas, de las cuales —también se dice— muchas datan de esa fecha. También en su construcción se utilizaron vitrales traídos de Francia. Aprovechando sus conocimientos de pintura, Cicarelli pintó lienzos de contenidos religiosos, muchos de los cuales todavía se conservan.

Luego de dos años y de dificultades económicas para terminar su construcción, fue inaugurada en mayo de 1878.

La iglesia ha resistido tres terremotos que han dejado principalmente grietas, pero los de 1985 y 2010 obligaron a cerrar sus puertas durante un año para reparaciones mayores.

Al lado izquierdo del templo hay una pequeña habitación, algo así como un museo, donde se muestran ornamentos, escrituras y reliquias del fundador de esta congregación, incluyendo su corazón.

 

Relacionados