Por Constanza Gutiérrez Septiembre 22, 2017

Antisocialites,de Alvvays

Con su primer disco homónimo parecía que Alvvays estaba subiéndose tarde a una ola que Best Coast ya había montado con mucha destreza sólo un par de años antes: la del jangle pop sesentero (ese que cultivaban los Byrds) y la distorsión del pop ochentero, como The Jesus and Mary Chain. No había nada nuevo en los pobres Alvvays, con su pop de guitarras distorsionadas y una voz femenina muy suave. Sin embargo, la calidad de las composiciones se impuso. Molly Rankin, su vocalista, guitarrista y compositora, crea melodías pegajosas y a la vez es concisa; nada sobra en la estructura de sus canciones, así que todos olvidamos que ya había muchas bandas como esa y entendemos por qué Alvvays pasó los últimos tres años tocando en grandes escenarios como Glastonbury y Coachella, además de componer Antisocialites, su segundo disco, que acaban de lanzar hace unos días. En él, Alvvays nos ofrece algo parecido, pero no igual. Tenemos lo que ya nos gustaba: canciones tristes y alegres a la vez, como un melancólico y radiante día de sol; las referencias a la playa y el mar, y las particulares y pegajosas melodías vocales de Rankin (un sello), pero también tenemos la ampliación de su sonido y de referentes, lo que puede notarse especialmente en que ahora suenan mucho más limpios, y también en los ritmos. Ese contraste es particularmente interesante y bonito: el de la voz de Rankin, suave como para mecer una cuna, indiferente a la rapidez y energía con la que ahora corren el bajo y la batería, cosa que no pasaba en su primer disco. Esta vez podemos encontrarnos con canciones como “Plimsoll Punks”, mucho más punk (pero aún pop: la música y la letra son una clara referencia a “Part Time Punks” de Television Personalities) o “Your Type”, que con sus guitarras y melodía vocal —venidas del country y pasadas por filtros— es quizás el mejor ejemplo de lo que está haciendo Alvvays ahora: una síntesis. Este segundo disco de Alvvays lo tiene todo: ritmo, drama, alegría, estructuras reconocibles y talento vocal. ¿Qué más se le podría pedir al pop?

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