Por Marisol García Mayo 12, 2017

Discos con referencias a barrios en el título:   Cuatro caminos, de Café Tacuba; Valentín Alsina, de 2 Minutos; Bailables de Cueto Road, de Mauricio Redolés. Diego Amador saluda en su nuevo disco al peculiar sector de Sevilla en el que se crió. Soy de Las 3000 muestra el extremo perfeccionamiento al que lo llevaron las primeras lecciones tomadas en un sector urbano famoso a la vez por su delincuencia y la profusa cosecha de grandes figuras del flamenco. Allí crecieron, entre otros músicos,  los hermanos Amador, destacados primero por el trabajo de Raimundo y Rafael en el conjunto Pata Negra. El menor es Diego (nació en 1973), fusionador virtuoso y ejecutante aplicado desde los 7 años, de asombrosa técnica en el cante y sobre el piano (y también en la batería y la guitarra; “toda la guitarra en el piano”, describe), y que luego de destacar en un llamado flamenco-jazz (se le presentaba en Estados Unidos como “el Ray Charles gitano”) trabaja en esta etapa en el encuentro entre su molde y lo que colaboradores como el venezolano Oscar D’León le aportan en ritmo latino; sobre todo salsa y timba.

“Me acostumbré a entender la música compartida. Nunca he sido competitivo, en el sentido de tener miedo a que si enseño algo, me lo van a quitar”, dice Amador en su primera promoción para Chile, donde debutará en vivo este sábado. “El barrio en el que yo he vivido es una familia grande, una comunidad donde siempre estuvo la puerta abierta para que entremos. Y mi padre nos enseñaba un acorde en la guitarra lo mismo a los hijos que a los amigos que llegaban de visita”.

—Tienes, sin embargo, un estilo propio, distinguible como tuyo.

—Creo que uno de los privilegios más grandes que tengo es no envidiar a nadie. No por modestia, sino porque desde muy pequeñito no quería parecerme a nadie, quería ser Diego Amador. Desde niño rayé los discos de Paco de Lucía, de Niño Ricardo, de Camarón de la Isla, de Miles Davis, de Bill Evans... y, sí, en algún momento tú los imitas, pero quería primero aprender toda esa información, y luego tiene que salir el artista, el sello propio que uno lleva adentro.

—¿Es la fusión tu sello?

—Mi hermano Raimundo dice que soy un sibarita de la música. Yo pienso que soy un perfeccionista. Me informo y estudio mucho antes de tocar. Estoy al servicio de la música, y le tengo el mayor de los respetos, algo que voy a seguir amando hasta que me muera. De niño me quedaba dormido en lo alto del teclado y mi madre me tenía que llevar a mi cama. Esto es para mí algo de las veinticuatro horas. Quiero a mis discos, les doy mucho cariño. No me he dedicado a un instrumento ni a un estilo: me he dedicado a la música.

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