Por Patricio Jara Mayo 5, 2017

El inglés Terry Eagleton cumple con el rol esperado para un intelectual en estos tiempos: tanto como incubar ideas, lo suyo es tirar del freno y detenerse, lo que equivale a abrir los ojos. Un poco más, un poco menos, pero abrirlos necesariamente, aunque esto no cambie nada y por momentos quieLIBROOK2nes leemos su trabajo no hagamos otra cosa que aumentar nuestra desazón (esta vez con mejores argumentos, con razones más fundadas).

Académico de la Universidad de Manchester, Eagleton es autor de Cultura, ensayo que tiene por objetivo analizar esta idea desde diversos puntos de vista, para así entender cómo ha evolucionado, cómo ha sufrido transformaciones y cómo ha sido utilizada por el capitalismo hasta quedar convertida en una palabra que acepta tantas definiciones que termina vacía. Hoy es imposible hablar de cultura sin que por el costado asome la llamada industria cultural, ese monstruo demasiado grande y que habita un pantano demasiado profundo como para medirlo en su totalidad sin recurrir a la historia, pero sobre todo a la economía.

“El papel de las llamadas industrias creativas, el poder de las nuevas tecnologías culturales, la importancia de los signos, las imágenes, marcas e íconos, el espectáculo, el estilo de vida, la fantasía, el diseño y la publicidad: todo eso se supone que ates
tigua la aparición de una forma estética de capitalismo”, escribe. Lejos de un tono de denuncia, Eagleton más bien opta por la frialdad de un peritaje forense (“la muerte de las humanidades ya se vislumbra en el horizonte”, dice a propósito del rol de las universidades en este contexto).

La industria cultural, tal como el capitalismo, se apropia de términos, los moldea, los pervierte, los timbra y finalmente los distribuye. Eagleton es bastante rojo en sus puntos de vista, pero aquello no le resta lucidez. Desconfía de algunos conceptos en boga como inclusión y diversidad, los cuales no ve como un valor en sí mismos. “No hay nada malo en organizaciones políticas compuestas de
jacobinos, psicópatas, aficionados a los ovnis y adventistas del séptimo día. Sólo que nunca conseguirán nada. Como señala Marx, ningún modo de produc
ción en la historia humana ha sido tan híbrido, diverso, inclusivo y heterogéneo como el capitalismo, que ha borrado fronteras, derrumbado polaridades, mezclado categorías fijas y reunido promiscuamente una diversidad de formas de vida. Nada es más generosamente inclusivo que la mercancía que, con su desdén por las distinciones de rango, clase, raza y género, no desprecia a nadie, siempre que tenga con qué comprarla”.

Cultura no es lo mismo que civilización, propone Eagleton. Y confía en que un día, en vez de estrategias, todo tenga más que ver con quiénes somos y cómo nos ponemos de acuerdo.

Cultura, de Terry Eagleton.

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