Por Marisol García Diciembre 9, 2016

“57th & 9th”, de Sting.

Más entrevistas, más fotos, más interacción online, más soltura: es posible ver el nuevo disco de Sting dentro de un conjunto amplio de gestos de acercamiento del músico al gran público. 57th & 9th es un disco rockero como no se le había escuchado en más de diez años  —aunque también hay baladas a pura guitarra y voz, en “Petrol head” le salen vocales que rozan el gruñido—, atento a un apoyo en estribillos, ganchos rítmicos y arreglos directos, despojado de citas más allá del compacto equipo instrumental involucrado.

Sting volverá ahora a las radios —y a Sudamérica, ya se confirmó que en mayo de 2017 vendrá a presentar este disco a Buenos Aires, y se espera que Santiago se sume a la gira—, de las que voluntariamente había buscado alejarse por un tiempo  con trabajos de tintes investigativos y conceptuales; “lo que llamarías discos esotéricos, en los que sólo seguí mi curiosidad, sin pauta comercial”, en sus palabras.

Y si entonces pareció aplicado, ahora suena innegablemente cómodo. No hay modo de reprocharle al británico su derecho a caminar por encima de su fama y fortuna en la búsqueda de proyectos motivadores, si bien en ese tránsito su chispa de autor se va haciendo más precisa que arriesgada. El rock del que hoy es capaz el ex-Police es el predecible en una estrella: impecable, sutilmente opinante, contenido, sin desates, correcto.

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