Por Gonzalo Maier Agosto 19, 2016

Hace poco, un respetable diario inglés anunciaba la supuesta resurrección del jazz. Y para no dejar el asunto en el aire, daba un montón de ejemplos: la malísima película sobre Miles Davis, la no tan mala —pero mala— cinta sobre Chet Baker, el álbum de Kamasi Washington que el año pasado se llevó cientos de aplausos, la reciente edición de un disco perdido de Bill Evans y A Cosmic Rhythm with Each Stroke, el estupendo álbum que grabó el joven pianista Vijay Iyer junto a Wadada Leo Smith, un trompetista e improvisador de fuste. A raíz de este último disco, The New Yorker publicó un largo perfil sobre Iyer, confirmándolo como uno de los pocos músicos de jazz que aún trabajan bajo la mirada atenta de la prensa generalista. El álbum incluye nueve temas en los que Iyer y Wadada se debaten en una improvisación densa y llena de neblinas, con la gracia de esos futbolistas que crecen en una misma cancha y ya ni necesitan mirarse para hacer jugadas excepcionales. De paso, el disco exhibe la belleza viva y punzante de lo nuevo. O mejor: de lo que está tan vivo, que no necesita resucitar.

“A Cosmic Rhythm with Each Stroke”, de Vijay Iyer y Wadada Leo Smith.

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