Por Álvaro Bisama Octubre 17, 2009

Más que por las elecciones o el fin de la Concertación, vamos a recordar este año como el año de Elisa, el año donde una adolescente desaparecida pobló nuestras pesadillas en las madrugadas heladas del fin del invierno. No es raro que así sea: Pablo Illanes, la cabeza detrás de "¿Dónde está Elisa?", quizás venía preparando este golpe desde hace casi quince años, cuando Canal 13 le permitió escribir "Adrenalina" (1996), un culebrón sobre un grupo de quinceañeros dispuestos a morir, literalmente, sobre la pista de baile. Pero ése fue sólo el inicio. Luego, armado con un puñado de heroínas abusadas y vulneradas (donde destacaban  Úrsula Achterberg en "Fuera de control" y Aline Kuppenheim en "Destinos cruzados", ambas abusadas y desfiguradas física o emocionalmente) y una colección de monstruos insoportables (Cruz-Coke como violador en "Destinos cruzados" y cuico alcohólico en "Fuera de control", Álvaro Rudolphy como serial killer en "Alguien te mira" ), Illanes ha guionizado cualquier cosa menos comedia, metiéndose de lleno en la narración de un país regido por el crimen, el sexo y la muerte.

Paulatinamente, ese país clase B o clase Z -o clase I, mejor dicho- fue pareciéndose cada vez más al Chile real hasta terminar por reemplazar la imagen que cuidadosamente trazó Vicente Sabatini en la década del 90 con aquella sucesión de melodramas protagonizados por una serie interminable de gitanos, pascuenses, campesinos, chilotes, obreros del salitre o bandidos bonachones; héroes todos de teleseries como "Pampa Ilusión" o "Iorana"; todos tan inofensivos como concertacionistas. Porque a pesar de que las teleseries de Sabatini eran melodramas bien iluminados, siempre quedaba en ellas el consuelo de verlas sólo como comedias que descansaban en la excentricidad del personaje típico o el boceto light de una picaresca nacional. Al lado de Moya Grau o Sergio Vodanovic, quienes marcaron a fuego la década del 80, eran inofensivas. Por supuesto, fueron un éxito absoluto, pero vistas desde la distancia, les faltaba misterio y enigma, carne y sangre. Por supuesto, también, tuvieron su fecha de vencimiento y ésta llegó cuando no pudieron internarse en el espesor de lo real. En "Puertas adentro" (2003), al dramatizar la vida de los pobladores de una toma de terreno, fracasaron estrepitosamente.

Porque por estos días, Sabatini, que salió de TVN de modo medio impresentable y fue reclutado mesiánicamente por Chilevisión, no tiene demasiado que contar. Primero, porque mal que mal, en el "Yingo" de Álex Hernández está la verdadera área dramática de Chilevisión. Y segundo, porque "¿Dónde está Elisa?" ha cambiado para siempre nuestro modo de ver teleseries. Illanes "¿Dónde está Elisa?" jubiló sin querer queriendo a Sabatini porque escribió noche a noche esa novela donosiana al que éste tanto tiempo le escurrió el bulto. Porque "¿Dónde está Elisa?" es puro Donoso: el horror y la obsesión de nuestros tupidos velos, nuestra basura guardada bajo la alfombra. Así, para un país que aún no cicatriza las heridas del horror del golpe militar, ni entiende las formas en que el mercado global cambió los modos de la intimidad, "¿Dónde está Elisa?" se ofrece como la exhibición brutal de aquellas señales sobre las que Sabatini supo correr un tupido velo con tanta comedia protagonizada por Claudia Di Girolamo: el alcoholismo y el incesto, la frivolidad y la automutilación, los abusos de poder de todo tipo.

Al contar la historia de una adolescente enamorada de su tío pusilánime y la de un policía marcado por el miedo, Illanes y su equipo escribieron sobre los cuerpos esfumados en el aire y las intimidades del poder en las élites. Nos mostraron de nuevo el peso de la noche, que es aquello que Sabatini nunca se atrevió a contar. Para entender esto, basta ver el capítulo del 1 de septiembre. Ese día, Elisa Domínguez murió en una sala de operaciones y el rating reventó. Pero el episodio no terminaba con el último aliento de Elisa, sino acon lgo mucho más pavoroso e indescifrable: unos padres cayéndose a pedazos al tratar de contarles a sus hijos que su hermana murió. Ese final explica el éxito de Illanes y el fracaso de Sabatini. En ese clímax estaba el corazón secreto de cómo "¿Dónde está Elisa?" cambió la televisión chilena y, de paso, nos cambió para siempre como espectadores: una voz que intentaba equilibrar el horror de lo innombrable y nos dejaba, a segundos del Bicentenario, a la intemperie de nosotros mismos.

* Escritor y profesor de literatura.

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