Por Yenny Cáceres Julio 29, 2009

Un hombre toma una pistola. Y construye su mito. Después diría que era una pistola de juguete. Un simple pedazo de madera, con el que logró reducir a varios guardias y protagonizar una de las fugas más cinematográficas de la historia. Ese mismo hombre saca una Colt de su bolsillo derecho, a la salida de un cine, y el mito cae derribado por tres disparos en un callejón de Chicago, el 22 de julio de 1934. Ese hombre es John Herbert Dillinger. Han pasado casi 75 años desde aquella noche fatal, pero su mito se niega a morir.

Y si los mitos en Estados Unidos se construyen en Hollywood, la historia de Dillinger ha desfilado ya en tres películas. Ahora es el turno del director Michael Mann ("Fuego contra fuego"), una marca registrada de calidad y potente cine de acción. El cineasta nació en Chicago, nueve años después de la muerte de Dillinger, cuando las historias en torno a este gángster aún hablaban de un tipo carismático y elegante, al que incluso se le atribuía tener un miembro viril de tamaño excepcional. Por algo Mann lo ha calificado como "el misterio Dillinger": "Un hombre que era capaz de planear y ejecutar meticulosamente un atraco a un banco y que era completamente incapaz de hacer planes sobre su propio futuro" (ver recuadro).

Revisar su vida en la prensa se lee como un pulp, como esas historias de detectives por entregas que fueron tan populares en la época de la Gran Depresión. Entretenidas y apasionantes de seguir. De su infancia, se sabe que nació el 22 de junio de 1903, en un típico hogar de clase media norteamericano, en Indianápolis.  Y que su madre murió cuando tenía apenas tres años, así que se puede imaginar a un Johnny que no se llevaba muy bien con su madrastra y con su estricto padre. En su adolescencia dejó el colegio y comenzó a llevar una agitada vida nocturna. Su padre, sin imaginar cómo terminaría su hijo, quiso alejarlo de las malas influencias de la ciudad y se mudó con toda su familia a una granja en Mooresville, Indiana.

John Dillinger

A cambio de información sobre su paradero se ofrecían suculentas recompensas.

 
Ésta es la parte más desconocida de la historia de John Dillinger. Pero aquí se pueden encontrar indicios de lo que vendría después. Y así, tenemos a Dillinger nuevamente discutiendo con su padre por el que sería su primer problema con la justicia: el robo de un auto. Y luego una sucesión de hechos, con consecuencias inesperadas. Un breve paso por la marina, un matrimonio con una chica de apenas 16 años y una búsqueda infructuosa de empleo que terminó con Dillinger uniéndose a una pequeña banda y planeando el robo a una tienda. Todo resultó mal. Su partner, un tal Ed Singleton, se declaró inocente y recibió una sentencia de dos años. Siguiendo los consejos de su padre, Dillinger se declaró culpable: recibió dos condenas -de 2 a 14 años, y de 10 a 20 años- en la prisión estatal de Indiana. Después que cruzara las puertas de ese lugar, Dillinger nunca volvería a ser el mismo.

Aplaudido y buscado

La que sigue es la historia con la que Dillinger se hizo famoso. Salió de la cárcel el 10 de mayo de 1933, con libertad condicional, luego de haber estado recluido ocho años y medio. Según sus biógrafos, en prisión se convirtió en un tipo duro y amargado. Afuera, las cosas también habían cambiado, y Estados Unidos sentía los golpes de una implacable crisis económica.

En medio de ese panorama y con la ayuda de los amigos que conoció en la cárcel, Dillinger se dedicaría a lo que mejor supo hacer en la vida: asaltar bancos. Su primer golpe lo dio casi inmediatamente después de salir de prisión, en junio de 1933, en un banco de New Carlisle, Ohio. Con otros atracos similares se fue ganando la atención y cierta simpatía de los lectores de los diarios, que daban gran cobertura a sus atracos: en plena Depresión, era visto como un héroe. Asaltaba bancos, los mismos que habían llevado a la ruina a miles de norteamericanos, y por eso fue visto como una suerte de Robin Hood.

Johnny Depp

Johnny Depp como John Dillinger en la película "Enemigos públicos"

 
Así comenzó también otra de sus facetas más cinematográficas: la de las fugas. Lo arrestaron el 22 de septiembre de ese año. Y el 12 de octubre, mientras jugaba cartas, escapa de la cárcel del condado en Lima, Ohio, ayudado por amigos suyos que meses antes se habían fugado de la prisión estatal de Indiana.

Pero su fuga más famosa es la que protagonizó desde la cárcel del condado Lake en Crown Point, Indiana, en marzo de 1934. Una cárcel que, según las autoridades, era a "prueba de escapes". Poco antes de su huida, podemos ver a Dillinger con su gesto más reconocible: su pícara sonrisa. Una mueca que se hizo famosa en una sesión de fotos que se tomó junto al fiscal Robert Estill, antes de ser extraditado a Crown Point. Por culpa de esas fotos, este fiscal fue sacado de su cargo poco tiempo después. Allí se ve a un Dillinger de 30 años, de pelo castaño y contextura media. Y con su mueca dibujando una sonrisa. Quizá porque ya tenía en su cabeza una espectacular fuga que los diarios compararon con un western: como arma utilizó una pistola de madera para reducir a una docena de guardias.

Cuando salió, huyó en el auto de la alguacil, lo que según el FBI fue lo que finalmente le podría haber costado la vida: condujo desde Indiana hasta Chicago, cruzando la frontera entre Indiana e Illinois en un auto robado, violando así las leyes federales. A partir de ese momento, el FBI se le tiró encima. Con todo. Y lo declaró "el enemigo público N°1". A cargo de este organismo estaba el que en ese entonces era un desconocido funcionario: J. Edgar Hoover.

El misterio Dillinger

Porque como lo plantea Bryan Burrough, autor del libro "Public Enemies: America's Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-34" -en el que se basa la nueva película de Michael Mann-, la historia de Dillinger también puede ser leída como la historia de los primeros años del FBI. En su libro se pasean figuras como Bonnie y Clyde. O nombres menos conocidos fuera de Norteamérica, pero con un prontuario de película, como Baby Face Nelson. Así describe Burrough la evolución de Hoover en su libro: "De ser un anónimo funcionario federal, a cargo de una oficina con un dudoso pasado, en 20 meses se convirtió en un héroe nacional, un nombre alabado en películas, libros y cómics".

Sobre el impacto de Dillinger en la opinión pública, el juicio de Bryan Burrough ha sido categórico: "Una encuesta de la época demuestra que Dillinger era la figura más aplaudida de los noticieros cinematográficos por delante de Roosevelt y del aviador Charles Lindbergh".

La mujer del vestido rojo

El FBI estuvo a punto de atrapar a Dillinger el 30 de marzo de 1934. Pero él protagonizó otra de sus escapatorias de película. Estaba en Chicago, en un departamento junto a Billie Frechette, su amante -mitad francesa, mitad indígena-, papel que en la cinta de Mann recae en la oscarizada Marion Cotillard ("La vida en rosa"). La escapada incluyó decenas de disparos y un Dillinger que terminó herido. Tiempo después, Frechette regresaría a Chicago y, luego de ser arrestada, fue condenada a dos años de cárcel.

El cerco en torno al cada vez más famoso gángster se cerraba. En abril de 1934, el New York Times le dedicaba un completo perfil, "La evolución de un criminal: El caso de John Dillinger", donde se consignaba que hacía apenas siete meses su nombre era prácticamente desconocido. La frustrada operación para capturarlo en el Little Bohemia Lodge, en Rhinelander, Wisconsin, hizo que J. Edgar Hoover nombrara un agente especial para su captura: Samuel A. Cowley, quien se unió al agente a cargo del caso en Chicago, Melvin Purvis, que en la película de Mann es interpretado por Christian Bale ("Batman").

Marion Cotillard

Marion Cotillard en el rol de Billie Frechette, amante del carismático gángster

Tal como suele ocurrir en las películas, Dillinger fue traicionado por una mujer. Y los diarios hablaron de la "mujer del vestido rojo" que lo acompañaba el día de su muerte. La misteriosa mujer del vestido rojo se hacía llamar Anna Sage, pero su verdadero nombre era Anna Campanas, una prostituta de origen rumano que delató a Dillinger, con la esperanza de que no la deportaran. Apenas lo vio entrar al burdel que regentaba, lo reconoció por una foto que había aparecido en un periódico. Dillinger estaba junto a una nueva amante, Polly Hamilton.

Sage le contó a Melvin Purvis que al día siguiente irían al cine los tres: Anna, Polly y Dillinger. De esa misma conversación nacería el famoso detalle del vestido rojo: Ana les dijo que iría vestida con ese color para que la identificaran fácilmente, aunque Burrough aclara en su libro que en verdad se trataba de una falda naranja.

El domingo 22 de julio de 1934 es recordada como una noche caliente en Chicago. Anna Sage no sabía si irían al Biograph Theater o al Marbro. Para asegurarse, los agentes dispusieron policías en ambos teatros. Como hacía tanto calor, Dillinger eligió el Biograph, porque tenía aire acondicionado. Pasadas las ocho de la noche, John Dillinger llegaba al cine acompañado de Polly Hamilton y Anna Sage. Entraron a ver una película de Clark Gable, "Manhattan Melodrama", en que la estrella de "Lo que el viento se llevó" interpretaba -ironías del cine y de la vida- al gángster Edward J. "Blackie" Gallagher.

Christian Bale

Christian Bale interpreta al agente del FBI Melvin Purvis, a la caza del mítico criminal

A las 22.30, Dillinger salió del cine. Con una mujer a cada lado. Pasaron frente al agente Purvis, quien encendió un cigarrillo. Era la señal acordada para que sus hombres comenzaran a actuar. Y Dillinger entendió todo. Sacó su pistola y corrió hacia un callejón. Cinco disparos de tres agentes del FBI trataron de detenerlo. Su cuerpo fue alcanzado por tres tiros. Cuando cayó al suelo, aún tenía en su mano una Colt calibre 38. No alcanzó a disparar ningún tiro. Su hora de fallecimiento: a las 22.50, en una pequeña pieza del hospital Alexian Brothers.

Según consta en los archivos desclasificados del FBI, en una carta del propio Hoover a Melvin Purvis en 1935, finalmente esta entidad se desentendió de la petición de Anna Sage y la mujer del vestido rojo terminó siendo deportada a Rumania. El New York Times escribió que John Herbert Dillinger murió con sólo siete dólares en sus bolsillos, pese a que en los últimos 14 meses sus asaltos sumaban 300 mil dólares y un saldo de 16 muertos. Así terminaba la historia de un gángster asesinado a la salida de un cine.

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