Por Juan Pablo Garnham Noviembre 1, 2012

Era algo simplemente frustrante para él. Por una hora, el doctor Daniel Kraft debía estar “pinchando” una y otra vez el hueso de la cadera de un donante. La persona debía estar totalmente anestesiada y debía soportar las molestias por varios días. No había otra opción: para lograr un trasplante de médula ósea exitoso, y luego utilizar las células madre para curar enfermedades como la leucemia, era necesario hacer este procedimiento hasta cien veces.

Vivir esta experiencia fue lo que llevó a Kraft a buscar una solución más rápida y efectiva.

“Estar en un ambiente clínico o ser paciente es el primer paso para crear nuevas soluciones”, dice Kraft, quien el 6 de noviembre visitará Santiago para hablar en el Tic Forum de Telefónica, evento que reunirá a más de 500 líderes del mundo de la educación, salud, retail, minería y banca, y en el cual se mostrarán las últimas tecnologías asociadas a estos segmentos. Kraft es un experto en este tema: luego de pasar por Stanford y Harvard, hoy es el jefe del área de Medicina en la Singularity University y dirige el programa FutureMed, que difunde innovaciones tecnológicas en el mundo de la salud.

A esos títulos  debe sumar ahora el de inventor, ya que, para dar solución al problema que lo frustraba, creó el MarrowMiner, un instrumento que facilita la extracción de médula ósea. Éste reemplaza la gran aguja que extrae las células madre por un catéter flexible y, por lo tanto, en vez de realizar una centena de perforaciones, sólo hace una o dos. “Ya hicimos la primera prueba clínica en treinta personas, comparando el instrumento antiguo en una cadera y el nuevo en la otra, y logramos obtener significativamente más células madre de médula ósea, en menos tiempo y con una sola perforación”, explica Kraft.

El invento podría ayudar a alrededor de 65.000 personas al año, y además a los médicos que trabajan en este campo. Aunque el mismo Kraft dice que él ya se ha visto beneficiado: explica que el proceso de creación de este aparato le ha traído valiosas enseñanzas.  “He aprendido que no es suficiente tener la tecnología. Debe haber todo un ambiente, un ecosistema que nos permita colaborar, desde ingenieros hasta gente de marketing”, explica el médico, “una cosa es tener la idea y dibujarla en una servilleta, pero otra cosa es llevarla hasta el paciente”.

Según Kraft, hasta el día de hoy es difícil lograr ese tipo de ambiente en el mundo de la salud. “La medicina está llena de guetos: los cardiólogos se juntan con los cardiólogos, los dermatólogos con los dermatólogos”, comenta Kraft, “pero cuando pones a gente distinta en una pieza para compartir ideas y le sumas las tecnologías, pasan cosas”. Y esas cosas son las que, para él, están generando una nueva medicina.

 

La medicina sin médicos

Para Daniel Kraft, la medicina de hoy es como un panel de control de un avión, donde es posible ver la ubicación, la altura y la orientación con una brújula. “Pero imagínate viajar de San Francisco a Chile teniendo este panel prendido sólo cada quince minutos. Ése es el tipo de cuidado de salud que existe hoy, donde tu doctor ve tus exámenes de sangre una vez al año o quizás menos”, dice. Esto, sin embargo, está a punto de cambiar, y Daniel Kraft lo ve en los seminarios de FutureMed que organiza, en las charlas TED y en el simposio del Ministerio de Salud estadounidense, en el que estuvo la semana pasada. “Estamos comenzando a utilizar instrumentos como los teléfonos, las tabletas e internet de manera barata y recibiendo una gran cantidad de información. Es un mundo de salud cuantificada y conectada”, dice.

Y la gracia de todo esto es que no son sólo instrumentos más caros, como su MarrowMiner, sino otros más sencillos, incluyendo aplicaciones para smartphones de dos o tres dólares. Se están creando marcapasos con conexión a internet que envían datos en tiempo real a los médicos, dispositivos para medir la glucosa en la sangre que se conectan al iPhone, mediciones del tono de voz en conversaciones telefónicas que permiten detectar el Parkinson y aplicaciones móviles que comparten la presión arterial con los profesionales y la familia. “Gracias a todas estas tecnologías estamos pasando de un cuidado episódico y reactivo a uno continuo y proactivo”, dice Kraft.

Esto, sumado a estudios de genoma a precios cada vez más bajos -hoy incluso rondan los cien dólares- puede acercar al hombre a lo que Kraft llama una “medicina de etapa cero”. “Casi siempre, los pacientes llegan a nosotros relativamente tarde: cuando ya tuvieron el ataque al corazón, cuando ya detectaron un bulto que puede ser un tumor. Es decir, cuando los síntomas son evidentes”, comenta el médico.

Sin embargo, esto va ir cambiando. “Hoy, si detectamos un tumor, por ejemplo, en etapa uno -es decir, cuando no se ha ramificado- es mucho más fácil y barato tratarlo. Pero en la etapa cero pararemos las enfermedades cuando están a punto de emerger o las prevendremos antes”, dice.

 

Una app de receta

La mayor capacidad de obtener información de un paciente traerá nuevos desafíos, como el exceso de esta misma. A Daniel Kraft le gusta poner otro ejemplo de lo que se debería hacer frente a esto: “un auto moderno tiene cientos y hasta miles de sensores que detallan cada cambio en su funcionamiento. Uno no quiere monitorear lo que pasa con todos ellos, sino que sea posible tomar una, dos o tres variables y que se prenda la luz de ‘chequear el motor’”. Por esto, los avances tendrán que estar acompañados por sistemas de monitoreo inteligentes y filtros.

También estas innovaciones implicarán cambios desde el Estado, en cuanto a tener  normas inteligentes. “En general, el proceso regulatorio nos enlentece así como la tecnología aumenta la velocidad de los desarrollos”, explica Kraft, “y también debemos pensar en que los sistemas o aparatos mejores sólo se lograrán si fomentamos que alguien pague por ellos”. Para Kraft, así como hoy los sistemas  salud le pagan a los hospitales por los servicios que brindan, debería también incentivarse el uso de otras medidas para prevenir la llegada al hospital. Un ejemplo de esto son trabajos que se han hecho con aplicaciones en smartphones para monitorear el nivel de azúcar en la sangre en pacientes con diabetes. El sistema enviaba a la información a la familia y al doctor del paciente, permitiendo optimizar los medicamentos. “Fueron capaces de disminuir la hemoglobina A1C, una importante forma de medir el promedio de glucosa, en dos puntos, lo que es un cambio enorme y tiene un impacto mayor que cualquier otra droga de las más vendidas”, comenta Kraft.

Sin embargo, el médico advierte que otro riesgo es que se llegue a un punto de hiperconexión. “Tenemos que mantener la conexión personal, central en la medicina. Nos entrega contexto e información que no obtendremos de otra forma y la tecnología no se puede interponer en eso”, comenta.

Pese a esto, Daniel Kraft aún sueña con un día en que su trabajo ya no sea necesario, cuando los doctores sólo prevengan. Mientras tanto, se contenta con un futuro más cercano, donde los profesionales, la tecnología y los medicamentos funcionen en complementación. “Cada vez veremos más fusiones entre drogas, dispositivos y aplicaciones”, comenta. Cree que en las recetas médicas ya no sólo habrá remedios: “si tienes ansiedad o depresión, quizás el doctor te pida que bajes una aplicación de meditación. Usándola cinco minutos al día podría reducir la ansiedad y bajar la presión arterial, incluso con más efectividad que una receta de Valium”.

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