Por Paula Namur Y. // Fotos: Sebastián Utreras Marzo 9, 2018

Han sido días clave para el comercio a nivel mundial. Mientras en Chile se firma el TPP-11, del cual Estados Unidos decidió salirse hace unos meses, Donald Trump parece dispuesto a iniciar una guerra comercial imponiendo nuevos aranceles sobre el acero y aluminio.

Thomas Shannon, subsecretario de Estado para asuntos políticos de Estados Unidos estuvo en Chile la semana pasada en plena guerra de declaraciones del presidente estadounidense. Antes de llegar a Chile estuvo en Quito y Bogotá, donde se reunió con los líderes políticos de ambos países. A Santiago arribó por dos motivos: a despedirse de la presidenta Michelle Bachelet y del canciller Heraldo Muñoz, con quienes ha trabajado en diferentes instancias, y a reunirse con el presidente electo, Sebastián Piñera, y con el futuro canciller, Roberto Ampuero, para identificar áreas en las que se pueda enfocar la cooperación.

“Lo que Estados Unidos ha hecho hasta ahora  (en Venezuela) es lo correcto, en el sentido de que hemos aumentado la presión sobre el gobierno, que desde nuestro punto de vista ha estado debilitando el orden democrático”.

También fue una forma de comenzar a despedirse de su cargo. El 1 de febrero, de manera inesperada, Shannon anunció su retiro luego de 35 años de carrera diplomática, una carrera en la que trabajó con seis presidentes y 10 secretarios de Estado, ocupando roles como embajador en Brasil e incluso como secretario de Estado interino mientras se confirmaba al actual, Rex Tillerson, al inicio del gobierno de Trump. “Mis colegas, en especial los más jóvenes, van a tener vidas profesionales muy interesantes. Lamento mucho dejarlos en este momento, pero en mi vida hay un segundo acto y voy a buscarlo”, asegura sentado en un sillón de la residencia de la embajadora estadounidense en nuestro país, Carol Z. Perez. “Uno en la vida tiene que dejar la mesa con un poquito de hambre”, asegura.

—¿Cuáles son sus próximos planes? ¿Se va a la academia, al mundo privado?

—No tengo planes en este momento. Todavía estoy negociando mi fecha de salida con el secretario de Estado, Rex Tillerson. El trabajo es mucho, entonces realmente no he tenido tiempo para pensar qué voy a hacer después, pero la visita a Quito, Bogotá y Santiago me ha confirmado que la decisión que tomé al principio de mi carrera, de enfocarme en Latinoamérica, era la correcta. Durante los últimos cuatro años mi trabajo ha sido global. He pasado mucho tiempo en otras partes del mundo, pero tengo un afán por Latinoamérica. Sea lo que sea en el sector privado o en la universidad, me gustaría seguir trabajando con Latinoamérica.

—¿Cómo definiría la relación actual de Chile con Estados Unidos?

—Las relaciones entre Estados Unidos y Chile son excelentes. Han tenido una estabilidad y trayectoria muy positiva. Por ejemplo dialogando en la cancillería con el canciller Muñoz, pero también con mi homólogo, hablamos sobre la manera como nuestras consultas de alto nivel han desarrollado primero una agenda muy amplia y diversa, pero también una forma de hablar muy abierta y sincera, en la que podemos tocar los temas más sensibles sin provocar reacciones negativas. Hemos establecido un modo constructivo de identificar oportunidades para avanzar, pero también problemas para resolver. Es una relación de Estados, y de pueblos, mucho más allá que una relación entre gobiernos.

—Dentro de esos problemas que dice que se deben resolver, ¿cuáles son los principales?

—Por ejemplo, conversando con el presidente electo, Piñera, él indicó que China es hoy el principal socio comercial de Chile. Vamos a hacer todo lo posible por poner a Estados Unidos en la posición número uno. Chile es el primer país de Sudamérica con el que nosotros firmamos un acuerdo de libre comercio. Hemos trabajado mucho para profundizar la relación comercial, y también hemos fomentado los vínculos y lazos entre las instituciones de Chile y de EE.UU. como la U. de California con sus pares, para promover la innovación, la ciencia, la tecnología. Desde nuestro punto de vista, aportamos un valor agregado y un nivel estratégico para mejorar la capacidad de la sociedad chilena para globalizarse de manera exitosa y queremos aprovechar eso en nuestra relación comercial.

“Construir un proceso de migración seguro y ordenado es algo importante para proteger al país y a los migrantes mismos y para no permitir la entrada del crimen organizado y las redes de contrabandistas”.

—Usted dice que la idea de Estados Unidos es profundizar la relación con Chile, sin embargo, en uno de los aspectos en que se podría haber avanzado, que es el TPP, finalmente Estados Unidos decidió salirse...

—Recientemente el presidente Trump indicó que Estados Unidos podría reconsiderar su decisión acerca del TPP y Chile podría tener un papel importante en ayudar a Estados Unidos a repensarlo. El presidente Trump decidió retirarse del TPP por varias razones. Primero, él pensaba que el TPP no tenía el apoyo necesario en el Congreso para obtener la aprobación. Y para él, gastar capital político no tenía mucho sentido. Segundo. Cuando él presente un acuerdo al Congreso, quiere presentar el suyo, uno que él y su equipo negociaron. Con la firma de los 11 miembros del TPP en Chile esta semana se establece una base para que Chile pueda ayudarnos determinar si realmente tenemos interés, pero todo depende del presidente. Yo creo que va a haber un momento para que Estados Unidos y Chile tengan una conversación mucho más a fondo.

—Cuando estuvo en Colombia señaló que no hay ninguna posibilidad de una intervención militar en Venezuela. ¿Qué rol debiera tomar Estados Unidos en el problema que representa Venezuela para ese país ahora?

—Para Chile también. Hay más de 100 mil venezolanos aquí.  La salida de su propio país es preocupante. Venezuela es uno de los países más ricos del mundo en términos de recursos, de su petróleo, entonces, ¿cómo explicar eso? Muy complicado. Pero yo creo que lo que EE.UU. ha hecho hasta ahora es lo correcto, en el sentido de que hemos aumentado la presión sobre el gobierno y ciertos miembros de la administración y de los servicios de seguridad, que desde nuestro punto de vista han estado debilitando el orden democrático y violando derechos humanos. Construimos una nueva estructura diplomática en la región. Y con la ayuda de México, Chile, Perú, Colombia, Brasil, Argentina, hemos organizado en la OEA y el Grupo de Lima unas redes de apoyo para el pueblo venezolano. El objetivo es tratar de convencer al gobierno, generar un espacio para realizar elecciones, que permitan al pueblo venezolano expresarse libremente y de manera que se puede verificar, que cumpla con reglas internacionales, que tenga la participación de la oposición y la confianza del pueblo venezolano. Al final del día, este es un problema que el pueblo venezolano tiene que resolver, pero la comunidad internacional y EE.UU. pueden ayudarles a crear el espacio para resolverlo.

—Además de Venezuela, ¿cuáles son los principales dolores de cabeza de Estados Unidos en Latinoamérica?

—Pocos dolores de cabeza comparado con el resto del mundo. En los últimos cuatro años he pasado mucho tiempo fuera de Latinoamérica, en Medio Oriente, África, Asia. Trabajando en temas que realmente nosotros tenemos poca capacidad de resolver. Solo podemos gerenciar. Y comparada con el resto del mundo, Latinoamérica anda bien. Tiene un régimen democrático con una clase media creciente. Es una región que entiende al ser humano como alguien con derechos fundamentales y dentro de sistemas políticos que los respetan, con economías que tienen la capacidad de crecer, ofrecer empleo y con sistemas universitarios que están funcionando. Desde mi punto de vista esta es una región que ha logrado mucho, pero también tiene potencial y la capacidad de desarrollarlo. Dicho eso, para nosotros hay algunos temas importantes: lo primero es la lucha contra la corrupción, y lo interesante es que en países como Brasil y Guatemala las instituciones constitucionales y democráticas han mostrado una capacidad de enfrentar la corrupción en el sector público y privado. Y el tema de la Cumbre de las Américas en Perú va a ser una lucha contra la corrupción y la impunidad. Yo creo que ese es el tema que se va a destacar en la región en la década que viene. Segundo, lucha contra el crimen organizado, especialmente el narcotráfico, pero no sólo contra los narcotraficantes, porque hoy en día el crimen organizado se enfoca además en el tráfico de personas, armas y otros recursos ilegales, como minerales y vida silvestre. Entonces cómo enfrentarlo será algo muy importante.

—Usted mencionó el tema de la inmigración, que para nosotros es un fenómeno nuevo y explosivo. ¿Cómo se debiera encarar este tema?

—Chile es un país estable, democrático, constitucional, pero también es un país de una economía que funciona. Por eso es muy atractivo para los inmigrantes. Toma el ejemplo de los venezolanos en otros países. Los hay en países vecinos porque simplemente pasan la frontera, pero para llegar a Chile hay que cruzar muchos países; uno tiene que tener la intención de venir acá, como los haitianos. Eso indica lo atractivo que es Chile. Pero esa migración obviamente va a ser un tema político y algo que el próximo gobierno va a tener que definir cómo va a tratar. Construir un proceso de migración seguro y ordenado es algo importante para proteger el país y a los migrantes mismos y para no permitir la entrada del crimen organizado y las redes de contrabandistas.

—¿Chile corre ese riesgo?

—En este momento no, pero uno debe cuidar su propio país y sus fronteras y asegurar que la gente está entrando y saliendo de una manera legal.

—¿Está Chile preparado para enfrentarlo? ¿Cómo califica la ley chilena?

—No tengo el conocimiento necesario para comentar la legislación chilena. El pueblo chileno es muy generoso y lo que he visto indica que Chile es un país que entiende la idea de la solidaridad y de ofrecer ayuda. Pero como dije, al mismo tiempo, y esto es algo que nosotros mismos en Estados Unidos estamos enfrentando también, nuestra sociedades están basadas en el Estado de derecho y en el respeto a las leyes, y las leyes migratorias son parte de eso.

—El fenómeno migratorio hacia Chile también ha mostrado el peor lado de lo nuestro, con muchas personas haciendo comentarios racistas. ¿Cómo afrontarlo?

—Cada sociedad humana sufre de lo malo, como el racismo y la xenofobia. Son cosas que siempre existen en la sociedad. Lo importante es crear leyes que respeten a las personas. Chile tiene una sociedad capaz de ofrecer ayuda a todos los ciudadanos y a los que realmente la necesitan en el momento, y una sociedad abierta, inclusiva, debe estar basada en el respeto, independiente del género, raza o idiomas. Mi experiencia en EE. UU. es que una sociedad diversa y rica por su herencia puede tener mucho éxito en el mundo globalizado, porque conecta a todos. Uno tiene que tener cuidado de no cerrarse y estar abierto a la diversidad que existe en el mundo hoy.

—¿Cree que sociedades como la chilena están imitando lo que pasa en otras partes como Estados Unidos, donde se habla de un muro divisorio, entre otros fenómenos, y racismo, que está surgiendo en distintos lugares? ¿Tiene algo que ver con eso?

—Ojalá que no. Yo creo que Chile marca su propio sendero en este mundo. No creo que Chile esté imitando a EE.UU. Pienso que lo que uno está viendo en Chile es un fenómeno propio que va a ser resuelto a la manera chilena.

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