Por Andrea Lagos Octubre 21, 2016

Ser el sucesor del cardenal Ricardo Ezzati Andrello en el Arzobispado de Santiago no es trivial. Potenciales candidatos a reemplazarlo se lamentan por anticipado: “El Señor no quiera que caiga sobre mí este pesado yugo”. Sin embargo, los obispos de la Conferencia Episcopal, la organización que los reúne, saben que quien el Papa Francisco designe es un premio mayor. Ninguno se negaría, ni pondría mala cara.

“La selección del arzobispo de Santiago más se parece a una beatificación, por su complejidad. Creo que esto se va a alargar”, anticipa, sin admitir identificarse, uno de los cuatro mencionados como futuro arzobispo.

Hasta los años 60, los obispos morían en el ejercicio, como ocurre aún con los papas. Anteriormente, el cardenal chileno José María Caro, por ejemplo, dejó de existir a los 92 años (1958), sin renunciar al Arzobispado.

En 1965, el Papa Paulo VI decretó que todos los obispos debían presentar su renuncia a los 75 años. Sin embargo, un obispo deja de serlo sólo si el Papa acepta su dimisión. Y, en la práctica, esto puede tardar meses o, incluso, años.

Antes del 7 de enero de 2017, día de su cumpleaños 75, Ezzati deberá enviar al Papa Francisco su carta de dimisión. A su antecesor, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, le extendieron su mandato por dos años y estuvo hasta los 77 años en el cargo. Esto es lo que se acostumbra si el obispo goza de buena salud. Previamente, el cardenal Carlos Oviedo (1990-1998) se retiró anticipadamente. Lo aquejó una enfermedad degenerativa y falleció a los 71. También, el cardenal Juan Francisco Fresno (1983-1989) se fue a retiro a los 75 años, sin extensión, a causa de su delicada salud.

Ezzati no tiene problemas de salud, pero presentará su dimisión, y se ignora si el Papa le extenderá el mandato. En el Arzobispado, una fuente reconoce que está agotado y muy solo después de una gestión de más de cinco años plagada de cuestionamientos. Es desconfiado y no comenta con nadie si su idea es una renuncia a todo evento o permanecer si es que se lo piden.

Según la encuesta Bicentenario Universidad Católica y GfK Adimark, entre 2010 y 2015 la confianza de la gente en la Iglesia Católica chilena cayó del 35% al 24%. Un sondeo de Cadem de 2015 arrojó que el 80% creía “poco o nada” en ella.

Su llegada

Un día caluroso de enero de 2011 asumió como obispo de la capital. Había nacido en 1942 en Campiglia dei Berici, un pueblo en el norte de Italia. Ingresó a la orden salesiana, la misma de Silva Henríquez. Primero fue obispo de Valdivia (1996) y, entre 2001 y 2006, se convirtió en la mano derecha de Errázuriz, como obispo auxiliar de Santiago. Fue designado obispo de Concepción entre 2006 y 2010.

En Santiago, años antes, comenzaron sus problemas. Como auxiliar de Errázuriz, fue informado en 2005 sobre casos de abusos sexuales y de poder cometidos por el párroco de El Bosque, Fernando Karadima. Las principales víctimas James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, consideran a Ezzati un encubridor, tal como quien lo antecedió, el cardenal Errázuriz.

Comentan que a partir de que se convirtió en arzobispo de Santiago, Ezzati impuso una disciplina militar en la arquidiócesis: “Si un cura declaraba abiertamente en contra de los encubrimientos (en la Iglesia), Ezzati en persona lo llamaba para advertirle que estaba destruyendo la credibilidad y el prestigio de la Iglesia. O, sencillamente, lo removía de la arquidiócesis”, escribió Juan Carlos Cruz, en su libro El fin de la inocencia, mi testimonio.

En mayo de 2011 citó, a puertas cerradas, a los tres principales denunciantes de Karadima. La reunión tuvo un tono áspero y fueron ellos, a la salida, los que comunicaron que Ezzati, a nombre de la Iglesia, pedía perdón por no haberles creído a las víctimas. Sin embargo, él no manifestó una postura oficial ante los medios.

Dentro de la Conferencia Episcopal critican al cardenal por su autoritarismo y trato poco amable. No grita, pero no admite ser contradecido y eso lo torna arrogante, señala una fuente del Arzobispado. Ezzati muestra un estricto apego a la ley, necesita validarse tras haber heredado la pesada carga de su antecesor —F. J. Errázuriz— que desoyó por ocho años pruebas irrefutables del caso de abusos más escandaloso que ha golpeado a la Iglesia chilena: Karadima y la parroquia El Bosque.

Su falta de tacto quedó ratificada cuando el 24 de diciembre de 2011 visitó con chocolates al sancionado sacerdote Fernando Karadima, recluido en un convento de Providencia. Le tomaron una foto y ésta circuló en todos los medios. Fue un escándalo.

Se le criticó también no haber ido a la Posta Central para acompañar a la familia del joven gay Daniel Zamudio, mientras éste agonizó durante 25 días en la Posta Central. Zamudio había sido atrozmente golpeado por otros jóvenes en marzo de 2012, en lo que la prensa caratuló como un ataque homofóbico.

Para empeorar las cosas Ezzati, envió al nuncio vaticano Ivo Scalpolo antecedentes sobre tres sacerdotes chilenos que no estarían en la línea oficial de la Iglesia: los jesuitas Felipe Berríos, José Aldunate y el sacerdote Mariano Puga. Esta labor se filtró a los medios. Colaboró con Scalpolo, pese a que no se entienden. Ezzati se opuso a que el obispo discípulo de Karadima —y supuesto testigo y encubridor— Juan Barros fuese nombrado en la diócesis de Osorno. Scalpolo lo apoyó con el Papa.

“Si ganara $400 mil no andaría en auto con chofer”, se burló Felipe Berríos. Ezzati había dicho que un sueldo mínimo ético sería de $400 mil, apoyando al arzobispo Alejandro Goic.

Algunos hablan de su carácter hosco y su modo autoritario, pero la crítica más mencionada es que mantiene una relación estrecha y de subyugación hacia Errázuriz.

“El que liquidó a Ezzati fue Errázuriz. No lo dejó ser arzobispo de Santiago”, dice un sacerdote de importancia.

Ezzati se conocía anteriormente con Errázuriz. Habían trabajado en 1997 en la Asamblea para el Sínodo de Obispos (Roma). Después Ezzati fue su Vicario Auxiliar por cinco años. Lo ayudó a construir su carrera. El arzobispo italiano sintió que le debía demasiado.

Una muestra de esta relación fueron los mails que se filtraron donde ambos cardenales urdían cuestionables operaciones. Planearon el veto al sacerdote Berríos para que fuese capellán de La Moneda y el veto al periodista Juan Carlos Cruz, víctima de Karadima, para integrar la comisión vaticana en contra del abuso.

Después de esas publicaciones, Ezzati quedó en una posición imposible. Tuvo que pedir disculpas públicas y su credibilidad cayó por los suelos.

“Ezzati tiene una relación muy servil hacia Errázuriz. Ha sido complicado. Le echa la culpa a Errázuriz y no se siente responsable del ocultamiento de los abusos en la Iglesia. Cuando Ezzati iba a dar un paso de acercamiento con nosotros, Errázuriz se lo impedía”, explica Cruz.

Al cardenal Errázuriz, después de salir de Santiago, el Papa Francisco lo nombró como uno de los ocho cardenales que realizan la reforma a la Curia Romana. Con Errázuriz retirado hubiese sido más sencillo para Ezzati romper el vínculo. Ahora está cerca del Papa.

Cuando se anunció que el Papa vendría a Chile (ver recuadro), se dio por seguro que Ezzati continuaría en el mando para organizar la visita. Hoy, es incierto. En Roma aún no se discuten nombres de su sucesor. Llegada la carta de renuncia, la operación podría comenzar o paralizarse y dejar a Ezzati en el poder.

Esta cuestionada gestión como Arzobispo y sus malas relaciones con el nuncio Scapolo podrían influir en que el Papa le acepte la renuncia. No obstante en la Conferencia Episcopal de Chile, un obispo asegura: “Queda Ezzati para uno o dos años más”.

Los cuatro finalistas

Ivo Scapolo, el nuncio vaticano en Chile, es hombre de Angelo Sodano, quien fue diplomático de la Santa Sede en Santiago durante diez años en la época del régimen militar (1978-1988). Sodano nunca criticó públicamente a la dictadura de Augusto Pinochet. Es más, tenía una relación cercana con su familia. Privilegió el ascenso al Obispado de sacerdotes de la iglesia más conservadora, ajena a la lucha por la igualdad social y por los derechos humanos. Era la Iglesia de Juan Pablo II que había desplazado al progresismo moderado del difunto Papa Paulo VI.

Después de ser nuncio en Chile, Sodano pasó a ser el poderoso secretario de Estado del Papa Juan Pablo II, con lo que su influencia en el mapa episcopal nacional fue aplastante. Llegaron arriba pastores más preocupados de la recta moral valórica, de las formas y de la espiritualidad antes que de los problemas terrenales.
Aunque parezca increíble, a los 89 años, Sodano sigue con influencias en el Vaticano. Es el decano del Colegio Cardenalicio, el más antiguo de todos. Vive en Roma y, a veces, incluso concelebra liturgias al lado del Papa Francisco.
Scapolo, su discípulo, es un arzobispo y diplomático italiano que llegó a Chile en julio de 2011. Antes estuvo en la Secretaría de Estado donde se relacionó con Angelo Sodano.

“El nuncio, el arzobispo actual (Ezzati), y si existe algún cardenal vivo (en este caso, Errázuriz) son a quienes escuchará el Papa Francisco. Si hay un veto del Nnncio a un candidato, es casi imposible que el Papa lo contradiga”, dice un integrante de la Conferencia Episcopal.

El tapado del Nuncio
“El candidato del nuncio es el arzobispo de La Serena”, dice una fuente bien informada de la Iglesia. René Rebolledo (1958) es un religioso que ni siquiera ha cumplido 60 años. Nació en Cunco, cerca de Temuco, y antes estuvo sólo en diócesis sureñas: en Loncoche, de rector del Seminario Mayor San Fidel (Valdivia), de vicario de Villarrica. “Yo soy obispo de provincia”, dice.
Su llegada a la IV Región fue un ascenso planeado por Scapolo. “Convertirse en arzobispo de Santiago, desde el Obispado de Osorno, es imposible. Hay que venir de una zona de importancia eclesial como La Serena”, dice un laico informado en Iglesia.
Rebolledo es cercano, además, al Cardenal Emérito Jorge Medina Estévez, conocido por su cercanía a Sodano por sus altos cargos en la curia romana.
Medina celebró sus 60 años de sacerdocio junto al arzobispo Rebolledo en la ciudad de Coquimbo.

El Opus Dei
“Soy miembro del Opus Dei desde el año 1971 y como católico jamás me habría involucrado en un atentado a la dignidad de las personas y, a Dios gracias, nunca lo he estado”, escribe a Qué Pasa el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González Errázuriz (60). También está en la lista corta de favoritos a suceder en Santiago. Y, por primera vez, niega públicamente acusaciones que hiciera en su contra el jesuita Felipe Berríos de haber trabajado con Sergio Rillón en la oficina de la dictadura que hacía nexo con la Iglesia Católica. “Que no era de nexo, sino de entrega de información y produjo mucho daño en esos tiempos difíciles”, dijo Berríos.

González está cansado: “Yo trabajé en 1982, cuando era muy joven y recién recibido en una oficina que llevaba el enlace con la Iglesia Católica y las comunidades evangélicas. Allí no tuve ninguna función informativa, ni pública, ni de enlace. Jamás defendí a uniformados en los tribunales. Nunca tuve contacto con instituciones de seguridad”.

El problema del obispo González, sobrino del desaparecido obispo de Talca, Carlos González Cruchaga, es que pertenece al Opus Dei. “Designarlo podría ser explosivo en Santiago. El Opus Dei es un movimiento muy poderoso y cerrado que no tiene la aceptación ni de la mayoría de los obispos, ni de la mayoría de los fieles”, dice un sacerdote. Las posibilidades de este abogado de la Universidad Católica se estrechan no por sus méritos personales, como la inteligencia y buenas conexiones con el Vaticano. Ha ganado oposición enviando polémicas cartas públicas en las que condenaba la homosexualidad y llamaba a votar a favor del candidato presidencial que defiende los valores de la Iglesia (2009).

• El romano
El obispo de Melipilla, Cristián Contreras Villarroel (57), se ha esmerado en cultivar el bajo perfil. Es desconfiado y parece tímido. Habla campechanamente, entremezclando el español con algo de latín.

Fue mano derecha y obispo auxiliar del cardenal Errázuriz en Santiago. Con Ezzati debió salir hacia Melipilla. En la Conferencia Episcopal aseguran que se le ofreció la diócesis de Copiapó, mucho más importante, pero que la rechazó. Quería estar cerca de Santiago. Como secretario de la Conferencia, es un activo frente a los medios de comunicación.

El rumor es que es el único de los cuatro que está trabajando para ser arzobispo. Tiene en Roma un contacto: el mismísimo Angelo Sodano.
A fines de los 80 se doctoró en Teología Dogmática en la Universidad Gregoriana y se quedó entre 1992 y 1999 como oficial de la Sagrada Congregación para los Obispos del Vaticano. En ese momento Sodano estaba ya encumbrado en Roma.

• El intelectual
Fernando Chomalí (59) no tiene muy larga experiencia como obispo. Ha estado solo en Concepción desde 2011. Antes fue obispo auxiliar en Santiago.
Chomalí se moviliza en bicicleta, usa el metro, saca fotografías y las expone.

Es descendiente de árabes, es un estudioso de la bioética y, antes de especializarse en esta área, se tituló como ingeniero civil de la UC. La bioética es uno de los temas que fascinan en la curia porque le da soporte científico a las luchas valóricas de la Iglesia.
Chomalí es visto como un pastor moderado, cercano a la derecha y al empresariado, muy militante en la defensa de la vida, y poco controversial.

“Es quizá demasiado pragmático y científico. Como pastor le falta eso de pregonar al Señor con alegría”, dicen en el Arzobispado.

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