Por quepasa_admin Noviembre 21, 2009

Hace un tiempo, en una reunión de connotadas mujeres en Santiago, uno de los hombres -encargado de darles una charla- preguntó cuántas de ellas le dejarían su billetera a la nana de su casa. Casi ninguna levantó la mano. El charlista les preguntó entonces: "¿Y cómo entonces les dejan a sus hijos?".

La realidad parece confirmar esa pregunta incómoda. Porque más allá del dato anecdótico de dejar o no una billetera, las familias de la clase alta santiaguina reconocen tener confianza en sus empleadas domésticas. El 57% de los consultados en esta encuesta declara confiar mucho en ellas.

Ese porcentaje es alto considerando que para este grupo socioeconómico, el 68% los chilenos son desconfiados o muy desconfiados. Cuando se trata de sus nanas, sin embargo, las barreras de desconfianza bajan y la situación es la opuesta.

De hecho, el porcentaje que dice tener mucha confianza en sus nanas es muy superior al que reconoce tener en la Presidenta de la República, los ministros de la Corte Suprema o los alcaldes. Y, en el ámbito más íntimo, ese 57% iguala al porcentaje de encuestados que dice tener confianza en miembros de su familia -más allá de cónyuge, padres y hermanos- para conversar temas importantes.

Según la encuesta Casen 2006, el 14,3% de las mujeres ocupadas en Chile se dedican al trabajo doméstico remunerado. Unas 350.550 mujeres. De ellas, el 12,6% lo hace puertas adentro. Para las empleadas que trabajan en esa modalidad, de acuerdo a datos del INE -trimestre octubre/diciembre 2008-, la remuneración promedio alcanza a $202.868.

En el segmento alto, tener nana es común. Incluso puertas adentro. Un buen retrato de ello -tan cercano como brutal- hizo la película "La Nana", de Sebastián Silva, que fue destacada en varios festivales internacionales ante un público extranjero sorprendido por la vida de estas mujeres en casas ajenas. Un fenómeno que, a estas alturas, se ve como "típicamente chileno". De las clases más acomodadas, claro.

Y un dato más que habla de esta confianza: el 76% de los entrevistados en la encuesta Feedback- Periodismo UDP señala no cambiar las chapas y cerraduras de las puertas cuando una empleada se va definitivamente de la casa. Lo reconocen por igual los hombres y mujeres.

Dentro de su entorno más directo, los encuestados reconocen también tener mucha confianza en sus vecinos (52%). El porcentaje baja notoriamente cuando se refieren a sus jardineros (38%) y al guardia de seguridad del barrio (28%). 

Curiosa es la situación respecto al profesor jefe de sus hijos: sólo el 30% de los encuestados dice confiar mucho en ellos. Hay que aclarar que la encuesta fue realizada en medio del paro de profesores y todas las alteraciones que ello trajo -suspensión de clases, por ejemplo-, lo cual podría haber afectado la percepción de confianza de los padres.

Como sea, y yéndose a los resultados, lo cierto es que el nivel de confianza en los profesores jefes de los hijos es menor que el que manifiestan por la secretaria de la oficina o el ejecutivo de cuentas del banco.

Revisa aquí el nivel de confianza en el entorno

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