Por María José López Noviembre 21, 2009

© José Miguel Méndez

Sólo por hoy su nombre será Andrés. Y el de su mujer, Paula. Él es ingeniero comercial, ella dueña de casa. Ambos tienen 35 años y llevan seis de casados. Dicen que la vida iba bien hasta hace seis meses. Ahí, aseguran, comenzó el infierno.

En mayo pasado, el mayor de sus dos hijos -de 4 años- comenzó a presentar conductas extrañas para su edad. "Se puso agresivo, no controlaba el esfínter, se golpeaba contra la pared y amarraba su cuello con una manguera", dice el padre. Este inusual comportamiento se acentuó y en agosto decidieron llevarlo a una psicóloga. Ésta les dio un diagnóstico que jamás sospecharon: "Su hijo pudo haber sido víctima de un abuso sexual".

El 16 de septiembre pasado denunciaron los hechos al Servicio Médico Legal (SML). Según el relato que el menor les dio a los expertos, el autor del delito habría sido R. J. A. (45), un sacerdote filipino y profesor de religión del niño en el prekínder del Liceo Alemán del Verbo Divino de Chicureo.

A principios de octubre, Paula y Andrés retiraron a su hijo del establecimiento. Y el 2 de noviembre presentaron una querella criminal ante el juzgado de Colina "contra todos los que resulten culpables". Además, decidieron revelar a la luz pública el hecho. Por ahora prefieren mantener su identidad en secreto: por eso, en esta entrevista se llamarán Andrés y Paula.

El matrimonio dice que el suyo fue el primero de dos casos de abuso sexual que apuntan a un mismo culpable. El otro afectado sería un compañero de curso de su hijo. La familia de este menor también lo denunció.

La Fiscalía de Colina ordenó, la primera semana de este mes, la detención del sacerdote, quien desde que se concretó la denuncia se encontraría en una ciudad de la VIII Región. El jueves 12 de noviembre, el centro de padres del colegio presentó una querella en contra de quienes resulten responsables. Según fuentes de este caso, el prelado sería formalizado el próximo lunes 23, en el Tribunal de Garantía de Colina.

El inicio de una pesadilla

Todo partió en mayo. Andrés recuerda que "en esa época mi hijo comenzó a comportarse agresivamente, se puso insolente y con mal comportamiento. Esas conductas fueron creciendo en el tiempo y la agresividad llegó a ser incluso contra él mismo. Trataba de dañarse".

- ¿Cómo?

-No quería ir al colegio. Había días en que lo único que quería era resfriarse. Eso no era tan grave. Pero nuestra preocupación se acentuó cuando lo pillamos en la mitad de la calle esperando que lo atropellaran. Una vez intentó ahorcarse con una manguera y varias veces se golpeaba la cabeza contra la pared. Ese tipo de conductas no son propias de un niño de cuatro años. Eso nos preocupó.

El padre del menor dice que si bien su hijo es algo tímido, "es un niño normal, alegre, que lo pasaba bien con sus amigos, y que incluso iba feliz a su colegio". Eso hasta mediados de este año. Entonces, comenzó a tener pesadillas. Se despertaba llorando en las noches y a medida que pasaban los meses sus conductas extrañas se acentuaban. "Rezaba todas las noches. Pero de repente dejó de tener ganas de rezar. Nos dijo: 'Jesús ya no me protege. Jesús es malo'. Y un día, en un arranque de ira, pescó dos cruces que había hecho en el colegio y las rompió", relata su padre.

Fue entonces, en agosto de este año, cuando el matrimonio pidió una audiencia a los profesores del Liceo Alemán. Andrés indica que "en ese momento no había sospechas de abusos. Pero queríamos saber si sus profesores también notaban que actuaba raro".

-¿Y cuál fue la respuesta de ellos?

-Que eran tonteras de los niños, imitación: más de uno había adquirido esa modalidad de pegarse contra las paredes, nos dijeron.

Andrés dice que, lejos de mejorar, la conducta del menor se fue tornando cada vez más preocupante. Hasta que dejó de controlar el esfínter. "Ésa fue la gota que rebasó el vaso", indica. Y agrega: "Llegaba hecho a la casa y eso nos pareció bien extraño porque se fue tornando en algo frecuente. Eso no es normal a su edad. Le preguntábamos qué le pasaba y no había respuesta ni señal de nada. Fue entonces -a principios de septiembre- cuando decidimos ir a un neurólogo. Pensamos que podía ser un problema motor".

El diagnóstico que les dio la doctora los remeció. Fue la primera vez que alguien les mencionaba la hipótesis del abuso. Según cuenta Andrés, "ella fue súper clara. Nos dijo: 'Esto me huele a un tipo de abuso: puede ser bullying, agresión física o maltrato. Pero hay que practicarle exámenes para determinar qué pasó y cuándo'. Nos dio a entender que dentro de las posibilidades existía la alternativa de un abuso sexual".

-¿Cómo lo dedujo?

-Lo entrevistó y lo que más le llamó la atención fue que apenas ella le habló, él se escondió. Yo no estaba ahí, pero mi señora -quien sí estaba presente- me contó. Según la neuróloga, que un niño se esconda de los adultos es característico de un menor que sufrió algún tipo de abuso.

La especialista los derivó donde una psicóloga. "Bastó que ella nos entrevistara una hora, que le contáramos qué hacía mi hijo, para que se diera cuenta de lo que pasaba. La sentencia fue lapidaria: "Tengo que entrevistar a tu hijo, pero por lo que me cuentan, esto se trata de un abuso sexual", le dijo a Andrés. "Al hablar con él lo corroboró. Quedamos totalmente choqueados", agrega el padre del niño.

"¿Es necesario exponer a alguien tan indefenso a todo esto?"

-¿Cuál fue el paso siguiente?

-El mismo día partimos a una clínica privada para ver si existían lesiones físicas. Ellos nos recomendaron que fuéramos al Servicio Médico Legal, pues es la entidad oficial a cargo de realizar ese tipo de exámenes. Además, nos dijeron que las revisiones al cuerpo que se hacen en este procedimiento son muy invasivas: por ello era mejor que nuestro hijo pasara sólo una vez por ellas y no dos.

En el SML, Andrés y Paula entregaron su declaración. Su hijo fue sometido a una inspección física. Según cuenta el padre del menor, una carabinera les aseguró que, con todos esos elementos, se podía predecir que sí hubo abuso sexual. Cuenta que la oficial derivó todos sus antecedentes a la Fiscalía de Colina y les recomendó que le practicaran pericias psicológicas al niño. "Puede que no haya evidencia física, pero eso no significa que no le hubiese pasado nada", cuenta Andrés.

Corría septiembre de 2009 y faltaban pocos días para las Fiestas Patrias. La familia optó por refugiarse, solos, en el campo. "En esa época aún no sabíamos qué le había pasado, ni dónde ni cómo. Fue un tiempo de reflexión total porque ya había certeza de que nuestro hijo había sido abusado", indica Andrés. A la vuelta de las vacaciones, dice, comenzó su lucha por descubrir qué era lo que realmente le había sucedido.

La sospecha del colegio

El lunes después de Fiestas Patrias, Andrés llegó hasta el Liceo Alemán del Verbo Divino para conversar con el rector del colegio, el padre Heriberto Becker. Le habló sobre el abuso sexual que le diagnosticaron a su hijo y le dijo que temía que pudiese haber ocurrido en el colegio. "Le pedimos su colaboración, que nos ayudara a investigar el caso y le informamos que el tema ya estaba en manos de la justicia".

"Mi señora conversó con un par de mamás cercanas. Éstas de inmediato les preguntaron a sus hijos si había algo raro en el colegio. Y uno de esos niños dijo que había un padre, con la piel del color de un brownie, que era malo. Ahí empezó a tomar fuerza el tema del colegio y las sospechas se agudizaron".

-¿Qué les respondió?

-No recibí apoyo. Por eso, a principios de octubre, decidí sacar a mi hijo del colegio. Luego de eso, el padre Becker me llamó un par de veces para saber cómo estaba mi hijo. Pero no vi acción de su parte. Echaron a circular otras versiones de que el abuso pudo haber sido en la casa, de la nana y cosas por el estilo. Ellos, reconocen que algo sucedió, pero dicen que fue otra persona.

-Si el abuso fue en la casa, ustedes son sospechosos…

-No sé de dónde surgió esa hipótesis. Por eso es importante la segunda denuncia, la del otro niño. Son dos familias distintas con un testimonio similar.

-¿Ustedes comentaron esto con otros apoderados?

-Mi señora conversó con un par de mamás cercanas. Éstas de inmediato les preguntaron a sus hijos si había algo raro en el colegio. Y uno de esos niños dijo que había un padre, con la piel del color de un brownie, que era malo. Ahí empezó a tomar fuerza el tema del colegio y las sospechas se agudizaron. Entonces, le pedimos a Becker que acentuara la seguridad para los niños.

-¿Cuál fue la actitud de Becker?

-Nos dijo que nos daba todo el apoyo y solidaridad, pero lo noté muy pasivo. Luego le dije: "Padre, si usted no toma las medidas, daré a conocer esta situación a la opinión pública. Esto no puede estar sucediendo. A pesar de que sea una sospecha, es tan grave que basta para hacer algo sobre el asunto".

-¿Qué le respondió él?

-Que lo mejor era que sacara a mi hijo del colegio y que nos alejáramos de la comunidad del Liceo Alemán porque mi sospecha podía perjudicar y desprestigiar la imagen de la institución. Según él, los niños son influenciables y cualquiera les puede meter este cuento en la cabeza. Al día siguiente nos citó en la tarde. Fuimos y mi señora estaba enojadísima. Él nos dijo que le estábamos causando un gran daño al colegio. Nosotros le respondimos que el daño que nos han causado a nosotros es mucho mayor.

El miércoles 23 de septiembre hubo una asamblea general de prebásica y el padre Heriberto Becker contó al resto de los apoderados lo que estaba pasando al interior del colegio. Les dijo que acompañaba a la familia en este proceso y que investigarían los hechos.

"¿Es necesario exponer a alguien tan indefenso a todo esto?"

El señor de la pistola

-¿En ese momento sospechaban del sacerdote filipino?

-No. Lo del padre filipino lo vinimos a saber tres semanas después de que hablamos con Becker. Fue después de todas las diligencias de investigación que realizó la policía, entre ellas la declaración de mi hijo y el reconocimiento fotográfico.

-¿Cuál fue el relato de su hijo?

-Le dijo a la psicóloga forense que había un señor del colegio que le hacía tocaciones, que les hacía bajarse los pantalones a él y a otros niños, y que los tocaba. Aparentemente no hubo violación, pero sí introducción de elementos y dedos en sus partes genitales. En esa declaración, él reconoce que esto le pasó en el colegio. De hecho, si hoy uno le pregunta por qué no va al colegio, él dice "porque está el hombre malo de la pistola".

-¿Según su hijo el sacerdote tenía un arma?

-Así es y según dice, éste los amenazaba con una pistola con la cual los iba a matar a ellos y a sus papás si contaban algo.

-Según el relato de su hijo: ¿cuán a menudo ocurría esto?

-No queda claro. Pero sí que fue algo que pasó en reiteradas oportunidades. Tampoco queda claro si el sacerdote se bajaba los pantalones ni si obligaba a que los niños lo tocaran. De eso no se ha referido mi hijo, así es que al parecer nada de eso sucedió.

-¿La psicóloga forense asevera que hubo abuso?

-No puedo entrar en detalles porque es parte de la investigación, pero ella dio una opinión muy profesional y técnica de cómo ocurrieron los hechos y quién habría sido el que los habría cometido.

-¿Qué les pasa a ustedes como padres cuando ella les confirma los hechos?

-A esas alturas la sospecha era casi una realidad. En el fondo ella confirma algo que suponíamos firmemente y nos entregó más detalles de cómo sucedieron las cosas. De todas formas, para mi señora este proceso fue muy chocante porque ella entró a las sesiones. Los niños cuando cuentan los hechos, los reviven física y psicológicamente. Mientras lo contaba, él sufría. Él recordaba el dolor, ponía caras de sufrimiento. Revivió el momento. Entonces mi señora me dijo: "No más".

-¿Cuántos niños habrían sido abusados?

-Confirmados dos. Sus relatos son muy parecidos.

-¿En qué coinciden?

Andrés dice que "cuando supimos que este señor estaba prófugo en el sur, le dijimos al rector Becker 'por favor entréguelo'. Fue hace exactamente una semana. Le dije que no podía ser que estuviera protegido por el colegio". Según el padre del niño, Becker habría esgrimido que la detención era ilegal.

-Ambos hablan de una pistola. No sabemos si la pistola era de verdad o era de juguete.

-¿Y cómo llegan al nombre de R.J.A., el religioso filipino que aparece como el supuesto autor del abuso sexual?

-La psicóloga le mostró varias fotos de profesores y sacerdotes del colegio y él claramente dijo: él fue. Lo llama el hombre malo de la pistola.

-¿Cuál era la relación de su hijo con el sacerdote? ¿Le hacía clases?

-Es sacerdote de misiones, le hacía clases de catequesis. Una de las cruces que rompió al parecer la hizo con él. Les hacía las misas a los niños.

"Entréguelo"

A fines de octubre el fiscal de Colina Mauricio González solicitó al Juzgado de Garantía la detención del sacerdote por el supuesto abuso del menor. La entidad judicial accedió a la petición y un equipo de la PDI viajó al sur para concretar la captura. Pero la defensa del religioso presentó un recurso de amparo para intentar revertirla, por considerarla "arbitraria e ilegal", y el 10 de noviembre pasado la Corte de Apelaciones acogió el recurso solicitado. Sin embargo, trascendió que el próximo lunes 23, R.J.A. será formalizado en el Tribunal de Garantía de Colina.

Frente a esto, Andrés dice: "Cuando supimos que este señor estaba prófugo en el sur, le dijimos al padre Becker 'por favor, entréguelo'. Fue hace exactamente una semana. Le dije que no podía ser que estuviera protegido por el colegio". Según el padre del niño, Becker habría esgrimido que la detención era ilegal y que los abogados del colegio le recomendaron mantener, por ahora, lejos al sacerdote filipino.

-¿Cómo está su hijo hoy?

-Mejor: la terapia psicológica le está haciendo bien. Nuestra intención es que vuelva al colegio el otro año. Por ahora lo tenemos en un jardín infantil. Pero hay daño. Por ejemplo, antes mi hijo era fanático de los autos y ahora su juguete preferido son las pistolas. Según la psicóloga esto se debe a que él quiere defenderse.

-¿Cómo enfrentan este proceso?

-Es bien complejo para uno como papá porque ve a su hijo sufrir, pero no me puedo quedar de brazos cruzados. Es evidente que la justicia exigirá otra declaración de mi hijo, lo cual será muy doloroso para él. Entonces uno se pregunta: ¿es necesario exponer a alguien tan chico e indefenso a todo esto? Nosotros optamos por dar la pelea. Y aunque el proceso sea doloroso, lo vamos a hacer.

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