Desde nuestro punto de vista, los tres desafíos que enfrenta el proyecto político progresista son los siguientes: una reforma laboral, una educacional y una económica. Son desafíos que apelan a lo más profundo de nuestra identidad política.
1.Chile requiere de un nuevo marco de relaciones laborales, que simultáneamente modernice la legislación laboral y permita que una mayor cantidad de chilenos pueda negociar en forma colectiva. Hemos propuesto que esto se haga a través de un Acuerdo Nacional, con la concurrencia de trabajadores, empresarios y todos los sectores políticos; que incluya compromisos y concesiones de las partes y que no excluya temas. Esta es una oportunidad para el progresismo: para demostrar a los escépticos que el diálogo social sí genera progreso nacional y que los sindicatos son elementos centrales de una economía próspera y una sociedad libre.
2.El desafío estratégico central que abordará el próximo gobierno será una reforma en la que se reafirmará el compromiso del Estado con la educación pública. Los elementos centrales de ésta son dos: primero, el compromiso del Estado con una gestión y dirección educativa de calidad y segundo, el compromiso del Estado con una docencia de calidad. El principio ordenador de esta reforma, sin embargo, deberá ser que siempre que se entreguen recursos adicionales sea contra compromisos y/o resultados de desempeño, lo que es un desafío para las agencias estatales. Esta es una oportunidad para el progresismo: para demostrar a quienes desprecian a los trabajadores públicos, cómo se movilizan los servidores civiles chilenos cuando se les convoca a una tarea nacional.
3.Un aspecto central de la política de crecimiento del próximo gobierno será la formulación de una nueva estrategia de desarrollo articulada por un Ministerio de Desarrollo Económico que dé cuenta del carácter multisectorial de los clusters y de la necesidad de articular y modernizar la gran variedad de instrumentos y agencias sectoriales que hoy existen. Es fundamental intensificar la vinculación de la entrega de subsidios productivos públicos al logro de metas de certificación de conformidad con normas reconocidas, crecimiento de valor agregado, empleo, ventas, penetración de mercados, desarrollo de personal, etc. Esta es una oportunidad para el progresismo: para demostrar que es posible desarrollar una política de fomento productivo activa y selectiva, pero inteligente y eficiente, dirigida a transformar la estructura productiva de nuestro país a una que haga compatible el crecimiento con la equidad.
Como se puede ver, los desafíos que enfrentamos son, en verdad, oportunidades que apelan a algunas de nuestras convicciones más profundas.
Tenemos la convicción de que en este contexto, bajo sitio, con fuego en dos motores e inundación en la sala de máquinas; en este contexto, sangrando de narices y pómulos, con los ojos entrecerrados, y doblados sobre el ajuar de defensa; en este contexto en que nuestros adversarios ríen de vernos así y se ilusionan con el prospecto de una restauración en el poder; en este contexto de confusiones, malentendidos, irritaciones y prejuicios; en este contexto de hastíos, cínismos y egoísmos, lo haremos. Será en este contexto, en que nos hablan de una elección imposible, de una coalición imposible, de un Parlamento imposible y de una economía imposible. Será en este contexto que haremos algunas cosas imposibles y demostremos cómo es un país con diálogo social, con sindicatos fuertes y leales, con política de desarrollo centrada en el factor humano y con una opción estratégica por la educación pública. Tenemos la convicción de que haremos lo imposible justo ahora y, como diría Churchill: si la Concertación llegara a durar por décadas, entonces en ese futuro habrá gente que mire este momento y diga: "ésa fue nuestra mejor hora".
*Oscar Landerretche es doctor en economía de MIT, académico del Departamento de Economía y Director de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Chile.
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