Por: Óscar Landerretche M.*
Hacienda anunció la creación de una comisión de altísimo nivel técnico y de gran experiencia para sugerir una reforma a las reglas de la Contabilidad Fiscal Estructural (CFE). Gran noticia, porque la política macro chilena contemporánea requiere que este mecanismo se actualice. Necesitamos una CFE 2.0.
La CFE es, en términos muy simples, la expresión a nivel del gobierno de la regla que aplica toda familia que maneja bien sus platas. La mujer, que -digámoslo- es quien lleva las cuentas en los hogares ordenados en Chile, norma que lo prudente es gastar, a lo más, lo mismo que el grupo familiar genera "habitualmente" en ingresos. A veces hay que ahorrar y otras endeudarse, pero lo importante es ser consistente con el ingreso "usual". La CFE es a las finanzas públicas lo que Ana López (Tamara Acosta) es a las finanzas de los Herrera (la familia de la serie Los 80). Ana aporta la mirada racional y de largo plazo, de la que carece su marido Juan (Daniel Muñoz), que tiene dignidad, fuerza y coraje, pero le falta la calma y racionalidad para planificar a mediano plazo. Yo tengo la suerte de tener una Ana López en la casa (tan linda como Tamara Acosta), y mis finanzas del hogar se han visto beneficiadas, por lo que doy gracias cotidianas a la diosa fortuna.
¿Cómo definen las Anas López los niveles aceptables de gasto? Muy simple: estableciendo reglas que deducen de su experiencia. Por ejemplo: cuánto gastar y cuánto ahorrar al cambiar el ingreso, cuánto es el máximo de deuda que puede sostener su familia, cuánto ahorrar en fondos de emergencias y cuáles emergencias justifican su uso.
Esto, que suena tan simple y de sentido común, es más fácil de decir que de hacer. Las razones son las que todos vivimos cotidianamente: los problemas, necesidades y apetitos actuales aparecen como más importantes que los futuros. Esto provoca que tendamos a gastar cuando hay y luego enfrentar estoicamente la austeridad cuando no hay. Es lo que los economistas llamamos "comportamiento procíclico" (que promueve el ciclo). Lo llamamos así porque si todos lo hacen se termina profundizando las recesiones y haciendo más peligrosas las burbujas. Y es por esto que es deseable que los presupuestos fiscales sigan las reglas de Ana.
Desafortunadamente no hay tantas Anas dando vuelta y el gasto procíclico tiende a ser la norma en las finanzas públicas de muchos países. En la Unión Europea llevan años fracasando en establecer sistemas de consistencia fiscal. En 1997 crearon el Pacto de Estabilidad que, como Ana, imponía dos reglas simples: prohibía los déficits de más de 3% del PIB y las deudas públicas mayores a 60% del PIB, so penas del infierno. A la hora de la verdad, sin embargo, cuando hubo que castigar a Francia y Alemania por infringir el Pacto, no se hizo; por ende, al fallar Portugal el 2002 y Grecia el 2005, se les amenazó y gritoneó pero nunca se les multó. Ahora miren el lío en que están.
Definitivamente, necesitan a la firme pero compasiva, rigurosa pero criteriosa Ana López en Bruselas. El problema es que a Juan Herrera no le gusta que ella viaje (y no lo culpo, compadre).
Cuando asumió el presidente Lagos existía algún grado de inquietud en ciertos sectores empresariales por tratarse del primer mandatario socialista después de Allende. Para esos sectores, "gobierno socialista" era sinónimo de "irresponsabilidad fiscal". Da lo mismo si era justificado o no; lo importante es que así pensaban, lo que implicaba un problema para la gestión macro: nos encontrábamos lentamente saliendo de la crisis asiática, lo que hacía necesarios déficits fiscales para estabilizar. Si se concretaban déficits fiscales se validaban los prejuicios empresariales, si se restringía el gasto se prolongaba la recesión. La genial solución que encontraron fue el "superávit estructural", simple y potente, como sacado del cuaderno de recetas de Ana.
Se gastaría "como si" la economía estuviera enfrentando una situación normal; "como si" los precios del cobre y el crecimiento fueran los "usuales". Incluso más, se gastaría pensando en que en esa situación normal se estuviera ahorrando el 1% del PIB para ir juntando para enfrentar las deudas previsionales del Estado y para ayudar a recapitalizar al Banco Central (un problema que viene, justamente, desde los 80). Si el crecimiento era lento, el cobre barato y los ingresos fiscales bajos, esto implicaría un cierto déficit fiscal; pero éste sería estructuralmente un superávit y, por ende, fiscalmente responsable.
Cuando se comenzó a aplicar la doctrina "estructural" de déficits, el fisco ya tenía un superávit promedio de 1% desde los inicios de los gobiernos de la Concertación, lo que dio credibilidad a la promesa. El esquema de la CFE ordenó muchísimo la discusión fiscal chilena, y fue tan exitoso que se volvió una característica internacional muy conocida de nuestra economía.
Ya desde fines del 2005 se venían incorporando mejorías a la forma de hacer la CFE, pero fue durante el gobierno de la presidenta Bachelet que se implementó la mayor parte de sus perfeccionamientos técnicos e institucionales. Se mejoró la contabilización tributaria de la minería privada, el efecto del molibdeno, de los intereses de los activos financieros, de las cotizaciones previsionales, las rentas de propiedades y otras cosas más. En el 2006 se pasó la Ley de Responsabilidad Fiscal, que reguló cuándo los excedentes se usarían para capitalizar al Banco Central, para aprovisionar contra las deudas previsionales del Estado o para ahorrar para las épocas de vacas flacas. Para ello se estableció un sistema de "multifondos" que a futuro debieran tener políticas de inversión diferenciadas, diseñadas por el Comité Asesor Financiero (CAF) que fue creado para recomendarlas.
Debido a la inesperadamente veloz acumulación de fondos soberanos (por el elevadísimo precio del cobre) se rebajó el objetivo estructural a 0,5% del PIB en el 2007 y a 0% en el 2008. Así y todo, durante los primeros tres años de ese gobierno se promedió un superávit efectivo de 7,2% del PIB. La crisis subprime, por supuesto, hizo necesario un déficit del orden de 4,5% del PIB en el 2009, y en la práctica se tuvo un leve déficit estructural; pero igual el promedio de superávits de ese gobierno terminó siendo 4%, lo que es altísimo. Ana López se hubiera sentido orgullosa de esta gestión fiscal, digan lo que digan hoy.
1 | 2 | Siguiente »
¿Quieres comentar? Inscríbete, es gratis. Si ya eres miembro, Ingresa.
por: Emilio Maldonado
Comentarios 0
por: Josefina Ríos
Comentarios 0
por: Lorena Rubio
Comentarios 0
por: Álvaro Bisama*
Comentarios 0
por: Alejandro Alaluf B.
Comentarios 0
por: Andrew Chernin
Comentarios 0
por: José Manuel Simián, desde Nueva York
Comentarios 0
por: José Zalaquett*
Comentarios 0
por: Alberto Fuguet*
Comentarios 0
por: Daniel Greve*
Comentarios 0
por: Rodrigo Fresán*
Comentarios 0
Los datos entregados son de exclusiva responsabilidad de quien los emite. Los comentarios enviados están sujetos a los criterios editoriales de Qué Pasa.
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.