Felipe Larraín y Nouriel Roubini participaron la semana pasada en una conferencia organizada en Cuzco por el Banco Central de Perú y el Reinventing Woods Committee.
Economías emergentes
FL.:
¿Cuál es el rol de países emergentes como Chile en la crisis mundial?
NR: Las economías emergentes entraron a esta crisis mucho mejor paradas en términos macroeconómicos, financieros y de estructura fundamental. Estos países han enfrentado sus propias crisis en el pasado -en Latinoamérica, Asia y otras partes del mundo- y ahora son mucho más flexibles para manejar sus déficits, reducir sus presupuestos y su deuda pública. Además, producto de crisis pasadas, ha habido una limpieza de las instituciones financieras y se han preocupado de tener un menor apalancamiento del sector financiero y del sector privado y una mejor supervisión financiera. Todo esto explica en parte por qué estas economías tienen una mayor capacidad de recuperación.
Por supuesto, la crisis las ha golpeado por la caída de las exportaciones y el precio de los commodities. La crisis de liquidez global los afecta negativamente porque los flujos de capital no van a estos países y empiezan a salir. Por eso muchos de ellos están en recesión. Pero los fundamentos de los mercados emergentes son sólidos y el potencial de crecimiento es más alto como grupo que el que hoy tienen las economías más avanzadas. El potencial de las economías avanzadas se ubica en torno a 2%; el de los mercados emergentes se encumbra al 6%, para algunos más y para otros menos. El mundo está cambiando y si los mercados emergentes crecen más rápido que los avanzados, por la siguiente década, su rol en el mundo financiero y económico se volverá más importante. Podrían llegar a ser el 50% del producto global en la próxima década. Deberá haber cambios en la política internacional, para asegurar de que en todos los órganos estén representados los intereses de los emergentes. Es el comienzo de una mayor injerencia en la economía global: tanto en el Banco Mundial, en el FMI o en otras instituciones. Ya no son sólo los BRIC.
FL:
Las economías emergentes entraron mejor preparadas a esta crisis y están saliendo mejor paradas que como lo hicieron en otras oportunidades. Es un hecho de que en crisis anteriores, los problemas se tendían a originar en las naciones en desarrollo, especialmente en América Latina. Dada la magnitud de esta crisis, la región está sufriendo mucho menos de lo que habría ocurrido hace una década con el mismo fenómeno. Sí, México ha tenido el golpe más duro y probablemente tendrá el peor crecimiento en la región y Argentina sufre sus propios problemas, pero en lo global no padecemos una crisis financiera en Latinoamérica. Eso nos permite tener una recuperación más rápida. No necesitamos cuidarnos de los efectos de los problemas del sector financiero, como hemos hecho antes. Si tomamos esto, más el efecto de China e India y sumamos a Brasil, el mundo emergente posee una voz cada vez más importante en la economía mundial.
El golpe de Honduras
FL:
¿El golpe de Estado en Honduras afecta de alguna forma la credibilidad de la región?
NR: Por ahora es sólo un pequeño problema en Centroamérica, pero la señal es importante porque en el pasado Latinoamérica enfrentó autoritarismos y gobiernos militares y hemos visto que en los últimos diez o veinte años este tipo de cosas no han ocurrido más. Cualquier transición debe seguir reglas constitucionales, así que más allá de estar o no de acuerdo con este presidente en particular, tener a los militares en el poder no es una buena señal. Es importante que se respete la democracia, no sólo en las elecciones, sino en todo el espectro de la política. Pero esto va más allá de Honduras. Lo que más me preocupa es la presión, incluso en algunos países democráticos, para incrementar el tiempo en que los presidentes se mantienen en el poder. Lo hemos visto en Colombia e incluso potencialmente en Brasil, donde sus mandatarios se han vuelto muy populares. Desde mi punto de vista, en una región donde históricamente hombres fuertes han estado en el poder por demasiado tiempo, es más sana la alternancia que cambiar cada cuatro años la constitución para permitir que un presidente pueda estar dos períodos y eventualmente tres. Esos cambios no son buenos: tener alternancia en el poder es un proceso sano, porque cuando esos cambios en las constituciones ocurren en países democráticos, los gobiernos se transforman en populistas, como Ecuador y Venezuela.
FL:
La condena al golpe ha sido unánime y justificada. Es una situación compleja porque trae recuerdos de un pasado que consideramos superado. Pero el tema es muy local y creo que no afecta la credibilidad de Latinoamérica. Sí podría complicar a algunos países en Centroamérica donde hay atención para saber cómo terminará esta situación, si Honduras finalmente podrá resolver su propio problema, si habrá una intervención externa. Chávez dijo que está reuniendo fuerzas para restituir al presidente Zelaya. En todo caso, creo que es un evento aislado, pero mi preocupación no es sólo por el golpe, sino porque se debe respetar la democracia, los derechos humanos y la libertad de la prensa y asociación, y los derechos de propiedad en toda la región. En algunos países que reclaman me gustaría ver que ésta no fuera sólo una forma oportunista de usar la democracia, sino que haya un verdadero compromiso con la democracia en la región.
La influenza humana
FL:
Latinoamérica se ha visto fuertemente afectada por la influenza humana. ¿Podría tener esto algún efecto en la recuperación de la región?
NR: La economía mundial ya ha vivido otros contagios de pandemia y epidemias. En este caso, los efectos se han concentrado lamentablemente en México, donde el impacto, incluso a nivel sicológico, ha afectado a ciertas actividades como el turismo. En el resto de Latinoamérica el impacto todavía se está viendo. Espero que las autoridades puedan contenerlo para que no tenga efectos mayores en las economías.