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"Me gustaría más transparencia en las cifras del gobierno"

Por: Antonieta De la Fuente

El ex director de Presupuestos de Bachelet y actual profesor de la Universidad de Chile, Alberto Arenas se defiende de los cuestionamientos al manejo de las finanzas públicas en los últimos meses del gobierno anterior. Asegura que las cuentas "nunca han estado tan ordenadas". En esta entrevista, adelanta detalles de su libro sobre la reforma previsional y responde al actual ministro de Hacienda.

  • Fecha: 16 04 2010
  • Sección: Economía
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Fotografía: José Miguel Méndez

Cuando Alberto Arenas empezó a trabajar en la Dirección de Presupuestos, en 1991, su primera misión fue estudiar a fondo los efectos fiscales del régimen de pensiones. Estaba recién egresado de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile cuando recibió esa solicitud y lo primero que pensó fue que se trataba de los lugares de hospedaje para la gente de regiones. Esa anécdota es parte del libro Historia de la Reforma Previsional Chilena, en que el economista narra, en primera persona, los entretelones del proyecto estrella de la administración Bachelet.

Hoy, Arenas es uno de los principales expertos previsionales del país. En sus estudios ha desmenuzado al sistema de pensiones creado entre 1980 y 1981. Su tesis doctoral de la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos, Aprendiendo sobre la privatización del sistema de pensiones de seguridad social en Chile: efectos macroeconómicos, lecciones y desafíos, fue una de las primeras aproximaciones a los problemas del sistema: sus déficits de cobertura, diferencias de género y gasto fiscal. Por eso, no fue raro que este militante socialista haya sido -junto a Mario Marcel, ex director de Presupuestos del gobierno de Ricardo Lagos, y el senador Camilo Escalona- uno de los que convencieron a la entonces candidata Michelle Bachelet de convertir a la reforma previsional en una de sus grandes promesas de campaña.

El 16 de marzo de 2006, sólo unos días después de su asunción, Bachelet instituyó el Consejo Asesor Presidencial para la Reforma Previsional. Y en diciembre de ese mismo año presentó el proyecto de ley al Congreso.

Pero la tramitación no fue fácil. La sola idea de establecer una AFP estatal desató un huracán que estuvo a punto de hacer zozobrar el proyecto, que finalmente fue aprobado en el tiempo récord de un año, pero con varios cambios de su idea inicial. En su libro, cuyo prólogo está escrito por la ex mandataria, Arenas repasa los múltiples obstáculos que debieron sortear para que finalmente el 11 de marzo de 2008 los cambios al régimen previsional chileno se convirtieran en una ley.

- ¿Cuál fue la etapa más complicada para la aprobación de la reforma?

-En la tramitación en la Cámara de Diputados, hubo una semana donde negociamos con diputados y senadores de la Concertación un acuerdo marco para aprobar la reforma. Éste contemplaba qué se iba a hacer en la comisión de Hacienda, de trabajo y en la sala. Ponía tiempos a la Cámara de Diputados y al Senado. Fue una negociación bastante fina, para lograr un delgado equilibrio dentro de lo que era la AFP estatal, el aporte patronal y qué pasaba con los temas de género. Buscar ese equilibrio, buscar una retórica, un relato que dejara conformes a los parlamentarios de gobierno, fue crítico. Si en ese momento no salíamos de la Cámara de Diputados, esto se alargaba más. La primera sesión fue en enero de 2007, estábamos en mayo de 2007 y todavía el proyecto estaba en la primera comisión. Entonces, o firmábamos un acuerdo o el proyecto de ley se iba a dividir.

"Este debate está relacionado más bien con la economía política. Veo un gobierno que está impulsando una reforma tributaria y por lo tanto, está buscando argumentos para plantear ese debate, y qué mejor argumento que decir que necesitan recursos"

- Al leer su libro da la impresión de que fue más difícil negociar con la Concertación que con la Alianza…

-Con la Alianza teníamos que despejar si es que ellos efectivamente nos iban a obligar a dividir el proyecto de ley. Fue un momento crítico. El 2007 la Concertación perdió la mayoría en el Senado, y en el gobierno tomamos la decisión de tener una negociación no solamente con la Concertación, sino también con senadores de la Alianza, especialmente con Pablo Longueira y Evelyn Matthei. Esto requirió un cambio de estrategia. Nuevamente hubo que hacer un fino equilibro. Y eso se dio. Los senadores de la Alianza estuvieron muy disponibles.

- ¿Cuál fue a su juicio el gran logro de la reforma previsional chilena?

-Una de las virtudes que tiene la reforma es que rompe con un paradigma que hasta la fecha se había dado en las últimas dos décadas en América Latina. La lógica que hubo en todas las reformas en los años 90 era que existía una pelea público-privada entre reparto o capitalización, que generaba ruido en el diseño de los sistemas, más allá de si los sistemas eran sustentables financieramente o no, y si tenían cobertura o no. El diagnóstico decía que no poseían buenas coberturas y que no eran sustentables y tenían un tema fiscal importante. Por eso, la reforma chilena del año 2008 crea un nuevo sistema integrado, que le da espacio a un sistema de pensiones solidario con una participación netamente estatal o pública que da una cobertura muy importante, al pasar del 20% al 60% de la población cubierta y que se complementa y no pelea con la provisión de pensiones desde las AFP.

-En el libro plantea que en el comité de ministros existían discrepancias entre Hacienda y Trabajo, ¿cuáles eran esas discrepancias?

-Había discrepancias entre Hacienda y Trabajo, entre Sernam y Trabajo. En una reforma estructural que involucra entre 1% a 1,2% del PIB en régimen y que va a beneficiar a entre 1 millón y 1,3 millón de personas en menos de tres años, hay una serie de materias o matices respecto de los cuales uno empieza a conversar o a definir. Y, por cierto había quienes querían una cobertura universal del 100%, otros de 40%. La presidenta al final zanjó el tema en un 60% de cobertura.

Gastos de la era Bachelet

Tras dejar el gobierno, Arenas se integró como profesor del Departamento de Economía e investigador del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile. Estaba allí cuando escuchó las críticas del ministro de Hacienda, Felipe Larraín, contra el manejo de las finanzas públicas en la administración Bachelet.

-¿Qué puede responder ante esas críticas?

-Cuando uno analiza el gasto de la administración de la presidenta Bachelet en 2010, los datos que va a revisar son del bimestre enero-febrero. En esos meses la ejecución del gasto público es el 14,1% del presupuesto. El bimestre del 2009, fue de 15,2%, por lo tanto, respecto de la sobreejecución que se habla, o que hay mucho gasto, al comparar se ve que es aun más bajo que el del año pasado.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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