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Escritor S.A.

Por: Antonio Díaz Oliva

Uno de sus libros se vende en una conocida tienda de ropa. Ofrece acciones de sus novelas para financiar su carrera literaria. Y hasta hace unos años, se dedicaba a robar en tiendas. Odiado y amado, Tao Lin -el último descubrimiento de la literatura estadounidense publicado en español- sabe venderse como la voz de la generación iPhone.

  • Fecha: 25 03 2011
  • Sección: Cultura
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Hasta hace tres años, Tao Lin no era más que un joven egresado de la Universidad de Nueva York que publicaba libros de poesía en editoriales independientes. Aparte de eso, trabajaba en una biblioteca de la misma universidad por las tardes. Y, de vez en cuando, entraba a una que otra tienda para robar. No era un acto, como se podría pensar, vinculado al shoplift de estrellas tipo Winona Ryder o Lindsay Lohan. Era, más bien, una forma de supervivencia. De conseguir dinero. O eso, por lo menos, es lo que el mismo Tao Lin cuenta. "Robé durante un año, lo que por ese entonces era mi fuente de ingreso número uno. Más que nada robaba baterías, que luego ponía a la venta en eBay. Recuerdo ese tiempo como algo un poco estresante, tal vez, pero a la vez nada de aburrido", dice Tao Lin (27, nacido en Florida, de padres taiwaneses), desde Brooklyn para Qué Pasa.

Para otros, en todo caso, era claramente la manera que Tao Lin usaba -el último descubrimiento de la literatura estadounidense adorado por los hipsters y menospreciado por parte de la intelligentsia neoyorquina- para autopromocionarse. Y le funcionó. Porque poco a poco empezaron a salir noticias en los medios locales sobre un joven poeta que había sido atrapado robando en tal o cual tienda de Nueva York. No es de extrañar que, un año más tarde, Lin canalizara todo en una novela. Shoplifting from American Apparel (2009), algo así como "Robando desde American Apparel" se llamó, y ahí contaba la historia de un estudiante que de vez en cuando se metía prendas de ropa en sus bolsillos que sacaba de varios locales. Para ser más específicos, de American Apparel, una conocida cadena donde venden ropa para jóvenes. Así, que cierto día Lin recibiera una oferta desde Urban Outfitters, otra tienda de ropa estadounidense, le pareció curioso, pero luego le hizo sentido. "Contactaron a mi editorial y le propusieron vender mi novela en sus vitrinas. ¿Por qué me seleccionaron a mí? Porque American Apparel debe ser la principal competencia de Urban Outfitters", dice Lin. "Me emociona que vendan una de mis novelas, porque en esas tiendas se venden muchos libros, de los 20 títulos que tienen a la venta, apenas cinco son novelas. Es un tipo de circuito diferente para ofrecer literatura".

Fue el primer puntapié para la ascendente carrera literaria de Tao Lin, que empezó a escribir luego de asistir a una clase de escritura creativa en NYU ("tomé esa clase porque me parecía más fácil y entretenida que las otras"). Hoy, luego de cinco libros publicados, ya se ha convertido en una de las voces frescas de la literatura de Estados Unidos. De ésas que son capaces de radiografiar lo que está sucediendo con los jóvenes. Aunque a la vista de otros, en cambio, Lin es simplemente alguien que ha sabido cómo venderse. Porque claramente si en algo no falla Lin, es en llamar la atención de los medios. El 2010 publicó Richard Yates, título que nada tiene que ver con el autor de Vía revolucionaria. Es la novela que lo ha tenido, nuevamente, en la pauta de diarios de alcance mundial (New York Times, The Guardian), que le permitió llegar a Inglaterra y que, por ejemplo, consiguió que lo publicaran recientemente en castellano a través de la estilizada editorial catalana Alpha Decay. En España, sin ir más lejos, tildaron su libro como "la novela de la generación chat". Una etiqueta que a Lin, en todo caso, no le acomoda mucho. "Creo que Richard Yates está escrita para la gente interesada en los seres humanos, no para los que están interesados en computadores o en las generaciones actuales. En otras palabras, lo que los personajes usan para comunicarse (teléfono, e-mail) no me importa. Lo que me importa es lo que se comunica".

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N° 2085, 25 de marzo de 2011

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