Por: Yenny Cáceres
Usted no les conoce la cara, pero los ha visto atropellados, recibir feroces patadas y saltar en medio de explosiones. Lo curioso del asunto es que les gusta hacerlo. Y hasta les pagan por eso. Son los dobles del cine chileno. Los que le siguen los pasos a Marko Zaror y lo acompañan en las coreografías de las peleas de "Mandrill", la nueva película de Ernesto Díaz.
José Miguel Méndez
En esta historia, todo parte y termina frente a una pantalla. Está el niño que no se perdía las películas de Jackie Chan. Otro que alucinó cuando vio el making of de "Matrix". Uno que se repitió cuatro veces "Kiltro" en el cine. Y un chico que seguía las aventuras de Lee Majors en "Profesión peligro", donde el otrora hombre nuclear trabajaba en la pega más excitante e ingrata del cine: stunt o doble de acción.
Si todos estos tipos terminaron atropellados, peleando a lo Bruce Lee o en medio de una explosión, es porque pasaron mucho tiempo frente a una pantalla. Soñando con hacer eso algún día. Para que eso pasara, antes, otro tipo, de casi un metro noventa de estatura, tuvo que volver desde Estados Unidos. Marko Zaror (32) no sólo llegó con el cartel de haber doblado a La Roca en el 2003, en "El tesoro del Amazonas". También estaba empeñado en hacer películas de acción en Chile, junto a su amigo Ernesto Díaz como director. A falta de especialistas para las escenas de peleas, llamaron a un casting para la primera película de acción que realizaría la dupla: "Kiltro" (2006).
Al casting llegaron 400 personas. Danilo Castro (28) fue uno de los que acudieron. Aún tenía en su cabeza las imágenes del coreógrafo de artes marciales en el making of de "Matrix": "Cuando vi eso, pensé que era el mejor trabajo que podría existir. Y cuando me di cuenta que jamás podría hacer eso en Chile me deprimí". Con lo del casting se ilusionó. Pensó que haber practicado taekwondo desde los 11 años le serviría. Hasta que se encontró con puros Marko Zaror. Tipos grandotes y fornidos, no comparables con su metro 70 y sus 68 kilos. Hasta acá llegué, pensó. Pero resultó ser mucho más ágil que el resto y quedó. "En el casting vi a tipos muy anchos que no hacían mucho. Hay pocos que sean grandotes y acrobáticos como Marko".
De los 400 que llegaron, Zaror escogió a 10. No buscaba clones. "Me preocupé que tuvieran variedad de look, estilo y movimiento", dice. Arrendó una de las salas del Club Manquehue y durante cinco meses los tuvo practicando, de lunes a viernes, cinco horas diarias. Castro no dudó en congelar un semestre de Ingeniería Civil en la Chile para dedicarse a la preparación de "Kiltro".
Cuando la película se estrenó, recibió elogios por las coreografías de las peleas. A Víctor González (27), que desde los 8 años había practicado aikido y karate, no le bastó con verla una vez. Fue cuatro veces al cine. Intentó por varios medios contactar a Zaror. Hasta que consiguió integrarse al incipiente grupo de stunts. Dejó botada su carrera de Gastronomía, su pega en el hotel NH, y cambió la pastelería francesa por las patadas. Y así como fueron llegando nuevos miembros, también aparecieron nuevas ofertas de trabajo. Peticiones para trabajar en series de televisión o comerciales.
Zaror decidió organizar esto como una empresa: el Kiltro Stunt Team. Un día una productora lo llamó. "Tenemos 20 lucas para pagarle a una persona por un atropello", le propuso. "Con esa plata mejor cómprate una muñeca en el Homecenter", fue su respuesta. "Como no tenemos industria, no entienden que el doble es importante. En EE.UU. se les paga muy bien".
Zaror decidió organizar esto como una empresa: el Kiltro Stunt Team. Un día una productora lo llamó. "Tenemos 20 lucas para pagarle a una persona por un atropello", le propuso. "Con esa plata mejor cómprate una muñeca en el Homecenter", fue su respuesta. "Como no tenemos industria, no entienden que el doble es importante. En Estados Unidos la carrera de dobles es muy bien pagada. Tienen los mejores seguros médicos. Tengo amigos que tienen 24 años y cuatro casas". Lo dice alguien que estuvo ahí, recibiendo y dando patadas como stunt man en Estados Unidos. Porque antes de doblar a La Roca, Zaror empezó desde abajo. En "Hard as Nails" (2001), donde no le pagaron mucho, pero se trataba de una película producida por Roger Corman en que, además, le dieron un pequeño papel como el brazo derecho del malo.
Hoy las cosas han cambiado. Nunca tanto para llegar al nivel de Estados Unidos y que estos dobles chilenos vivan completamente de esto. Pero ahora deben pagarles al menos 150 mil pesos diarios por cualquier servicio. Las reglas en esto son claras. Mientras más arriesgado el trabajo, más cara la tarifa. Para un comercial que será exhibido en Canadá, en que un bus frenaba y uno de los dobles tenía que salir disparado por una de las ventanas, la tarifa puede alcanzar el millón de pesos.
Para Juan Carlos Calbanca (27), que de niño soñaba con hacer películas como las de Jackie Chan, estos ingresos extras se suman a su trabajo como guardia y cantante de micros, donde interpreta temas de Marco Antonio Solís y Pedro Fernández. ¿Un romántico que pega patadas? "Tengo muchas facetas", responde este practicante de jiu jitsu, que usó la agilidad que le proporciona este arte marcial japonés para salir ileso de una explosión de barriles de gasolina que apareció en la serie "Huaiquimán y Tolosa".
Porque en todas las series o telenovelas chilenas en que algo ha explotado, ahí seguramente estuvo uno de los miembros del Kiltro Stunt Team, como "Héroes", "Los 80", "Fortunato", "Lola" y "Alguien te mira". Francisco Chávez (36) se quedó con las ganas de participar en el final de esta última teleserie. Un final que nunca se filmó, en que caería envuelto en llamas desde un segundo piso. Porque a Francisco le gustan las caídas. Desde que veía en la tele a Lee Majors en la serie "Profesión peligro" se fascinó con este mundo de los dobles: "Siempre quería caerme. Cuando caché que había tipos que se dedicaban a esto, lo encontré maravilloso".
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