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"Fue fácil escribir sobre una era tan nefasta como la de Bush"

  • Fecha: 27 08 2010
  • Sección: Cultura
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Título: La última noche en Twisted River/ Editorial: Tusquets/ Páginas: 660

Título: La última noche en Twisted River/ Editorial: Tusquets/ Páginas: 660

Este juicio sobre Hemingway es una opinión compartida por Daniel o Danny, uno de los personajes en "La última noche en Twisted River", un novelón de 600 páginas que -después de la crítica dispar que recibió su anterior trabajo, "Hasta que te encuentre" (2005)- confirmó que el regreso de Irving a la ficción ha sido al mismo nivel de "El mundo según Garp" (1978) o "Una mujer difícil" (1998), sus dos obras famosas. En "La última noche en Twisted River" seguimos a Dominic Baciagalupo y Daniel, su hijo, quienes, luego de un confuso accidente que termina con la vida de una joven mujer, tienen que arrancar de Twisted River, un pequeño poblado al norte de Estados Unidos, en la frontera con Canadá. Así, mientras un policía les sigue el rastro, pasan los años y ambos personajes tienen que dividir caminos. Dominic termina como chef en un restaurante italiano en Boston. Danny, en cambio, se vuelve un escritor de renombre que odia a Hemingway.

-¿Qué tanto de John Irving hay en el personaje de Danny?

-Lo que haya de mi propia vida en esta novela, o en cualquier otra obra anterior, es superficial. Le di a Daniel mi educación biográfica de escritor (fuimos a las mismas escuelas), pero qué tanto. Le di a Danny una vida diferente de la mía. Una vida de pesadilla. Yo he tenido suerte; Danny no. A todos los que él ama, los pierde. Y ése no es mi caso, pero es a lo que le temo profundamente. Escribo más sobre lo que imagino y temo, que sobre lo que me ha pasado realmente.

-En un momento de la novela, Danny va a la Universidad de Iowa. Eso sucede en la misma época en que usted y el escritor chileno José Donoso estudiaron ahí, a fines de los 60. ¿Lo recuerda?

-Sí, recuerdo a Donoso. Era un hombre sofisticado y muy imponente. Le decíamos Pepe. Y creo que su señora se llamaba Pilar. Todos los estudiantes estaban enamorados de ella.

La era Bush

"Me gustaría que los estadounidenses fuesen verdaderamente multiculturales", responde Irving, cuando se le pregunta sobre los personajes de nacionalidades diferentes en esta historia. De alguna manera, los Estados Unidos que Irving desea se parecen a Canadá. Por eso no es raro que en un momento del libro, Danny se vaya al país vecino. En pleno periodo de Bush, cuando la guerra en Irak se avecina, Estados Unidos parece ser justamente lo contrario. De ahí, también, que al final de la novela las opiniones políticas de los personajes se multipliquen. "No la calificaría como una novela política, en el sentido de que los personajes hablan por el autor", advierte.

-¿Y qué novelas suyas considera políticas entonces?

-"Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra" es política porque todo lo que el doctor Larch dice y cree sobre el aborto en esa novela es lo que yo digo y creo; Larch, en otras palabras, habla por mí. "Oración por Owen" es política porque tanto Owen Maeny como el narrador de esa novela, Johnny Wheelwright, dicen lo que creo acerca de la guerra de Vietnam y Ronald Reagan; esos personajes son mis portavoces. Los personajes de "La última noche en Twisted River" no hablan por mí. Danny no es ni un ápice de lo político que soy yo. Hay varias opiniones evidenciadas en esta novela, pero no son mías.

-De todas maneras, al igual que usted, hay personajes que critican a Bush.

-No puedes escribir una novela sobre esos años y no tener personajes opinando sobre Bush. Todos, en ese tiempo, tenían opiniones sobre Bush. Por eso me gusta decir que no es que me convertí en un escritor "político"; es simplemente ser un escritor realista.

-¿Nunca se le ocurrió que el capítulo final de la novela fuese cuando Obama es elegido?

-No. Es muy temprano para decir qué logrará o no Obama. Además, fue fácil escribir sobre una era tan nefasta como la de Bush.

-¿Cómo ve los dos años que Obama lleva en el poder?

- De nuevo, es muy temprano para juzgar a Obama. Hay muchos conservadores, del ala más derechista (y, a veces, hasta racista), que ya se han decidido sobre Obama. Pero me cae bien el tipo y espero que lo demuestre. A Bush le dimos ocho años para que arrastrase hasta abajo, muy abajo, al país. Obama no puede sacarnos de ese hoyo de la noche a la mañana. Si algo hay que concederle, es tiempo.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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