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Viaje al corazón de Pixar

Por: Quino Petit

Entramos en los dominios de la factoría de animación más universal. Cerca de mil empleados dan rienda suelta a la creatividad en un ambiente de ensueño. Su nueva criatura, "Toy Story 3", ya lleva recaudados más de 330 millones de dólares sólo en Estados Unidos y ha recibido el aplauso unánime de la crítica.

  • Fecha: 16 07 2010
  • Sección: Cultura
  • Comentarios: 1

Hasta el infinito y... ¿Hasta dónde piensan llegar los genios de la animación? Decoran con juguetes sus despachos. Van por los pasillos subidos a un skate. Hacen gala de lo bien que se lo pasan trabajando. Y tienen el descaro de levantar una casa de muñecas de cinco metros de altura a la entrada de la oficina...

Puede que el estudio de animación Pixar sea en el fondo eso, una enorme casa de muñecas. Un descomunal cuarto de juegos de ocho hectáreas en Emeryville, al norte de San Francisco (California, EE.UU.), donde alrededor de 1.200 personas (el 45% mujeres, según la compañía) vienen cada día con el sano propósito de dar rienda suelta a su imaginación. Aquí lo que cuenta es trabajar bajo una máxima: "Cualquiera de nuestras creaciones será tan buena como lo bien que nos lo hayamos pasado haciéndola". Aunque, después de unas horas en estas instalaciones, uno puede acabar sospechando que esos jóvenes vestidos de sport, que hacen pausas para jugar al pool en horario laboral, no sean más que pura fachada.

No nos dejemos engañar por su aparente relajo. Que tengan libertad de horarios y desarrollen su labor en condiciones idílicas no impide que estos creativos y técnicos trabajen duro. Llevan recaudados más de 4.500 millones de euros en cines de todo el mundo con los 11 taquillazos que han salido de su factoría a lo largo de 15 años. Auténticos cánones del género animado por ordenador de los últimos tiempos, entre los que se encuentran delicatessen como la saga de "Toy Story", las entrañables aventuras de "Buscando a Nemo" y "Monsters, Inc." o las más recientes "Ratatouille", "Wall-E" o "Up". Alguien está ganando mucho dinero pasándolo bien. Y haciendo que los espectadores lo pasen igual de bien.

Santa Trinidad

Nada habría sido lo mismo en el mundo de la animación si un adolescente risueño con gafas llamado John Lasseter no hubiera ojeado a principios de los años setenta del pasado siglo un ejemplar del libro "The art of animation". El joven Lasseter encontró en ese ensayo de Bob Thomas, sobre la realización de los dibujos de la factoría Disney, una extraordinaria revelación: los creadores de aquellas fantasías no sólo se divertían de lo lindo inventándolas, sino que además les pagaban por hacerlo.

El resto de la historia es para muchos conocida. Lasseter decidió que algún día sería como ellos. Aunque antes tuviera que licenciarse en el Institute of the Arts de California y ejercer incluso de barrendero u operador de atracciones en Disneylandia. Asumió esos retos como la mejor escuela antes de conseguir trabajo en los estudios de Walt Disney. Allí comenzó a experimentar con dibujos animados sobre fondos generados por ordenador. Pero el estudio no vio en principio con buenos ojos aquellos coqueteos con la incipiente ciencia informática. Muchos consideraban un sacrilegio introducir endiablados chips en la casa que había parido clásicos y adaptaciones como "Dumbo" o "Blancanieves y los siete enanitos". Y lo echaron de Disney.

Emeryville, al norte de San Francisco, parece un descomunal cuarto de juegos de ocho hectáreas, donde alrededor de 1.200 personas (el 45% mujeres, según la compañía) vienen cada día con el sano propósito de crear cosas nuevas.

Corría el año 1983 cuando Ed Catmull, un licenciado en el New York Institute of Technology amante de aunar la ciencia con el arte y la programación, convenció a George Lucas para que fichase a Lasseter en la división de animación de Lucas Films, cuyo equipo de ingenieros y creativos desarrolló la computadora de imágenes Pixar, utilizada para análisis médicos en tres dimensiones (3D) y fotografías vía satélite. Catmull y Lasseter soñaban con llevar a cabo un largometraje de animación por ordenador con aquella herramienta, pero Lucas les advirtió de que no contaran con él: no quería continuar dirigiendo una compañía aparentemente destinada a la venta de software. Así fue como Catmull se quedó con la división Pixar, a la espera de encontrar un inversor compasivo , capaz de creer en el talento y el largo plazo de las cosas. Y así fue como entró en escena uno de los personajes más interesantes que operan en esta tierra de las oportunidades llamada San Francisco, donde si de algo puede presumir su cerca de un millón de habitantes, es de una espléndida capacidad de reinventarse.

El tercer pilar de la Santa Trinidad de Pixar es un señor llamado Steve Jobs, también conocido como el mesías de Apple. El caballero siempre vestido con jeans y chalecos negros de cuello alto que dirige la mayor empresa tecnológica por capitalización del mundo -desbancó de ese puesto a Microsoft a finales de mayo- apostó por el potencial científico de Catmull y la creatividad de Lasseter. Este último logró finalmente dirigir "Toy Story" (1995), la primera película concebida por ordenador, gracias a una joint venture con Disney. Los 10 millones de dólares que Jobs invirtió entonces en Pixar se transformaron en las 11 producciones animadas por ordenador estrenadas hasta hoy y los aproximadamente 6.000 millones de euros por los que acabó vendiendo la compañía a Disney en 2006, tras años de entente cordiale (tiranteces entre directivos aparte). Desde entonces el alma máter de Apple se convirtió en el mayor accionista de Disney, John Lasseter ejerce de director general creativo, y Ed Catmull preside Pixar.

Jugando en serio

Aquel acuerdo financiero permitió mantener estas instalaciones en Emeryville. Un campus erigido en honor a la creatividad y al ingenio. A mediodía muchos de sus empleados disfrutan de un frugal almuerzo -basado, en su mayoría, en copiosas ensaladas y sándwiches con pan de centeno-, conversan o hacen gimnasia en las inmediaciones del complejo, a unos veinte grados de temperatura y bajo un sol reluciente. La brisa de la bahía de San Francisco agita las copas de los árboles que rodean el edificio donde nacen las aventuras de personajes como el emblemático cowboy Woody y el no menos querido astronauta Buzz Lightyear. Los protagonistas de "Toy Story 3" han vuelto a reventar la taquilla, y sólo en Estados Unidos y Canadá ya llevan recaudados más de 330 millones de dólares.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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