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El escritor de los narcos

  • Fecha: 20 03 2010
  • Sección: Cultura
  • Comentarios: 0

Herrera fue uno de los primeros en dar en el blanco al escribir sobre estos temas. Según él, tarde o temprano el foco se centraría en esto. "En Juárez ahora hay muchísima atención, pero siempre ha habido atrocidades. Los miles de asesinatos, realizados de la manera más macabra, contra mujeres jóvenes, trabajadoras e inmigrantes. Mujeres secuestradas, torturadas, asesinadas". En su caso, la cercanía con que escribió sobre ese tema se volvió un poco extraña. Cada vez que se informaba que tal o cual cantante de narcocorridos (curiosamente similar a Lobo) era asesinado o se descubrían sus vínculos con el narcotráfico, le preguntaban qué se sentía haber escrito sobre algo que sucedería en el futuro.

-El escenario ha cambiado desde que publicaste Trabajos del reino. El gobierno mexicano empezó una férrea guerra contra las drogas...

-Sí, pero lo que sucedió con esa "guerra contra las drogas" es que se ha emprendido de manera tan mal planeada, que la violencia que ya existía se ha vuelto mucho más evidente y descontrolada. Y de manera atroz, algunos carteles empezaron, también, a involucrar una simbología macabra en sus enfrentamientos entre ellos y con el gobierno. Es decir: ya no se limitan a las armas, sino que han estado echando mano a dibujos y símbolos que han hecho que la percepción de la violencia sea más horrible.

Yuri se refiere, por ejemplo, a las "firmas" de los carteles. A las siniestra señales con la que dan a conocer sus asesinatos. Así, algunos narcotraficantes decapitan a sus víctimas y ponen el cuerpo y la cabeza en lugares públicos. Otros les cortan la lengua y hacen lo mismo. Otros dejan a los muertos en el maletero del automóvil. Y otros los envuelven en mantas que se empapan con sangre.

Las dos caras del infierno

Señales que precederán al fin del mundo parece una versión globalizada de Pedro Páramo. Y al igual que en la novela de Rulfo, se busca a un familiar. El paisaje también parece ser el mismo, con desierto y pueblos a medio abandonar. La trama es simple: seguimos a Makina, una joven que cruza la frontera tras la pista de su hermano quien, años atrás, se fue en busca de un nivel de vida mejor. La novela no sólo roza temas como el narco y la degradación de algunos territorios. Asimismo sobre las nuevas lenguas y términos que van surgiendo en esos sectores (como el spanglish). Así, en su recorrido, Makina se topará con carteles del narco, personajes dignos de Cormac McCarthy y hasta tendrá que actuar de burro al llevar un paquete de droga.

"Son como dos versiones diferentes del infierno", dice Herrera, cuando se le pregunta sobre sus impresiones al ir desde El Paso y llegar a Ciudad Juárez. Lo curioso es que a estas alturas parece extraño recordar que ambas ciudades alguna vez fueron una sola (incluso hasta hoy comparten la calle principal). "El Paso es limpio, aséptico, aburrido y extremadamente seguro. Y Juárez, por otro lado, es entretenido, sucio, violento, peligroso y con una serie de contradicciones". En medio de esa dicotomía, dice Yuri, era casi imposible no ponerse a escribir. "Es una realidad que te desafía, que te hace pensar. Te hace crear una respuesta a eso". Y la respuesta de Yuri, claro, vino con Señales que precederán al fin del mundo. Más específicamente, en un momento de esta novela, cuando Makina es apresada por la policía mientras cruza la frontera junto a un grupo de inmigrantes. En esa pesquisa, uno de los inmigrantes saca un libro. Y un policía le pide a Makina que lea en voz alta, lo que crea una sensación de alivio dentro de ese tenso ambiente. La señal es clara. Y va acorde con los escritores cercanos a la narcoliteratura: parece ser que, en estos casos, la palabra tiene un poder.

-¿Y qué posición puede tomar un escritor frente a lo que sucede en el norte de México?

- Hay dos posibilidades: por un lado, sacar el lenguaje de la propaganda y de los clichés que tanto el narco como la cobertura mediática han instaurado. O sea, hablar del horror, pero con otras palabras. Sacarlo de la pornografía y del maniqueísmo y de la propaganda gubernamental. Y lo segundo es que la literatura no crea hombres buenos ¿no? Pero puede estimular a ciudadanos reflexivos. Y eso es lo que este grupo de escritores debería lograr.

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