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Fragmentos del diario íntimo de un náufrago de Lost

  • Fecha: 30 01 2010
  • Sección: Cultura
  • Comentarios: 1

2010

Enero

Veo la quinta temporada en dos días. De un viaje. "Lost" no se puede ver en televisión. El ansia convive con el abatimiento. Mejor una sobredosis de capítulos. Quizás ésa es la única forma de ver la serie. De un viaje. Sin tregua, intentando amarrar las imágenes de esta temporada: otro avión cae sobre la isla; un disco rayado repite el mismo loop;  los personajes que viven separados en 1954, 1977 y el presente; la sombra del cadáver de Locke que los amenaza a todos; la cara de Linus, que nunca deja de estar manchada de sangre; los raptos de fe de Jack, que son tan aburridos como innecesarios; la cara imbatible de Richard Alpert; las velas encendidas en esa iglesia en cuyo altillo Eloise mira un péndulo que describe el movimiento secreto del mundo; la histeria de Kate, que se comporta como una Ingrid Bergman posnuclear; la melancolía asesina de Sayid; un ataúd en una carnicería;  los fantasmas de Hurley, quien lee en el aeropuerto un trade de "Y: The last man"; la sensación  ominosa de la figura de Jacob, el dios misterioso que se pasea por la isla. Por supuesto, hay momentos en que todo pierde el sentido y luego vuelve a recuperarlo. "Lost" se demora en ser psicotrónico pero cuando lo consigue, se agradece: al final los héroes lanzan una bomba H sobre un foso, donde se produce una singularidad espacio-temporal. Suena a "Doctor Who", pero es "Lost". Al final, todos chocan contra todos como si una vieja frase de un single de The Smiths se convirtiera, veinte años después, en el mantra secreto de la serie: "Será la bomba lo que nos mantendrá unidos".

Benjamin Linus es lo mejor que ha dado la televisión en los últimos años. Su rostro es una máscara mortuoria y la capacidad que tiene para conmovernos proviene de cómo en el fondo Linus, más que nadie, es "Lost".

La mejor frase de la temporada. Sawyer a Jack, en el último capítulo: "Arruinaste las cosas la primera vez y ahora quieres detonar una bomba para tener una segunda oportunidad".

La muerte en "Lost" es como la de los cómics. Puede revertirse en cualquier momento.

Lost

Y está el último capítulo, que resume quizás la serie. Esos momentos finales en que Linus acuchilla  a Jacob, el dios secreto que controla los hilos de la serie. Algo pasa acá. Sí, en algún momento estalla una bomba H, pero es acá cuando uno comprende finalmente "Lost". O cree comprenderlo por un rato, antes de que la temporada final amarre o destruya todo: "Lost" siempre trató de padres e hijos. De lo que los padres les hacen a los hijos. De esos desastres. De hijos a la deriva que son sacrificados y asesinados por sus padres en una isla, pero también a lo largo del mundo. "Lost" trata de la venganza de los hijos sobre los padres mientras intentan no convertirse en esos monstruos prefigurados por ellos. Eso estaba susurrado en las vidas de Sawyer, Locke, Kate y Jack, en tanto racconto de sus miserias, pero acá, sobre el final, queda más claro como si todo el juego estructural de referencias y citas quedara desnudo como metáfora: al fin de la quinta temporada un acólito asesina a su dios. Es Abraham rebelándose contra Dios pero también una metáfora brutal -filmada con una fruición algo gore- de cómo un hijo levanta la mano contra la ley injusta del padre, como si en ese gesto de rebelión hubiera una catarsis, una promesa inútil de futuro, de la vida que vendrá.

Quiero una bomba H marca Dharma.

* Escritor, autor de Música marciana

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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