Daniel Dennett y un admirador adolescente
Lo que todos pensaron -lo que yo pensaba- es que me tocaría presenciar una maratón académica de dos días para especialistas y excéntricos, con el escritor Ian McEwan como yapa.
Error.
McEwan me dice: al principio pensé que me había equivocado. Que nos habían llevado al lugar equivocado. Qué es esto: ¿un concierto de rock? Por qué tanta gente joven. Raro, raro.
Si Ian McEwan considera que algo sea raro es porque, bueno, es raro. No necesariamente macabro, pero sí curioso.
-En Cambridge fui a un homenaje a Darwin. Había cien personas. Esto es un fenómeno. Pensé que Álvaro (Fischer, cabeza de la Fundación Ciencia y Evolución) era muy, muy famoso o, no sé, que animaba un programa de televisión, pero luego supe que no. Esto es sencillamente fascinante. Esto no es Comic-Con. No son esas convenciones atroces de autoayuda. This is quite extraordinary. Todo esto es muy raro, la verdad. Fascinante, pero raro.
Raro, sí. Lo del lunes y el martes fue estimulante, divertido y, por momentos, francamente emocionante. En un país donde siempre se habla mal de lo mismo, donde las divisiones vienen en el ADN, estar dos días encerrados alimentándose de ideas acerca de la cuales uno no tenía idea, donde cierta gente se definía como "pinkertiana de toda la vida", en que las vitales y hasta divertidas conferencias, como las de la doctora Helena Cronin o el separados-al-nacer Daniel Dennett o el mismo Steven Pinker, autor de Cómo funciona la mente, te dejaban lleno de preguntas y dudas. "Revolución Darwin" tuvo algo de revolución y si la meta era quitarle las connotaciones negativas al término darwiniano, creo que lo lograron con creces.
Distintas edades en el mismo seminario
Meses antes ya había empezado a escuchar (y de ahí la idea de la secta, del grupo, de la segregación) que esto no era más que un grupo embriagado por el darwinismo social, adictos a la discriminación y, como si se tratara de una mala novela gráfica, conspiradores de un nuevo holocausto. No voy a siquiera intentar resumir el pensamiento de Darwin ni menos lo que, a partir de esa idea peligrosa, han reflexionado y explorado los posibles premios Nobel que estuvieron en la testera. Pero sí salí más con la palabra adaptación circulando por mi mente que argumentos acerca de la sobrevivencia del más fuerte o apto.
Esto fue una celebración multitudinaria (estamos hablando de más de dos mil personas) con representantes seleccionados de toda la fauna local, desde especímenes a punto de extinguirse a toda una nueva camada de especies con pelos, piercings y tatuajes que hubieran sorprendido al mismo Darwin tal como lo hicieron los fueguinos hace dos siglos atrás. Hernán Büchi y Juan Claro, David Gallagher y Jorge Errázuriz, el hijo de Sebastián Piñera, y muchos, muchísimos universitarios.
Afuera, Darwin es respetado o, con suerte, provoca polémica. Acá es ídolo. A los chilenos les gusta obsesionarse cada tanto con alguien. Seguirlo. Estudiarlo. Poner en práctica sus teorías. Es el gurú. Es el neoprén cultural que los une y les da un norte. El factor Chile. El efecto Tunick, Pequeña Gigante, Faith No More.
El seminario, organizado por la Fundación Ciencia y Evolución, un grupo sin fines de lucro de empresarios e intelectuales, tuvo algo de orgía, jubileo y convención demócrata pro Obama. Mientras los tres candidatos y su gente estaban recorriendo el país, dentro de CasaPiedra estaba el futuro y, sí, el pasado, pero un pasado con el que uno puede vivir y que hizo que este país sea lo que es. Pero era curioso lo que pasó ahí.
Raro.
Por mail, un amigo del exterior me entendió mal y pensó que estaban filmando una escena de una película de Darwin y yo era uno de dos mil extras. "Llegaron tarde: la película de Darwin con Paul Bettany y Jennifer Connelly, se estrena el otro mes". Otro no entendía por qué estábamos celebrando algo que no era nuestro. Un amigo cinéfilo me dijo que no entendía nada y menos qué hacía McEwan en Chile hablando de ciencia.
-Son raros ustedes.
Darwin dibujó una vez una serie de líneas conectadas en forma de ramas y eso fue su base: el árbol de la vida. Ahí, en el fondo, estaba el organigrama de esa idea peligrosa que se le ocurrió. Pero luego escribió arriba de su dibujo: I Think.
Creo.
Creo que esto puede ser.
Creo, quizás, a lo mejor, capaz.
Yo no sabía eso de Darwin, y mirando en las pantallas gigantes los íconos que colocaban en una suerte de comercial de segunda para contextualizar a Darwin como ídolo pop, pensé que estaban equivocados. Uno porque ya la gente estaba ahí y claramente ya veían a Darwin como un transgresor, como alguien que pensó fuera de la caja, como un emprendedor "que se la jugó". Darwin es, en rigor, perfecto y ahí es donde Fischer es bastante genial también. Lo que Ciencia y Evolución hizo y, creo hará, es poner a Darwin en la agenda, chilenizarlo, subirlo al panteón, transformarlo en afiche y en polera. Tiene todo a su favor: el look, la barba blanca, la etapa aventurera-marina, el hecho de que Chile le cambió su visión de mundo ("aquí las cosas se mueven") y, a diferencia de Lennon y el Che -que aparecían en las pantallas sin mucha razón-, Darwin dudaba y, para ser un hombre obsesionado con los fósiles, claramente está más vivo y activo y relevante que nunca.
I Think.
Creo.
Supongo.
En CasaPiedra, el viejo y nuevo país se electrificó y transformaron en deidad-pop a un ateo que pensaba peligroso. Estoy hablando de mucha gente. Más de dos mil. He ido a recitales de rock con menos gente. Todo esto ocurrió bajo el alero que aquellos supuestamente fácticos que sí creen y que nos les gusta pensar peligrosamente.
Sólo en Chile.
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