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Orgánico y natural: El peligro de un mito

Por: Andrés Gomberoff S.*

Hoy, los villanos parecen ser pesticidas, fertilizantes e ingeniería genética. A cambio de esto, tenemos productos orgánicos "naturales" que nos garantizan la ausencia de estos tratamientos y, por lo tanto, más salud, sabor y cuidado del medio ambiente. Pero casi nadie se da la molestia de explicar por qué esto es así.

  • Fecha: 13 08 2010
  • Sección: Ciencia
  • Comentarios: 1

"Natural". Pobre palabra. Su uso indiscriminado en la publicidad y la política la ha despojado de todo significado, transformándola en una simple muletilla, tan popular como falso certificado de calidad para muchas de las ideas o productos que nos intentan vender a diario. En varias oportunidades he sido testigo de cómo una discusión sobre las bondades medicinales de cierto producto "natural" termina con un categórico "y bueno, mal no me puede hacer".  Si se trata de un té de hierbas, probablemente sea cierto. Pero, a escala social existe un enorme riesgo del que debemos hacernos responsables. La agricultura, con la proliferación de los así llamados productos "orgánicos", es un buen ejemplo.

Aquí los villanos parecen ser pesticidas, fertilizantes e ingeniería genética. A cambio de esto, tenemos productos orgánicos "naturales" que nos garantizan la ausencia de estos tratamientos y, por lo tanto,  más salud, sabor y cuidado del medio ambiente. Pero casi nadie se da la molestia de explicar por qué esto es así. Y el acalorado debate científico al respecto nos demuestra que estos beneficios no son tan evidentes.

Primero ¿son tan nefastos los fertilizantes y pesticidas? Ciertamente, como cualquier otro producto químico, pueden ser muy tóxicos. Por ello requieren una exigente regulación. Lo mismo ocurre con medicamentos o bebidas. Más aún, esta regulación es igual de importante tanto para productos sintetizados en tubos de ensayo como para los llamados productos "naturales". No porque el hongo que creció en su jardín sea natural será más saludable que un tubo de pasta de dientes.

Luego está la ingeniería genética. Aquí el ADN de un vegetal es modificado para crear nuevas especies con características de nuestro interés: mayor resistencia a plagas, mejor tamaño de la fruta y valor nutritivo, colores y sabores más atractivos, entre otras. El miedo aquí es que el producto conseguido pueda ser dañino para la salud o para la ecología. Note, sin embargo, que la selección artificial que el hombre ha practicado durante milenios tiene un efecto, si bien mucho más lento, bastante similar. En ésta, simplemente esperamos que el azar produzca mutaciones, y seleccionamos aquellas que mejoraron el producto para un próximo cultivo. Fue el mismo Charles Darwin quien acuñó este término. En ella encontró inspiración para su selección natural, mecanismo clave que guía la evolución. Aquí las mutaciones que provocan una mejor adaptación al medio sobreviven. En la artificial, las seleccionamos a voluntad. El maíz, por ejemplo, no existía hace 10 mil años. Entonces sólo existía el teosinte, su pariente pobre: una pequeña mazorca de apenas algunos centímetros y unos pocos granos. Algunos miles de años necesitaron los indígenas americanos para domesticarlo, transformándolo en el maíz moderno.

Debemos estar atentos, pues en el mercado orgánico, como en cualquier otra actividad humana, también es posible que existan prácticas poco éticas. Después de todo, hablamos de un negocio que en el mundo ya supera los US$ 50 mil millones anuales en ventas. Es importante informarse más allá de la moda y el marketing. Dominic Lawson, periodista de The Guardian, escribió hace algunos años que "el negocio orgánico -comida ordinaria a precios extraordinarios- no es más que un impuesto a la ingenuidad".

La ingeniería genética le da un buen empujón al proceso, introduciendo directamente los genes deseados en el ADN de la planta o animal, y ahorrándonos así un par de miles de años en la mejora de nuestros productos agrícolas. Nuevamente, el punto esencial está en la regulación. No es el avance tecnológico el que puede poner nuestra salud o medio ambiente en peligro: son más bien las prácticas de unos pocos científicos, empresarios, políticos o fiscalizadores inescrupulosos. Y éstos existieron y existirán siempre, independiente del estado de la tecnología. Hace muy poco, por ejemplo, muchos no trepidaban en regar sus hortalizas con aguas servidas -nada más "natural" que nuestros propios despojos-, provocando problemas de salud muchísimo más importantes que los que hoy podrían estar generando los pesticidas modernos.

Y debemos estar atentos, pues en el mercado orgánico, como en cualquier otra actividad humana, también es posible que existan prácticas poco éticas. Después de todo, hablamos de un negocio que en el mundo ya supera los US$ 50 mil millones anuales en ventas. Es importante informarse más allá de la moda y el marketing. Dominic Lawson, periodista de The Guardian, escribió hace algunos años que "el negocio orgánico -comida ordinaria a precios extraordinarios- no es más que un impuesto a la ingenuidad ".

Cualquier cosa nueva que hagamos puede presentar problemas inesperados. Medicamentos, software, alimentos o máquinas. Es cierto que estos errores pueden ser tremendamente fatales si se trata de nuestra salud o alimentación. Sin embargo, renunciar a la ciencia en este ámbito es aun más peligroso.

Sin ir más lejos, los accidentes de tránsito son una de las causas importantes de muertes en el mundo, especialmente de gente joven. Los automóviles también son una de las fuentes más importantes de contaminación. Piense en esto la próxima vez que salga en su auto a una feria orgánica. Quizás habría que abolir el automóvil antes que fertilizantes y pesticidas. Quizás, pero el remedio sería peor que la enfermedad.

En un mundo con mil millones de desnutridos, la tecnología con sus pesticidas y su ingeniería genética dan una esperanza de alimentos baratos, nutritivos, abundantes y que requieran de poco cuidado. Incluso son, en algún sentido, más amigables con el medio ambiente, pues permiten cosechas mayores en terrenos más pequeños, lo que reduce la necesidad de deforestación. No quiero decir aquí que los cultivos orgánicos no tengan ventajas, ni que éste sea un tema zanjado. De hecho, existen evidencias en favor de la agricultura orgánica en el sentido de promover la biodiversidad. También es muy posible que sean más variados y sabrosos comparados con aquellos producidos en masa. Lo que pretendo es sólo llamar la atención respecto de ideas que se imponen por ideología más que por evidencia. De la importancia de buscar toda la información, por políticamente incorrecta que parezca.

*Vicerrector de Investigación y Doctorado de la UNAB.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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