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La luz del ADN

  • Fecha: 23 04 2010
  • Sección: Ciencia
  • Comentarios: 5

La genética y la música

El disco Thriller de Michael Jackson marcó un récord con más de 100 millones de copias vendidas. Un solo individuo y su billón de copias exactas de material genético harían enrojecer al desaparecido rey del pop. Todas estas copias fueron reproducidas a partir de la célula primigenia, aquella que se formó cuando se fusionaron el espermio y el óvulo de nuestros padres. Más increíble aún, muchos de los genes que portamos son copias exactas de aquellos que llevaban nuestros antepasados hace millones de años y que tuvieron éxito en la feroz batalla evolutiva. ¿Cómo se logran tantas copias tan precisas de generación en generación celular? Algunos errores de copiado hubo en el camino, claro. Los llamamos mutaciones, y son la raíz de la selección natural y de la evolución.

Podemos comparar la precisión de estas copias con la forma en que es posible hacer copias precisas de un CD. Sucede que su largo surco contiene una secuencia -unos 5.000 millones- de ceros y unos. Podemos codificar con asombrosa fidelidad el disco Thriller a través de una de estas secuencias, que luego el reproductor sabrá transformar en sonidos. La clave está en que copiar ceros y unos es muy fácil. Son sólo dos posibilidades en cada posición de la secuencia. Y aunque éstos sean miles de millones, podemos hacerlo. Una máquina lo realiza rápido y de manera confiable, y el resultado es una copia exacta. Podemos así poblar el mundo de copias que son clones fidedignos del disco original. Ésta es la gran ventaja de la tecnología digital. No ocurre lo mismo, por ejemplo, con un cuadro. Cada porción tiene una infinidad de posibles colores y texturas. No podemos -por ahora- hacer copias de Las Meninas con total fidelidad. Y si hacemos copias de copias, el resultado será cada vez más lejano a la realidad. Ésta es la tecnología análoga. En ella es posible alejarse del modelo original en pasos tan pequeños que son imperceptibles. Pero que se acumulan en el tiempo. Cambiar un cero por un uno, en cambio, es siempre un proceso categórico. Ésta es la base de la estabilidad y precisión de copiado de la información digital.

¿Y la herencia?

La información genética también es digital, y por eso es tan estable y fácil de reproducir. Lo hace copiosamente tanto dentro de cada individuo, como de un individuo a otro a lo largo de la historia. La clave está en esa estructura que revelaron los rayos X: una larga hebra helicoidal que contiene una secuencia de moléculas que funcionan como dígitos. Hay 4 tipos, conocidos por las letras A, T, G y C. El material genético humano consiste en unos 3.000 millones de estas letras.

El secreto de la reproducción celular está en el descubrimiento de Watson y Crick: la hélice es doble. Cada hebra está pegada con otra muy similar. La unión se realiza de modo que en frente de una A siempre hay una T, y en frente de una G, siempre una C.

El secreto de la reproducción celular está en el descubrimiento de Watson y Crick: la hélice es doble. Cada hebra está pegada con otra muy similar. La unión se realiza de modo que en frente de una A siempre hay una T, y en frente de una G, hay siempre una C. Así, ambas hebras pueden separarse como una cremallera y la maquinaria celular no tendrá problemas para generar ADN completo a partir de cada mitad. Basta pegar una segunda hebra, enfrentando letras del modo ya descrito. Así la información genética se propaga como un disco muy popular, con fidelidad perfecta.

En nuestro caso, el código genético está duplicado. Uno se lo debemos a nuestro padre y el otro a nuestra madre. Esto puede ser bueno. En caso de que uno sea defectuoso, hay otro muy parecido al cual acudir. Esto también significa que nuestros hijos no son copias de nosotros, aunque lleven copias exactas de la mitad de nuestros genes.

Mis hijos comienzan a alegrarse ante el inminente fin del viaje. Ya reconocen los árboles y casas del barrio de sus abuelos. El CD yace nuevamente en el suelo. Los observo y veo sus sonrisas. Reconozco en ellos mis dientes separados y mis cejas. Son los genes que les he transmitido. Aquellos que, al igual que los de cada una de las especies vivientes sobre la Tierra, han triunfado en la batalla por la supervivencia y se han reproducido sin tregua por varios miles de millones de años de evolución sobre el planeta.

* Departamento de Física de la UC.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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