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El hombre de la escala

Por: Alberto Fuguet*

El terremoto de hace dos semanas echó abajo todos mis libros. Entre ellos, en el suelo, me topé con "Richter's Scale". Lo tomé como una señal. Desde entonces, no he podido dejar de leer esta biografía de Charles Richter (1900-1985). Es la historia de cómo un adolescente tímido de Ohio se convirtió en el científico dueño de la escala que mide la energía que libera la tierra cuando sacude el piso.

  • Fecha: 13 03 2010
  • Sección: Ciencia
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Ahora que todos están dándoles nuevos sentidos a términos sísmicos que antes usaban con una liviandad asombrosa y tiñéndolos con cargas desde sicológicas a new-age (fractura, fisura, réplica, piso, caer, temblor, terremoto, golpe, liberación de energía y así...), me impresiona cómo Charles Richter (sí, el de la escala de Richter) utilizó el camino al revés. Un terremoto no hizo que sus "placas se movieran" o el "piso se le cayera" sino, muy por el contrario, al captar que él mismo estaba lleno de fisuras y acaso fracturas optó por buscar un mundo que lo acogiera, quizás lo alejara de sí mismo y de sus fantasmas y lo hiciera estudiar algo bastante más grande que su inconsciente: el planeta entero.

De muy joven captó que en vez de ser un mal poeta quizás podía ser un buen científico. Lo que nunca imaginó es que sería uno tan importante. En vez de tratar de estirar el significado poético de ciertas palabras ligadas a la psiquis y a la tierra, optó por estudiarlas. Aun así, en secreto, escribió casi diariamente. Poemas menores, sí, pero también diarios. Richter, un hombre callado, tímido, inseguro, con un círculo muy pequeño, tenía un convulsionado mundo interior de magma que casi lo hizo "fracturarse en dos".

Richter nació con el siglo y murió unos meses después de nuestro terremoto del 85. Su famosa sentencia hoy parece más certera que nunca: "Un terremoto nunca llega solo…". Richter fue un hombre bajito y agnóstico, que rápidamente se dio cuenta de que nunca sería un gran atleta o un seductor y que su camino tenía que ser otro. Sus colegas lo tildaron como "el más nerd de los nerds" y a veces llegaba con dos corbatas. Estudió la tierra, pero nunca la conoció. Una vez que sintió que su lugar era el laboratorio sísmico de Caltech, en el elegante barrio de Pasadena, en Los Angeles, nunca se movió de ahí.

La señal

Hasta hace un par de años atrás no existía un libro acerca de este hombre cuyo apellido ahora es sinónimo de terror. Susan Elizabeth Hough, una sismóloga de Berkeley, sintió que era curioso que no se supiera más del científico que terminó adueñándose de la tierra sobre la cual vivimos. El libro, llamado Richter's Scale,  no excitó a ninguna casa importante y al final fue publicado hace tres años por la editorial académica de Princeton.

El libro de Hough cayó al suelo junto al resto de mis libros, mientras se desplomaban los libreros al piso. Al toparme con él, lo tomé como una señal. Compré Richter´s Scale en un viaje, casi como ofrenda. Sentía que tenía que tenerlo pero, luego, como sucede con las compras impulsivas, lo dejé a un lado. Ya no lo necesitaba, ya había concluido mi investigación para una novela con sismólogos al centro.

Richter nació con el siglo y murió unos meses después de nuestro terremoto del 85. Sus colegas lo llamaban "el más nerd de los nerds" y a veces llegaba con dos corbatas. Estudió la tierra pero nunca la conoció: cuando sintió que su lugar era el laboratorio sísmico de Caltech, en el barrio de Pasadena, de Los Angeles, nunca se movió de ahí.

Una vez que me llegó la luz, no pude parar de leer la historia de cómo un adolescente introvertido de Ohio, que a veces estallaba en llantos incontrolables, terminó por tratar de entender las placas terrestres para entenderse a sí mismo. Su madre, una mujer que hoy sería tildada de "inestable", lo llevó a California a los 16 años. Pero el joven Richter no fue traumatizado por un terremoto. Durante las primeras tres décadas del siglo, California se movió poco. O si lo hizo, hoy serían considerados grado 3 ó 4.

Richter enfrentó los primeros treinta y tres años de su vida sin experimentar un terremoto. El piso no se le movió. Lo que sí se le trizó algo fue su psiquis. "Prefiero no recordar o hablar de mi infancia", decía. A los 21 pasó un año internado en una clínica psiquiátrica luego de haber sufrido un "colapso". Algunos años después, escribió: "Es bueno haberme medido… ahora reconozco mis limitaciones…". Perdió la virginidad cerca de los treinta con la mujer con la cual se casaría. Richter no tuvo hijos y tampoco los quiso tener. El primer terremoto de verdad que sintió fue el de Long Beach, en 1933. Ahí captó que era grande. ¿Pero cuán grande?

En Caltech, Richter encontró su planeta y luego de enfrentar en carne propia un terremoto halló su misión: medir los sismos para que los no científicos pudieran entender algo no sólo complicado a nivel científico, sino un evento tan inconcebible para el ser humano. Richter quería medir un terremoto desde su epicentro y no que fuera el ojo humano y la posible destrucción de un sitio la vara con que se analizara el movimiento telúrico (que es lo que hace la Escala de Mercalli).

Los números

Los terremotos no tienen nombre como los huracanes. Si bien tienen epicentros, no tienden a llamarse o ser recordados así. Al que sacudió a nuestro país hace dos semanas nadie lo ha llamado "el de Cobquecura". Tienden a quedar bautizados más por el año o la región que fue más afectada, pero desde 1935 todos vienen con un número: el del 27 de febrero del 2010 fue 8,8 en la escala que inventó Richter. La escala va del 1 al 9 y se calcula a partir de la energía liberada. Mientras más cerca estás del 10, menos posibilidad tienes de contar que te enfrentaste con uno de esa magnitud.

Su madre lo llevó a California a los 16 años. Pero durante las primeras tres décadas del siglo California se movió poco. Richter enfrentó los primeros 33 años de su vida sin experimentar un terremoto. El piso no se le movió. El primer terremoto de verdad que sintió fue el de Long Beach, en 1933. Ahí captó que era grande.

Richter sintió que era necesario utilizar una escala estándar para comparar movimientos. La escala es logarítmica, lo que implica que hay mucha diferencia entre un 6,0 y un 7,0. Diez veces más, en rigor. Cualquier movimiento arriba de un 6,0 puede causar daños serios.

Richter la inventó junto a Beno Gutenberg. Su socio quedó sin el reconocimiento merecido quizás por ya tener un apellido histórico. La escala quedó asociada para siempre con el nudista de Pasadena. Sí, nudista o naturista, como se le decía. Porque luego de décadas de avergonzarse por su cuerpo, Richter entendió que el hombre se enfrenta a la tierra desnudo y que, por eso mismo, no había que tener pudor.

* Periodista, cineasta y escritor.

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