Por: Alejandro Alaluf B.
Se realiza anualmente desde 1995. La Electronic Entertainment Expo, más conocida como E3, se instala en el corazón de Los Ángeles y reúne a los actores más importantes del mundo de los videojuegos. Todos están ahí por un motivo: conocer las tendencias y el futuro de la entretención interactiva. Además de jugar, claro. Este 2010 no fue la excepción.
"¡Este negocio se trata de jugar videojuegos en una tele gigante dentro de una habitación pequeña!". Ésa debe haber sido la frase más celebrada y aplaudida de la recientemente finalizada feria E3 en Los Ángeles, California. Las palabras las exclamó Kevin Butler, el portavoz oficial de las campañas de marketing de PlayStation, durante la presentación de Sony en el legendario Shrine Auditorium, el mismo edificio donde antes se celebraba el Oscar. Y si bien la frase puede resumir uno de los clichés más obvios referidos a la audiencia gamer, al final del día sí representa a la gran mayoría de este público, que a la larga busca justamente eso: jugar videojuegos en teles gigantes. El resto, poco importa.
Ése es el fanatismo que se respira en los atestados pasillos del L.A. Convention Center, ubicado en pleno Olympic Boulevard, al lado del Staples Center, donde simultáneamente se desarrollaban las finales de la NBA, entre los Lakers y los Boston Celtics. El partido definitorio se jugó sólo minutos después de que culminara la E3, en la tarde del jueves 17. Olympic era un río humano con camisetas amarillas y logos morados.
Pero retrocedamos unos días. El martes de esa misma semana, tras la conferencia de Sony, estamos reconociendo las inmensas dependencias del L.A. Convention Center y el panorama es realmente sobrecogedor. Abrumador. Especialmente para un cronista, que le gustan los videojuegos y está ahí por primera vez. Stands gigantescos con carteles enormes se elevan sobre un mar de gente. Se ven filas en todos lados, de seguro esperando ver o probar algunos de los juegos en exhibición. Lo peor de todo es esa sensación que embarga completamente y provoca ansiedad. Se quiere ver todo, se teme no tener tiempo para hacerlo y peor aún: no se sabe por dónde empezar. Es un poco la sensación que se generaba en los buenos años de la FISA. Pero varias veces elevada al cuadrado.
La E3 2010 partió oficialmente el martes 15, pero los fuegos comenzaron el domingo anterior, con la presentación de Microsoft de sus juegos más esperados para la próxima temporada. Entre ellos, un nuevo capítulo de Halo, y la tercera parte y final de su saga Gears of War. Además, trajo especialmente al Cirque du Soleil para introducir su nuevo periférico, llamado Kinect.
La E3 2010 partió oficialmente el 15, pero los fuegos comenzaron el domingo anterior, con la presentación de Microsoft, quien mostró sus juegos más esperados para la próxima temporada, entre los cuales incluyó un nuevo capítulo de Halo, y la tercera parte y final de su exclusiva saga, Gears of War. Además, trajo especialmente al Cirque d Soleil para introducir su nuevo periférico, llamado Kinect y conocido hasta ese entonces como Proyecto Natal. Posteriormente, el martes, hicieron lo suyo Nintendo, que presentó su novedosa consola portátil 3DS; y luego Sony, que dio a conocer su control de movimiento PS Move, su nuevo sistema 3D para juegos y que, por consenso de asistentes y blogs, tuvo la conferencia más aplaudida de todas. Asumimos que el carismático Kevin Butler tenía algo que ver.
Pero es después de estas presentaciones cuando uno realmente se asombra. Dentro y en los pasillos del L.A. Convention Center. Inmediatamente, la invasión de luces y colores, de ruidos y de estímulos sensoriales, de gente y promotoras, es instantánea y bombardea de manera crónica durante los tres días que dura el evento.
En un comienzo, todo es expectación y estar boquiabierto. Todos están aquí y lo hacen saber con grandes letras: Konami, Activision, Disney, THQ, Square Enix, Take-Two, Ubisoft, Warner Bros., MTV Games, Capcom, Electronic Arts… Y más allá de la avalancha de pantallas y juegos, a través de los pasillos se ven varios ingredientes que denotan el tipo de público que deambula por la feria. Destacan especialmente dos: autos deportivos de lujo, para promocionar juegos ad hoc, y chicas. Muchas chicas vestidas -o más bien disfrazadas- con ajustados trajes que emulan los personajes de los juegos que promocionan. Son las llamadas booth babes, parte fundamental desde los inicios de la E3, en 1995.
Estas chicas abundan en los pasillos invitando a los asistentes a probar los juegos o a inscribirse para sorteos. En realidad, da lo mismo. Lo divertido es ver cómo muchas de ellas tratan de emular a personajes de sus videojuegos, en medio de los flashes que disparan los asistentes. Hay para todos los gustos: chicas vestidas de militares futuristas, de zombis, de guerreras medievales o de animé japonés. Da lo mismo el disfraz. Lo importante es cumplir, en vivo y en directo, las fantasías de miles de gamers.
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