Por: Alejandro Alaluf, desde Chengdú, China.
Es difícil imaginar el concepto de videojuegos más allá del living. Pero sucede. Una vez al año, se realiza un gigantesco torneo mundial, con grandes auspiciadores, miles de espectadores, muchísimos dólares en premios y ganadores elevados a categoría de rockstar. La versión 2009 de los World Cyber Games -la competencia de videojuegos más grande del planeta, según Guinness- acaba de terminar en China. Esto es lo que vimos.
Las selecciones de Alemania y Rusia se miden en un vibrante partido de fútbol. Miles de espectadores observan atentos el encuentro en pantallas gigantes. Y cuando Alemania anota el tanto de la victoria, el comentarista grita el gol y el público estalla en cánticos dirigidos al único jugador alemán que realmente está jugando y que ni siquiera se tuvo que poner los chuteadores: un chico de 23 años que se hace llamar kr0ne. Porque el match no es entre selecciones reales, sino entre videojugadores. Muchos de ellos, profesionales. Ciberdeportistas, si se quiere. Que se están jugando la vida en la nueva versión de los World Cyber Games, lo más cercano a unos Juegos Olímpicos digitales.
Y es que el partido, en verdad, es una competencia de FIFA 2009. El título de Electronic Arts es uno de los tantos juegos que miden el talento de chicos de todo el planeta en esta competencia de videojuegos que también se conoce como WCG y que, según el libro Guinness, es la más grande e importante del mundo en su tipo. Este año se desarrollaron en Chengdú, China, entre el 11 y el 15 de noviembre.
Puede que el evento -que se desarrolla desde el 2000, organizado por Corea del Sur y variando cada año la ciudad anfitriona- sea más para geeks que para atletas verdaderos, pero eso no quita que detrás haya negocios serios, un sano espíritu de competencia y camaradería y mucho dinero involucrado. Además, claro, de un fortísimo orgullo nacional por cada país participante.

Chengdú tiene cerca de 12 millones de habitantes, se ubica al suroeste del país y es la capital de la provincia de Sichuan. Conocida por tener una de las reservas de osos panda más grande del país -el animal es símbolo en taxis, cigarrillos y tiendas-, también es un foco tecnológico y de inversiones. En cada esquina se ven nuevas y gigantes edificaciones. Es una ciudad que hierve en desarrollo.
Los WCG 2009 se desarrollan en el International Convention & Exhibition Center, un nuevo, gigantesco y muy moderno complejo de galpones acondicionados, centros comerciales de lujo, restaurantes y siete hoteles en la periferia de la ciudad. Aquí ocurre todo, en cinco días de competencia y videojuegos.
Los torneos de la competencia se sustentan en tres plataformas distintas: PC, Xbox 360 (la consola de Microsoft) y celulares. Cada una presenta juegos de distinto género: peleas one-on-one, estrategia, disparos, carreras automovilísticas, deportes y simuladores de ritmo. Cada país puede enviar la cantidad de representantes que quiera por juego, como equipo o de manera individual.
Auspiciados por grandes compañías, estos muchachos hoy recorren el mundo en competencias, ganan miles de dólares al mes y son tratados como estrellas de rock, desatando el delirio cuando sus fanáticos los reconocen.
¿Los títulos? Para todos los gustos. En total son 12 videojuegos, pero entre los más populares tenemos al StarCraft: Brood War y el Warcraft III: The Frozen Throne; es decir, juegos de estrategia online en tiempo real. Pero también están, entre otros, el clásico y polémico Counter-Strike, el juego de disparos en primera persona que enfrenta a comandos y terroristas, el juego francés de carreras TrackMania Nations Forever y el Guitar Hero World Tour, en el apartado de los videojuegos de ritmo. En celulares, la estrella es el juego de carreras urbanas Asphalt 4: Elite Racing.
Muchos de estos chicos -este año, Chile volvió a participar con un competidor en los WCG, luego de una ausencia de casi un lustro- no sobrepasan en promedio los 23 años. Y es muy probable que hayan sido alguno de los clásicos casos en donde sus pares y sus padres consideraban que jugar videojuegos era perder el tiempo. Pues bien, he aquí su venganza: auspiciados por grandes compañías, estos muchachos hoy recorren el mundo en competencias, apariciones públicas y exhibiciones, ganan miles de dólares al mes y son tratados como verdaderas estrellas de rock, desatando el delirio cuando pasan entre los fanáticos que los reconocen. Como si fueran los Jonas Brothers o el Mago Valdivia.

El lugar donde se desarrolla la competencia es enorme y en todos lados se ven paneles, pósters, gigantografías, avisos publicitarios o banners relacionados con videojuegos. La gente circula como hormigas todo el día, mientras muchos exclaman "¡oooh!" y "¡aaah!" frente a las pantallas que muestran los torneos. Cuando uno de los competidores gana, hay gritos de algarabía. Y, a los pocos segundos, un enjambre de gente y cámaras fotográficas se acercan para felicitar e inmortalizar al ganador. La escena se repite varias veces al día.
Los dos tremendos salones que albergan los WCG tienen un aire como a la vieja FISA. En uno se ubican los stands de marcas relacionadas con el mundo gamer, como Samsung -auspiciador mundial del evento- o AMD, y publishers como Ubisoft y THQ. Todas esas firmas aprovechan de mostrarle al mundo sus productos y novedades, desde computadores a celulares, en medio de promotoras y modelos orientales disfrazadas ad hoc. Estos media partners le ponen color y sabor al evento con el fin de establecer como mainstream el concepto de eSports, tal como sucede con los deportes verdaderos. El año pasado, por ejemplo, los WCG se desarrollaron en Colonia, Alemania, y juntaron a cerca de 800 participantes de 78 países con US$ 500 mil en premios.

En el salón contiguo, se desarrollan los torneos. Hay varias filas de computadores, perfectamente alineados, listos para comenzar la batalla. Y cuando ésta empieza, los jugadores se concentran hipnotizados frente a las pantallas con sus audífonos -como si fuesen controladores aéreos-, tratando de anotar un gol, destruir un fuerte o llenar de plomo al contrincante. Tras ellos, luego de una muralla de no más de un metro, están los espectadores que, agolpados y sacando fotografías, siguen la acción que se prolonga non-stop entre el mediodía y las siete de la tarde, cuando afuera ya está oscuro y frío en Chengdú.
Algunas finales o semifinales se desarrollan en el auditorio, donde se realizó la inauguración. Sobre el escenario, dos casetas o espacios delimitados con los contrincantes. Encima, enormes pantallas LCD de alta definición. El público sigue los juegos y vitorea, como en cualquier evento deportivo, la victoria de un equipo.
Entre los competidores hay desde pokemones a chicos cool. Muchos también de pinta absolutamente normal. Algunos, incluso, andan con sus madres. Viendo todo este espectáculo, hay que reconocer que los videojuegos hace rato dejaron de ser un pasatiempo para cerebritos.
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