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Habla Alejandro Schayman, el prófugo de la justicia chilena

Por: Michelle Chapochnick, desde Bolivia

Es uno de los prófugos más buscados por la justicia chilena. El boliviano Alejandro Schayman fue condenado a cadena perpetua por el asesinato a golpes de su hija Tamara.  Hace dos años que huyó de Santiago. En medio de la selva, donde hoy se esconde, dice que  "a Chile no volveré más".

Esta foto de Alejandro Schayman fue tomada el 2008 en Bolivia. No corresponde con su imagen actual, la que prefiere ocultar.

Esta foto de Alejandro Schayman fue tomada el 2008 en Bolivia. No corresponde con su imagen actual, la que prefiere ocultar.

Alejandro Schayman me mira a los ojos, sin vergüenza ni preocupación.     

-¿Quieres jugo de limón?-, me pregunta. Y sonríe.

Viste jeans celeste, camisa de manga corta y sandalias. Ropa relajada, acorde al lugar donde vive escondido desde el 10 de agosto del 2009, un día después de su cumpleaños número 46. Está más flaco y bronceado. Parece despreocupado, salvo cuando pregunta: ¿alguien más sabe que estás acá?

El boliviano Alejandro Schayman está prófugo de la justicia chilena. Lo acusan de asesinar a golpes a su hija Tamara. El 4 de septiembre pasado la jueza del 34º Juzgado del Crímen de Santiago, Cheryl Fernández, pidió su extradición. Interpol está tras sus pasos.

La familia de Schayman ha decidido que él dé su versión. Es su primera entrevista desde la clandestinidad. No debo saber de antemano su paradero. Viajo desde La Paz hasta un pequeño caserío de Bolivia, en plena selva. Una vez en el lugar, un desconocido y una avioneta privada me están esperando. Entonces me trasladan hasta el nuevo hogar del boliviano. Me recibe en un descampado, a la entrada de un fundo. Hay animales a nuestro alrededor.

Schayman se encuentra de buen ánimo. Bromea y constantemente pone en juego sus contradicciones y sus logros económicos. No podemos mostrar su nuevo aspecto -desea estar "menos reconocible" por si decide cambiar de escondite-, pero en un momento -aunque a posteriori cambiaría de opinión- acepta sacarse una foto frente a la avioneta que me llevó hasta él. "Sería bueno para que sepan que me ha ido bien. No me importa que piensen que me estoy dando la gran vida, aunque no es así", dice.

El 29 de julio del 2009 la Corte de Apelaciones lo condenó a presidio perpetuo calificado por el parricidio de su hija Tamara Schayman Kychenthal. La pequeña murió el 11 de junio de 2002. Seis años antes, cuando sólo tenía cuatro meses de edad, ingresó a la Clínica Las Condes con un paro respiratorio y entró en un coma del que nunca despertó. Tenía una fisura en la cabeza, múltiples huesos rotos y hemorragias en gran parte de su cuerpo, atribuibles a golpes proporcionados por terceros. Así consta en el parte médico.

El hombre, originario de La Paz, se autoinculpó. Estaba casado con la chilena Marianne Kychenthal, con quien entonces esperaba otro hijo, el que finalmente tuvo. Pero Schayman nunca conoció.

Fue condenado a 20 años de prisión por parricidio frustrado. Sin embargo, después de estar dos años en la cárcel, obtuvo la libertad condicional. Se hizo empresario y firmaba mensualmente en el Patronato Nacional de Reos.

Desde esa fecha poco se supo de él, hasta el dictamen de julio pasado. Pero Schayman ya estaba lejos: en 2007 huyó de Chile. Por lo que recuerda salió del país rumbo a Perú por un paso fronterizo legal. Nadie lo retuvo por su situación procesal. Luego, se trasladó a su país. Ahí se radicó en Sucre junto a su nueva esposa, una abogada boliviana.

Escapando de Chile

-¿Cómo se enteró de la sentencia de la Corte de Apelaciones que lo condenó a presidio perpetuo calificado por el asesinato de su hija?

-Por las noticias y por un tío que me llamó de Santa Cruz.

-¿Por qué no apeló ante la Corte Suprema chilena?

-No soy culpable. No apelamos, porque no pudimos. Yo estaba en viaje de mi casita en Sucre para acá.

-¿Cuándo decidió escapar de Chile?

-Hace dos años. Tenía una fábrica de chocolates en Chile. Pero cuando una de mis socias me dijo que no quería seguir con el negocio, me dije: "Esto es muy inestable, qué haré ahora". Además, me miré al espejo: estaba muy gordo, más viejo, solo, no tenía nada. Así que le dije a mi abogada que me quería ir. Ella me dijo: "Váyase no más y pelee afuera".

-¿Cómo salió del país?

-Me fui limpiamente, sin problema.

-¿Alguien lo ayudó o acompañó?

-Sí, un familiar.

-¿Hace cuánto tiempo que no firmaba en el Patronato Nacional de Reos?

-Firmé  y me fui.

-¿Habló con alguien para que "no se dieran cuenta" de que usted no estaba firmando?

-No. Recién se dieron cuenta dos años después. Y eso es raro, porque si no firmas en tres meses, te van a buscar.

-¿Y por qué  a usted no lo fueron a buscar? ¿Llegó a "un acuerdo" con alguien?

-No, no me fueron a buscar no más. Yo creo que sabían que me había ido, pero nadie dijo nada.

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