Por: María José López
El obispo auxiliar de Santiago rompe el silencio tras ser directamente aludido por James Hamilton en "Tolerancia Cero". Aquí revela su relación con Fernando Karadima. Asegura que acompañó y acogió al denunciante. Sostiene que el cardenal Francisco Javier Errázuriz tendría que declarar a la justicia si así se solicita. Y dice: "Una persona homosexual no debiera ser admitida en casas de formación sacerdotal".
Fotografía: José Miguel Méndez
Monseñor Cristián Contreras se encontraba, el domingo pasado, descansando en Algarrobo. Llevaba cuatro días con un fuerte resfrío. Esa noche, mientras "Tolerancia Cero" transmitía la entrevista a James Hamilton -uno de los denunciantes contra Fernando Karadima-, el obispo auxiliar de Santiago estaba preparando tranquilamente una jornada que lideraría la semana siguiente. Allí, como cada año, se reunirían los seis obispos que componen la Comisión Pastoral de la Conferencia Episcopal y todos los vicarios de pastoral de las diócesis. Ese momento reflexivo fue abruptamente interrumpido por un llamado: un amigo cercano le sugirió prender la televisión.
En el programa de Chilevisión, James Hamilton emitía impactantes declaraciones. Fue entonces cuando monseñor Contreras escuchó que el médico pronunciaba su nombre. "(Monseñor) Errázuriz tiene en su conciencia muchos abusos de personas y eso es un encubridor criminal. Si hay alguien que a mí me gustaría que pagara es Errázuriz. Y que las personas que estuvieron con él lo reconozcan públicamente. Me refiero a monseñor Contreras", disparó Hamilton.
Contreras sintió, de inmediato, que los ataques eran infundados. Y recordaba perfecto por qué. En mayo del 2005, Verónica Miranda -primera mujer de James Hamilton y también ex miembro de Acción Católica- se acercó al obispo auxiliar para contarle lo que le había confesado su marido: que Karadima abusó sexualmente de él por 20 años. Monseñor Contreras le señaló, entonces, que él no tenía facultades para iniciar una investigación, pero que si ella consideraba que los antecedentes lo ameritaban, correspondía prestar testimonio ante el promotor de justicia, fiscal eclesiástico a cargo de recibir e investigar estas acusaciones. Adicionalmente, Contreras ofreció reunirse con Hamilton, quien lo visitó en su casa parroquial de Américo Vespucio, en La Reina. Luego, Contreras lo contactó con el sacerdote Eliseo Escudero, designado promotor de justicia de la Arquidiócesis de Santiago.
Pero al ver la televisión, había otro factor que esa noche sorprendió al sacerdote: sólo dos días antes, él se había reunido junto a monseñor Ricardo Ezzati con Juan Carlos Cruz, José Andrés Murillo y el propio Hamilton, todos víctimas de los abusos del ex párroco de El Bosque. En esa cita, Ezzati les pidió perdón por los daños causados, y Contreras conversó con ellos en forma relajada y cordial.
"Nos vimos después de cerca de dos años en el Arzobispado, en la reunión entre monseñor Ezzati, Hamilton y los otros dos denunciantes, el pasado 18 de marzo. A la salida, convinimos (con Hamilton) que habría que aclarar varias cosas de una comunicación que se cortó abruptamente. Después me llamó por teléfono. Lo noté cordial y sincero".
Pese a que no ha querido referirse a las declaraciones de Hamilton, accedió a dar su versión en medio de su jornada pastoral en Padre Hurtado. Mientras camina por los jardines de la casa de retiro, monseñor Contreras asegura estar tranquilo, aunque se ve dolido. Es más: dice que el episodio desatado luego de las declaraciones de Hamilton "es kafkiano".
Todavía recuerda la primera vez que se reunió con el gastroenterólogo, a fines de 2005. Fue en la parroquia Natividad del Señor, donde Contreras vive. En esa oportunidad, recuerda, Hamilton se mostró como un hombre que experimentaba un sufrimiento profundo.
-Usted ha mantenido total reserva respecto a la sentencia del Vaticano en el caso Karadima. ¿Cómo se tomó el fallo?
-No es así. El viernes 4 de marzo editorialicé sobre el tema en el periódico "Encuentro" del Arzobispado (Ver recuadro). Son 150 mil ejemplares distribuidos en el Metro, las calles y las parroquias. Cuando se dio a conocer la resolución de la Santa Sede, yo estaba en un vuelo de Roma a Madrid. Y obviamente, la primera persona con quien conversé fue con monseñor Ezzati.
-¿Cuál era su visión de Karadima antes de que aparecieran las primeras denuncias?
- Era un sacerdote con muchos seguidores y también con muchos detractores.
-¿Y cuál es su impresión ahora?
-Mi opinión no importa; lo relevante es la resolución de la Santa Sede: el dicasterio de la curia romana ya se pronunció acerca de su responsabilidad en las acusaciones.
-¿Cómo define la relación que usted tenía con Karadima?
-Nunca tuve una relación con él. Quizás lo habré saludado una decena de veces en la Catedral, y una vez en una primera misa de un sacerdote compañero de curso. Eso es todo.
-¿Ha conversado telefónicamente con él o lo ha visitado después de la sentencia?
-Nunca me he entrevistado con él, ni en el pasado ni ahora.
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