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¿En qué están los jóvenes?

Por: Andrés Azócar y Andrés Scherman/ Alejandro Barrera y Juan Pardo*

Nacieron entre 1981 y 1992. Los políticos los miran con hambre y también con desconfianza. No son tan liberales como los pintan y su plaza pública es Facebook. Son menos religiosos que sus padres y, pese a que se les achaca desgano y disconformidad, miran el futuro con optimismo.

  • Fecha: 17 09 2010
  • Sección: Actualidad
  • Comentarios: 0

Fotografía: Vicente Martí

Meritócratas y optimistas

Los resultados de la encuesta, aquí

Los resultados de la encuesta (1), aquí

-Lo que más sorprende en los datos arrojados por la encuesta es el optimismo que muestran los jóvenes a la hora de evaluar sus posibilidades de progreso social. El 85% cree que tendrá una mejor situación económica que sus padres y, al mismo tiempo, el 92% piensa que sus hijos llegarán a tener una mejor situación que ellos mismos. Esto pese a que Chile está entre los países peor ubicados en los indicadores de desigualdad. De hecho, los datos de la encuesta muestran que el optimismo es incluso mayor en los sectores más bajos. Y no varía por sexo.

-Existe la percepción de que se produjo un salto en el bienestar material en un periodo muy breve de tiempo, ya que casi el 80% está de acuerdo con que actualmente dispone de mayores comodidades de las que tenía cuando era niño. Probablemente esta evaluación influya en las optimistas expectativas de movilidad social.

-El ideal de la meritocracia -esfuerzo, superación, éxito- está totalmente internalizado entre los jóvenes. El 70% de los encuestados plantea que los pobres podrían salir sin problemas de su condición si se lo propusieran. Incluso, el 50% sostiene que el nivel de ingresos sólo refleja los distintos grados de esfuerzo de las personas. Porcentaje que se empina al 58% en los segmentos más bajos. La vieja -y obviamente cuestionable- afirmación de que "los pobres son pobres por flojos" parece ser compartida por un importante grupo de jóvenes. De hecho, sólo el 31% está de acuerdo con la idea de que es muy difícil para una persona que nace pobre ascender socialmente, mientras que el 48% está en desacuerdo con dicha tesis. En este punto, casi no hay diferencias entre los distintos segmentos sociales. Eso sí, el 69,7% de los encuestados cree que el Estado tiene una labor importante a la hora de disminuir las desigualdades sociales.

El ideal de la meritocracia -esfuerzo, superación, éxito- está totalmente internalizado entre los jóvenes. El 70% de los encuestados plantea que los pobres podrían salir sin problemas de su condición si se lo propusieran. Incluso, el 50% sostiene que el nivel de ingresos sólo refleja los distintos grados de esfuerzo de las personas.

-El optimismo sobre su futuro también se refleja -con matices- cuando se les pregunta por su ingreso al mercado laboral. Frente a la pregunta sobre cuál creen que es el principal aspecto que un empleador considera al momento de contratar a alguien, el origen familiar y el lugar de residencia de los postulantes marcan 3,5% y 3,4%, respectivamente, mientras que la experiencia aparece como la variable más mencionada con el 32,4%. Son relevantes también la calidad de la educación y las capacidades del postulante. En todas, casi no hay diferencias entre los sectores altos y bajos. Es decir, los méritos parecen ser los factores determinantes para entrar al mundo laboral. Sin embargo, hay un dato que, aunque no necesariamente está vinculado con los distintos estratos sociales, sí aparece como uno de los factores claves al  momento de buscar trabajo: la apariencia física. El 19% del total de la muestra cree que este punto es relevante, cifra que crece al 23% entre los sectores más bajos.

-La educación se ha convertido en uno de los grandes temas país desde hace unos años. Los magros resultados que muestra buena parte de los colegios municipales y subvencionados no se refleja con el mismo dramatismo en la evaluación de los jóvenes. De hecho, el 54% se declara satisfecho con la calidad de la educación que ha recibido, cifra que baja al 35% en los segmentos más bajos. Sin embargo, en este mismo sector sólo el 15% se declara insatisfecho. Las diferencias por género no son significativas, pero sí hay una mejor evaluación de la educación en regiones.

-La misma tendencia se repite en la evaluación de los profesores que han tenido y la calidad de la infraestructura de los colegios a los que han asistido. A pesar de que existe un mayor porcentaje de satisfacción en los sectores altos, entre los bajos la cifra de desaprobación de los profesores apenas alcanza al 12,3%. Donde los jóvenes sí muestran un rechazo más marcado y más coincidente con las discusiones políticas y sociales, es respecto a la preparación para la PSU. Sólo un 30% se declara satisfecho con la preparación que le ha entregado su colegio para esta importante instancia. La distancia entre los estudiantes que vienen de sectores más y menos acomodados  es significativa (47% vs. 33,7%).

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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