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Héroes

  • Fecha: 27 08 2010
  • Sección: Actualidad
  • Comentarios: 2
Eduardo Hurtado, jefe de faena de Terraservice. A su mando estuvieron las operaciones de sondaje que encontraron a los mineros.

Eduardo Hurtado, jefe de faena de Terraservice. A su mando estuvieron las operaciones de sondaje que encontraron a los mineros.

Fotografía: Pedro Rodríguez

Nelson Flores

Operador de sondaje de Terraservice

Ese sábado 21 de agosto hubo cambio de planes. Como todas las mañanas desde hacía ya 10 días, Nelson Flores (38) estaba listo para comenzar su turno a las 8:00. Cuando se preparaba para tomar el control de los comandos de la máquina, esos mismos donde puso el rosario de su hija, muerta hace un año cuando comenzó a trabajar en la San José, su jefe, Eduardo Hurtado, le preguntó si podía cambiarse al turno de la noche, porque el encargado para esa tarea estaba con problemas. Su sí fue inmediato.

"A las 8:00 de la noche, cuando comenzó mi turno, la máquina ya estaba a una profundidad de 624 metros. Cuando alcancé los 660 metros no me moví más, el trabajo se tornó lento y delicado, porque la precisión debía ser total, esa era la orden", recuerda el operador, oriundo de Tierra Amarilla. A las 5:40 de la madrugada, y mientras seguía perforando en sigilo a una profundidad cercana a los 683 metros, Flores sintió que las barras se iban solas para abajo. Habían llegado. "Inmediatamente corté la presión de aire y el avance, de manera de no hacer daño si es que había algo abajo. Faltaban dos metros para terminar la barra que usábamos, cuando rompimos. La bajé hasta el fondo, y pusimos otra para poder medir la altura del túnel al que habíamos llegado. El cálculo arrojó una cavidad de cerca de 3.80 metros de altura".

La noticia era demasiado buena. Corrieron a comunicársela a Hurtado. A las 6:30 de la mañana, siguiendo la orden del jefe, se apagó la máquina y las luminarias, y cuando el silencio fue total, dieron tres golpes a la barra. Rápidamente sintieron los golpes de respuesta. "Tras las mediciones de rigor, procedimos a retirar las barras. Aunque mi turno ya había terminado -a las 8:00 de la mañana-, yo me quedé. No podía irme". Su decisión no fue en vano, tras cuatro horas, en las que sacaron una a una las 108 barras, Flores fue el encargado de extraer la última, aquella que venía pintada de rojo.

Juan Carlos Díaz

Minero

El jueves 19 fracasó otro intento para encontrar a los mineros. Pero Carlos Díaz (43) tenía la certeza de que la búsqueda avanzaba por el camino correcto. Conocía muy bien el lugar: trabajaba ahí desde hace un año, y seis horas antes del derrumbe había terminado el último turno como operador de la máquina de perforación Jumbo.

A pesar de su optimismo, el cansancio le pesaba. Y tambien el miedo. Desde el sábado 7 -cuando se sumó a los trabajos de salvataje-, la idea de que él podría haber sido uno de los atrapados no lo abandonaba.

Así, ayudaba doce horas al día al equipo responsable del sondaje. Gran parte del tiempo, Juan Carlos manejaba una grúa y trasladaba fierros y madera para fortificar el yacimiento y evitar nuevos derrumbes. Conseguía petróleo y grasa para las máquinas dirigidas por los geólogos e ingenieros. En determinados instantes del día, ayudaba a los expertos a reconfigurar los planos de la mina que tan bien conocía.

El domingo 22, llegó al yacimiento a las 7:45 de la mañana.  Entre lágrimas y abrazos, él se preguntaba cómo estarían Juan Carlos (Aguilar) y don José, dos de sus amigos atrapados.

Pedro Riveros

Jefe de Unidad Rescate de Mina Carola

El jueves 5 de agosto, el jefe de la Unidad de Rescate de Mina Carola, Pedro Riveros (55 años), fue uno de los primeros en llegar a la planta San José. Junto a los bomberos Daniel Palma -quien viajó raudamente desde Antofagasta-, Eduardo Doll y Juan Díaz Gutiérrez bajó por la chimenea en busca de sobrevivientes. Y aunque entonces no hubo resultados positivos, no ha parado. El propio Jonás Gómez, dueño de la Mina Carola, le ordenó no volver a trabajar hasta que terminen las labores de rescate. Por eso, este padre y abuelo ya comenzaron a comprar materiales para iniciar el simulacro del descenso y montar una réplica del ducto de 66 centímetros de diámetro que se construirá para llegar hasta donde están los 33 mineros.

Es que en octubre del 2000, Riveros se prometió crear una unidad de rescate para ayudar, en el menor tiempo posible, a las decenas de mineros que constantemente sufrían accidentes. En esa ocasión debió rescatar el cuerpo de un minero que llevaba cinco días muerto en el fondo del yacimiento El Salado, en Atacama. Con la ayuda del Cuerpo de Bomberos de Chañaral, más la cooperación de Enami, que prestó en comodato el yacimiento Mercedes para realizar entrenamientos de salvataje, Riveros formó hace nueve años una unidad de rescate.

 astudillo

Cristián Astudillo, geólogo de Anglo American.

Cristián Astudillo (41)

Geólogo de exploraciones de División Mantoverde de Anglo American Chile

Después de esa llamada, la vida de Cristián Astudillo (41), giraría en torno a esos números urgentes. A los 33 mineros que estaban atrapados en la mina San José, y a las dos horas y media que se demoraría la sonda de Mantoverde, donde trabaja, hasta llegar a ese yacimiento de la minera San Esteban. Porque después de esa llamada que le hizo el geólogo Alfonso Sanguinetti -de Terraservice-, preguntándole por Eduardo Tapia -gerente de Minas de Mantoverde- para pedirle el apoyo de una sonda de aire reverso, la rutina de Cristián daría un giro que lo ubicaría en el centro del rescate y la adrenalina.

Después de esa llamada, cuando la plana ejecutiva de Anglo American le había dado el visto bueno, Astudillo supo que ese domingo 8 de agosto saldría hacia la mina, a la cual llegaría cerca del mediodía. Cuando alcanzó el yacimiento, posicionó su sonda, que por ser la más nueva  fue asignada a una ubicación privilegiada. En esos primeros intentos, Cristián conoció el terreno con el que se tendría que medir, y aprendió cómo se comportaba su sondaje cuando se colaba a través de la roca.

Los 312 metros que lograron el lunes 9 no sirvieron porque se habían desviado. En el segundo sondaje, siete días más tarde, llegaron a los 509 metros y bajaron cámaras, sólo para darse cuenta de que ahí no había nada. Para sentir una frustración que sólo desaparecería tras el tercer intento, cuando se cambiaron de plataforma y se trasladaron a una quebrada, en un punto casi escondido. Cristián instaló esa sonda y en eso no oculta su orgullo. Porque, junto a miembros de otro equipo, iba midiendo y corrigiendo su trayectoria, reparando cualquier rotura de la barra, hasta que el 22 de agosto le pegaron al techo de la galería, que estaba a 683 metros y tan cerca de la hazaña. Cristián recuerda el procedimiento: bajaron la barra e hicieron contacto a los 688 metros.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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