Por: Equipo Qué Pasa
Estuvieron al pie del cañón en la San José. Su labor fue anónima y agobiante: jornadas eternas bajo el estrés y la urgencia. El domingo pasado lograron su recompensa cuando los mineros les avisaron que estaban vivos. El elogio al trabajo bien hecho tiene nombre y apellido.
De izquierda a derecha, los integrantes del equipo que encontró a los mineros: Nelson Flores, Milton Cortés, Eduardo Hurtado, Pedro Beltrán, Edgardo Mancilla y Gabriel Díaz.
Fotografía: Pedro Rodríguez
Jefe de faena de Terraservice
Eduardo Hurtado (53) nunca perdió las esperanzas. Las alimentaba con oraciones. No en vano se fue rezando junto a su señora toda la noche del sábado 7 de agosto, cuando se turnaron el manejo del auto para llegar rápidamente desde su casa -en La Ligua- hasta la mina San José. Allí lo habían destinado para que tomara el mando de la máquina de aire reverso -sistema de perforación utilizado por su empresa- que viajaba desde la División Mantoverde de Anglo American hasta la zona del desastre. Fue de los primeros en llegar.
También confiaba en los vívidos testimonios de los mineros, que aseguraban que sus compañeros estaban vivos. Por eso nunca se dio por vencido. Ni siquiera cuando la madrugada del lunes 16, mientras perforaban a la profundidad de 509 metros, la sonda "rompió" en un caserón y, pese a que está seguro de que escuchó ruidos, la cámara no mostró vida. La bala le quedó pasada.
Cuando el lunes 16, los geólogos Cristián Astudillo -de Anglo American- y Nicolás Cruz -de Minera Escondida- decidieron cambiar la máquina hacia otro sector, Hurtado sintió que ese sondaje sería distinto. Existía más información topográfica y la planificación se hacía con extremo cuidado.
El sábado 21, a las 11:00 de la mañana, le informaron que si todo se hacía bien la sonda debería romper dentro de las próximas 24 horas. Hurtado reunió a sus hombres, el turno de siete operarios que en ese momento manejaban la máquina, para hablarles. Les pidió silencio y prudencia para evitar que corrieran rumores y los motivó: bautizó esta operación como el "sondaje de la vida" y junto con explicarles las labores técnicas, les dijo que ahora había que poner el corazón, porque simplemente esta vez no podían fracasar. Ese turno y el siguiente trabajaron con más cuidado y precisión que nunca. Hurtado jamás se alejó de la plataforma. Hasta que, a las 5:40 de la madrugada, "rompieron". La emoción lo inundó cuando sintió los suaves golpes que venían desde abajo.
Pero el día le reservaba otras sorpresas: cuando sacaron la última barra del pozo, Hurtado se dio cuenta de que venía pintada de rojo. Para asegurarse de lo que veía pidió un bidón de agua y limpió el instrumento. Una vez descubierta la pintura comentó: "Esta marca no es nuestra". Luego se dirigió a Laurence Golborne y le dijo: "Ministro, hay vida".
Microempresario
"Escúchenme, vean lo que traigo". Pedro Gallo Ceballos (38) pasó varios días repitiendo esta frase afuera del yacimiento San José. Hasta que le pusieron atención y su invento, un microteléfono hechizo con un delgado cable de 900 metros de largo, se convirtió en el aparato con que el lunes 23 de agosto los mineros -desde abajo- hablaron con el ministro Golborne.
Gallo llegó a la zona el viernes 6 de agosto. Antes de subir a la mina -desde su casa, en Copiapó- sacó $ 50 mil de su cuenta de ahorro, puso bencina a su camioneta, compró algo de comida, cigarrillos, se despidió de su esposa embarazada de siete meses y pidió disculpas a sus clientes porque intuía que se ausentaría por un buen tiempo: tiene una pequeña empresa llamada "Bellcom Comunicaciones", que presta servicios a mineras de la zona.
Para armar el teléfono con el que el pasado martes también se comunicó el presidente con los mineros, Gallo recurrió a varios desechos que tenía en su casa: un micrófono, condensadores, resistencias, circuitos impresos y una receptora. Los envolvió en una moldura plástica. A ello agregó un largo cable que uniera el teléfono multilínea -con que hablan en la superficie las autoridades- con la pequeña caja artesanal que recibirían los trabajadores: con su pericia como técnico electrónico logró hacerla entrar por la paloma que bajaría por el sondaje.
Pero no fue nada fácil convencer a los expertos que el teléfono artesanal "marca Pedro Gallo" era el apropiado. Primero pasó por manos de la Onemi, luego por los rescatistas Patricio Cerda y Miguel Fortt. Fue este último quien al observar el aparato, le dijo: "Está bueno, pero hay que reducirlo aún más para que entre en el tiro de sondaje". Su puente con los especialistas fue Jorge Díaz, el médico de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS). Y fue en el hospital de campaña donde armó su teléfono. "Estaba seguro que iba a funcionar y nosotros lo motivamos", cuenta Pedro Cárdenas, gerente de la ACHS.
Así, pasaron días antes de que lo presentaran ante los expertos, quienes observaron detenidamente su teléfono. "Esto nos sirve", dijeron a coro. Y luego miraron a Pedro sonriendo: "¿Y vos, dónde estabai?", le preguntaron. "Siempre estuve aquí, pero nadie me había visto", respondió emocionado. Luego, cuando Golborne vio el aparato, miró a Gallo, frunció el ceño, sonrió y le dijo: "Ya, démosle".
Así, cuando el domingo Gallo se enteró de que había claras señales de que los mineros estaban vivos, se presentó de inmediato ante las autoridades. Al día siguiente, tomaron su teléfono, lo echaron dentro de una paloma de seis metros de largo y lo lanzaron hacia abajo. Se demoró 1 hora y 45 minutos en llegar a manos de los mineros. "Entró perfecto, con un milímetro por cada lado de espacio", recuerda Gallo.
Los minutos que pasaron para que la comunicación se lograra se hicieron eternos para Pedro. Estaba muy nervioso. De pronto, Golborne estableció contacto: "¿Aló, me escuchan?", dijo. "Aquí mina", respondieron desde abajo. Luego, la historia es conocida. Entonces, Pedro se alejó. Caminó unos metros, encendió un cigarrillo, respiró profundo, tragó saliva y de lejos y con lágrimas en los ojos, contempló la escena. Hoy trabaja en el último requerimiento bajo tierra: un parlante que les permita a los 33 mineros escuchar, a todos juntos, los mensajes de la superficie.
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